A menudo cometemos el error de pensar que la épica está reservada para los personajes de ficción, tan alejados de la dureza de lo cotidiano. Esa barrera es solo psicológica. Casi cualquiera, con más o menos dificultad, puede escoger el camino por el que transita su existencia. Convertirse en un Espíritu Libre es solo cuestión de atreverse a dar el paso.
Las grandes aventuras las protagonizan personas comunes, que adquieren su condición de héroe durante el proceso. Sin embargo, entender la esencia de este mensaje de cambio personal es aún más sencillo que opositar a héroe de aventuras.
La capacidad de dar un vuelco a la vida para retomar el timón está dentro de todos y la diferencia entre hacerlo y no hacerlo está solo en decirlo. «Voy a ser un Espíritu Libre». Así ocurrió con los tres casos que ya contamos en las pasadas semanas.
Priscilla y Gastón se conocieron y se enamoraron. Ella, de origen mexicano, ama el cilantro. Él no compartía esa pasión por la hierba aromática. Sí compartían la determinación por cumplir un sueño: crear un negocio gastronómico a bordo de food truck y recorrer el mundo creando deliciosos platos de cocina que mezcla influencias mexicanas y mediterráneas. ¡Eureka!
Ahora, ambos consideran que son los dueños de su propio destino. Son Espíritus Libres. Ah, y Gastón aprecia ahora tanto el cilantro que se lo ha tatuado en el antebrazo derecho. Es el símbolo del cambio en su vida.
El caso de Kepa Acero es totalmente diferente. Acero siempre ha sido surfero. Competía por todo el orbe y, a los ojos de muchos, era un triunfador con el mejor trabajo del mundo. El problema era que él no compartía esa opinión.
El vasco detesta los límites. Por eso, los corsés impuestos por la competición oficial y reglada le impedían respirar. Acero dijo basta. Se apartó de los campeonatos, siempre en los mismo destinos, siempre en las mismas playas, siempre con las mismas olas. Decidió volar solo y convertirse en un Espíritu Libre.
Ahora, Kepa Acero se mueve por impulsos. Ve en fotos o mapas esa la ola que desea cabalgar y monta un viaje para llegar hasta ella. Esté donde esté. Ya solo compite contra sí mismo, contra el sol y contra la salada agua del mar.
De la inmensidad del océano, pasamos al recogimiento de un taller, de un pequeño lugar del que Andrés Arregui ha hecho su templo. Arregui fabrica cuadros de bicicleta a mano. Es de una especie casi única en España. Él disfruta completando el proceso minuciosamente, paso a paso, parando en cada detalle hasta crear una estructura perfecta.
Como en los otros dos casos, decidió que solo él se pondría sus propias reglas. Dejó los laboratorios en los que desarrollaba su trabajo como doctor en Química y se calzó el soplete y los guantes. Andrés Arregui es ahora un Espíritu Libre que crea máquinas que ayudan a otros a eso mismo, a sentirse un poco más libres. Es, probablemente, una de las mejores manera de emplear el tiempo propio.
Estas son las tres historias que SOL nos ha presentado a través de SolEspirituLibre.es, la web en la que se están recopilando todos los mensajes de personas que también cambiaron de rumbo.
Si crees que tú también eres un Espíritu Libre, puedes pasarte por EspirituLibre.es y contarles tu historia. El Espíritu Libre del Año se llevará 5.000 euros pero, además, solo por registrarte, optas a llevarte un año de cerveza Sol gratis.
Ser un Espíritu Libre no es cosa de héroes
