La escena musical anglosajona experimentó un revuelo enorme a finales de 2011 por culpa de un libro editado en España. Se trataba de un diccionario sobre punk y hardcore en el mundo latino, una obra que establecía que el punk no había nacido en Nueva York o Londres sino en Lima. La obra, editada por Zona de Obras, estimaba que una banda llamada Los Saicos ya berreaba a los micrófonos, años antes de que The Ramones entonasen siquiera un acorde.
En 1964, Perú era un desastre político. Los golpes de estado se sucedían y las reformas de las reformas quedaban en el papel porque a nadie le daba tiempo a implementar nada. En mayo, el estadio nacional de Lima registraba una de las mayores tragedias ocurridas durante un partido de fútbol cuando 320 hinchas morían en varias avalanchas al intentar salir. Era un país pobre, abatido. El escritor Paul Theroux viajó allí algunos años más tarde y eligió los adjetivos ‘triste’ y ‘gris’ para explicar Lima antes que cualquier otro.
En esa situación, cuatro chavales de la capital agarraron sus instrumentos y empezaron a componer canciones. “En Lima no había nada en esa época”, recuerda el batería de la banda, Pancho Guevara. Elvis y The Beatles asomaban tímidamente por las radios locales y Bill Halley paseaba el Rock around the clock por alguno de los cines de la ciudad. Andy Warhol ignoraba por entonces quién era Lou Reed o John Cale; nadie en Nueva York sabía nada de Patti Smith; en Londres, las crestas e imperdibles existían ajenos a cualquier tendencia todavía.
El punk era un malestar por expresar y entonces llegaron Los Saicos y empezaron a gritar no se qué de un entierro de gatos, no se qué de demoler una estación de tren. Usaban tres acordes mal tocados. La guitarra del solista era de fabricación casera y la amplificación del sonido corría a cargo de unos geloso obsoletos de 40 vatios. Eran un desastre, pero un desastre rompedor, novedoso.
“Solo teníamos dos canciones en aquella época”, explica Pancho, “Come on y Ana. Las tocamos una vez en un festival que organizaba la sociedad de autores y compositores de Perú y ahí nos salió un contrato”. Grabaron varios singles y un canal de televisión les ofreció tocar todos los días en directo. Los domingos entonaban sus canciones en un cine de Lima después de la sesión matinal. Luego grabaron Demolición, su gran hit –»Tireeemos abajo la estación de treeeeen»- y… Se acabó; al menos por un tiempo.
Los Saicos dejaron la música y cada uno hizo su vida. Enseguida llegaron The Velvet Underground, The Ramones, Television, The Dictators, The Clash… Un par de jovenzuelos de Manhattan montaron un fanzine al que llamaron Punk y colocaron a Lou Reed en la portada. Nadie se acordó de Los Saicos hasta 30 años más tarde.
“Cuando vinieron con esa vaina de que nosotros hacíamos punk, dices, ¡que carajo!, ¿no?”, explica Pancho, “Los Saicos son rocanroleros” . Porque Los Saicos dejaron la música siendo una banda de rocanrol, no de punk. Todo el asunto de la etiqueta surgió años después. A mediados de los noventa, una discográfica de Madrid, Vampire Sound/Munster Records, consiguió las cintas de Los Saicos y juntó las canciones en un disco del que editó 500 copias. La maquinaria se ponía en marcha.
En Lima nadie parecía acordarse, nadie hasta que un día… “Te voy a contar”, empieza Pancho. Murió Carpio en el año 6 o 5 –se refiere a Rolando Carpio, guitarrista de la banda, que murió en 2006 de cáncer de esófago- y entonces fuimos al velorio. Ahí en Iglesia, yo veía gente mía conocida que me miraba, caras conocidas que no veía en 30 o 40 años. A la salida, ya ahí querían hablar conmigo. Eran los de Sotano Beat, una revista de aquí. Cecilia, mi esposa, me miraba y se reía”.
Sotano Beat se enteró de que Los Saicos andaban por Lima y aprovechó el entierro de Carpio para encontrarlos y entrevistarlos. La banda volvía a la palestra. Héctor Chávez, un joven limeño, se empeñó en contar su historia y rodó un documental, Saicomanía, que se estrenó en 2011. Luego llegó el diccionario, los reportajes en medios ingleses –»Where did punk begin? A cinema in Peru», tituló The Guardian– y los bolos en México, España y Argentina.
Tras el ajetreo, Los Saicos están medio de vuelta. Pancho anda como loco por coger las baquetas y liarse a tortazos con la batería, aunque es complicado. Carpio ya murió y el resto vive en el extranjero. De todas formas, él es un tipo persuasivo y pasional. Quizá les convenza.
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