Cuenta la Biblia que cuando Dios creó a Adán, una de las primeras cosas que hizo el hombre fue poner nombre a cuanto le rodeaba. Esa necesidad de nombrar persigue al ser humano desde el comienzo de su existencia cada vez que tropieza con algo nuevo. Hay que ponerle nombre para que se obre el milagro y cobre vida. Porque lo que no se nombra no existe. O no existe del todo.
Cómo no iba a pasar ahora con una pandemia como la del covid, que ha puesto nuestra existencia patas arriba, que nos ha obligado a enfrentarnos a conceptos, situaciones y experiencias que jamás habíamos tenido o que, a modo de exorcismo para alejar los males, preferimos no nombrar.
Glosario/Pandemia es un proyecto impulsado por Tipi, una cooperativa multidisciplinar de Bilbao que trabaja de manera participativa usando nuevas ideas, metodologías y maneras de hacer buscando la transformación social.
El nombre ya nos da idea de lo que vamos a encontrar. Un glosario abierto y colectivo de palabras inventadas para poder llamar de alguna manera a todo esto que nos ha pasado durante el confinamiento, la pandemia y la cacareada nueva normalidad.
El detonante de la idea fue la última edición en 2020 de la Design Week de Bilbao. Su lema era «Rediseñar un mundo que cambia», pero desde Tipi pensaron que, antes de rediseñar, merecía la pena pararse y reflexionar sobre qué estaba cambiando en la vida de las personas y en las ciudades.
¿Cómo nombramos a la que ha sido nuestra familia no consanguínea durante este tiempo?, ¿a los nuevos movimientos o rituales que han sucedido en nuestro salón? ¿Y a los que no han podido suceder?, ¿a otros mundos que hemos imaginado?, ¿a querer volver a la normalidad pese a que la odiábamos?, ¿a poner en valor los tiempos lentos?
«Nos parecía interesante proponer un espacio desde el que ver dónde estamos antes de empezar a construir», explica Ane Abarrategui, una de las representantes del colectivo. «Un momento de antesala, o previo, en el que trabajar precisamente con una de las cuestiones principales que constituyen lo que entendemos como realidad: el lenguaje».
Así que propusieron este proyecto. «Como lo que no se nombra no existe, nos parecía importante hacer el ejercicio y el experimento de nombrar aquellas cuestiones que fracturan lo conocido o abren nuevas posibilidades. Quizás así podamos aprovechar y construir desde lo bueno, descartando todo aquello que no queremos que vuelva o corre el riesgo de quedarse».
Cualquier persona puede aportar su palabra y definición través de un cuestionario albergado en la web. «Nosotras los recibimos, los corregimos si hace falta, y los vamos subiendo». No hay filtros, ni siquiera el del idioma. «Vivimos en un contexto en el que la diversidad lingüística está presente en nuestro día a día. Vivimos en euskera y castellano, y los anglicismos son parte de nuestro lenguaje. En ese sentido, mostrar mediante el glosario dicha diversidad es también un reflejo de cómo utilizamos el lenguaje y de que la mezcla de idiomas es parte de nuestro día a día», comenta Abarrategui.
«Además, al tratarse de crear un glosario espontáneo, fresco y abierto en contenidos, consideramos imprescindible que dicha posición se refleje también en los idiomas que utilizamos. Traducir todos los términos a un único idioma sería uniformizar un lenguaje que es diverso, se mezcla y se relaciona constantemente».
Algunos términos hablan de los comienzos de la pandemia. Y el tiempo ha viajado a tal velocidad estos meses que muchos de ellos nos parecen ya obsoletos. Lavar la compra, por ejemplo, nos parece ya de otro siglo. «Sí, son reflejo de la multitud y velocidad de los cambios que estamos viviendo», corrobora Ane Arrabategui.
«Algunos son ya arqueología de la pandemia porque responden a cómo nos hemos ido adaptando a las medidas para controlar el virus, que también han ido cambiado. Otros, en cambio, parece que han estado aquí siempre. La pandemia está evidenciando desigualdades y problemáticas ya existentes en nuestra sociedad: precariedad, crisis de los cuidados, desigualdades de género, racismo, etc. En el glosario hay bastantes ejemplos de esto como dinero gratis, invernadero cosechero o coronablues».
Lo cierto es que todas ellas nos hablan de evolución, de cambio. De cómo éramos y de cómo somos. Y aunque las miembros del colectivo aún no han analizado en detalle todos esos términos, sí han observado que una gran cantidad de palabras recopiladas son nombres o adjetivos peyorativos, irónicos y burlescos. Empollonx del covid, mascarrilla, negocionista, balconazi, paseanta, pasotista…
«¿Por qué? ¿Quizás nos resulta más fácil, cotidiano o natural crear palabras que nombran a otras? ¿O podría ser esto un síntoma de algo? ¿Estamos más enfrentadas que antes? ¿Nos estamos polarizando? No tenemos la respuesta, pero podemos decir que el experimento nos está dando bastante que pensar. Pero también hay razones para la esperanza».
En ese sentido, también aparecen palabras que muestran que, a pesar de todo, seguimos jugando y bailando, como lehioko jaiak (fiestas de ventana) o linter; muestras de relajamiento de costumbres a veces impuestas, como ropa confi o palacalleconlosrulos; lazos afectivos no consanguíneos que por fin toman el protagonismo que se merecen, como la famillia o quaranteams.
«Hasta la fecha hemos ido creando unas categorías para agrupar los términos por temas, que, de momento, nos hablan de alteración, calificativo, conducta, control, costumbre, evasión, grieta, humor, insulto, lugares, miedo, precariedad, relaciones, salud, tecnología…», aclara Ane Abarrategui.
Lo que Tipi intenta hacer con este proyecto es lograr que nos repensemos a partir de una posición crítica, experimentando con el arte y el lenguaje «desde la creación y la producción de sentido». Y esa es la idea que se esconde detrás de este Glosario/Pandemia, la de repensar para nombrar.
«Usar el lenguaje para nombrar la nueva normalidad, con la idea de que esto pueda servirnos de reflexión y herramienta para encontrar grietas, oportunidades de cambio… No se trata únicamente de un mapeo de nuevos términos. Muchas palabras que se recogen en el glosario se han creado para el propio glosario. Este ejercicio de crear palabras nos hace conscientes de lo que estamos viviendo, lo significa y le da importancia».
«»Las palabras tienen poder. Los nombres tienen poder. Las palabras son eventos, generan cosas, cambian cosas. Transforman tanto al hablante como al oyente; alimentan la energía de uno y otro y la amplifican. Alimentan el entendimiento de uno y otro y lo amplifican». Esta frase de Ursula K. Le Guin resume muy bien esa idea», concluye Ane Abarrategui.