¿Cuáles son los ingredientes para una serie de ciencia ficción en televisión? Aquí os damos algunas pistas…
Black Mirror, Utopia, In the flesh… la última hornada de las series de ciencia ficción británica convence a la crítica y a un amplio sector del público a contracorriente del “diagnóstico” de George R. R. Martín:
“La ciencia ficción ha perdido preponderancia respecto a la fantasía porque ya nadie cree en el futuro”.
La ciencia ficción estadounidense es la que parece en decadencia con sus producciones más o menos esperanzadoras, ensaladas de tiros y argumentos ajenos a la realidad (monstruos, extraterrestres, científicos locos…).
La última ciencia ficción británica está pegada a la realidad. Los protagonistas son tan corrientes como turistas ingleses. No hay concesiones al espectador. Las balas están contadas. No hay persecuciones en coche. No hay monstruos. Lo que cuenta podría pasar.
En las series USA las víctimas mueren en la primera secuencia. En las series británicas las víctimas son las protagonistas.
Por lo general, en las series USA los protagonistas son funcionarios del FBI o secretas agencias gubernamentales. Las historias se desarrollan con interrogatorios, persecuciones, tiros y escenas de amor. Los personajes pueden caer simpáticos, pero a fuerza de un capítulo tras otro. En cualquier caso, no hay una identificación entre los espectadores y los protagonistas.
Las series británicas consiguen que el espectador se identifique inmediatamente con los protagonistas, personas corrientes con vidas corrientes que son obligadas a vivir situaciones anómalas. Incluso en escenarios irreales como en Quince millones de méritos (Black Mirror) la realidad se cuela: personas que trabajan horas y horas por un mísero sueldo, con la televisión como único entretenimiento y esperanza.
El mismo primer ministro del Reino Unido despierta nuestra compasión cuando es chantajeado para que tenga sexo con una cerda en Black Mirror. Ya no lo vemos como un hombre poderoso, si no como una persona frágil, con mujer e hijos, obligado por la masa a realizar una aberración.
Por otro lado, In the flesh habla de las enfermedades que estigmatizan con la metáfora del zombi. El protagonista se convirtió en zombi, recibió tratamiento médico y es reincorporado a su vida cotidiana.
En las series USA los enemigos son extraterrestres, monstruos mitológicos, criaturas creadas por la genética, científicos locos… En las series UK los enemigos son los vecinos, la pareja, los compañeros de trabajo que utilizan de manera inadecuada tecnología corriente como Internet y los smartphones. Tecnología que recopila información que puede ser usada en contra nuestra (La sombra de Orwell es alargada) o tecnología que nos aleja de las emociones.
Que la tecnología cotidiana pueda ser peligrosa inquieta más que un pacto entre el Gobierno y los extraterrestres. Muestra que somos simios evolucionados muy por detrás de los cachivaches que manejamos.
Por otro lado, la tecnología da pie a la ironía: un político que sólo aparece ante la prensa en una pantalla de televisión. Es una marioneta de oscuros intereses económicos. Se llama Waldo (Black Mirror).
En las series USA los argumentos discurren a menudo ajenos a la realidad. El ciudadano desconoce qué se cuece en las entrañas del FBI o del Pentágono en la lucha contra monstruos o corporaciones malignas. Las redes sociales no existen o son mencionadas como pasatiempo.
En las series UK las redes sociales forman parte del argumento. Funcionan como banco de memoria, como baremo social sobre qué hacer, como medio de comunicación y también para propagar la ignorancia. El pensamiento racional es ahogado por las emociones vertidas en millones de tuits y estados de Facebook.
Las situaciones creadas no tienen vuelta de hoja. Los monstruos no son derrotados en la última secuencia porque los monstruos somos nosotros. Sólo hay sociedades enfermas que usan la tecnología de manera inadecuada y víctimas.
Resulta curioso que mientras la ciencia ficción estadounidense tiende a la evasión, la británica ahonda en las miserias actuales. Es una decisión arriesgada. Pero como todo riesgo, obtiene su recompensa. Hay un público que busca la evasión y un público que disfruta con una taza de desesperanza tras otra.
Quizá porque la evasión es una conducta primaria, replantear la situación se convierte en un elemento llamativo. Esta forma de crear ficción está en el ADN británico. Alan Moore, hijo de un trabajador de una fábrica de cerveza, prefería de niño los cómics de superhéroes USA que los cómics ingleses porque estos le recordaban demasiado a lo que encontraba en la calle.