Museo dinámico: «Fue de día, fue de tarde, fue fantástico»

El Museo Dinámico mexicano decidió prescindir de casi todo lo que parecía imprescindible para ser un museo: no tenía edificio propio, ni colección, ni siquiera un programa estable. Lo que sí tenía eran casas vacías, artistas y ganas de probar cosas. Una exposición en Casa de México recupera ahora aquella aventura.

En el México de los años 60, algunas casas recién construidas tuvieron una primera vida bastante peculiar antes de convertirse en hogares. Durante un tiempo, sus habitaciones vacías acogieron exposiciones de pintura, poesía, danza, teatro y happenings. Después, las obras desaparecían y las casas quedaban listas para recibir a sus primeros habitantes.

Detrás de aquella iniciativa estaba el Museo Dinámico, un proyecto impulsado en 1962 por el arquitecto Manuel Larrosa y Miguel Salas Anzures que funcionó hasta 1967 y cuya historia recupera ahora en Madrid la exposición Fue de día, fue de tarde, fue fantástico, en la Fundación Casa de México en España.

A pesar de su nombre, el Museo Dinámico no tenía una sede propia, ni una colección permanente, ni siquiera un programa estable. Su propuesta consistía precisamente en aprovechar aquellos espacios todavía deshabitados para dar cabida a artistas y disciplinas que encontraban pocas oportunidades en los circuitos institucionales. Más que un lugar físico, era una forma diferente de entender cómo y dónde podía mostrarse el arte.

 

Un museo cabe en una casa vacía

La idea empezó a tomar forma en 1959, cuando Miguel Salas Anzures viajó por Sudamérica y conoció de cerca lo que estaba ocurriendo en el panorama artístico de ciudades como Buenos Aires, Lima o São Paulo. A su regreso a México, tenía claro que los jóvenes artistas de su país necesitaban más oportunidades para dar a conocer su trabajo, especialmente aquellos que se habían alejado de las corrientes más tradicionales para explorar la abstracción.

Como las instituciones públicas apenas les ofrecían espacio, Salas Anzures decidió buscar una alternativa. La encontró junto al arquitecto Manuel Larrosa, con quien puso en marcha el Museo Dinámico en 1962. Su funcionamiento era bastante sencillo: aprovechaban casas recién construidas que todavía no estaban habitadas para organizar exposiciones y actividades artísticas.

En ellas mostraron sus obras creadores como Manuel Felguérez, Lilia Carrillo, Fernando García Ponce, Alberto Gironella, Vicente Rojo o Pedro Coronel. Pero el proyecto no se limitaba a la pintura. También había representaciones teatrales, danza, poesía y happenings, que en ocasiones se desarrollaban de forma simultánea.

Aquella fórmula permitía dar visibilidad a artistas que no encontraban su sitio en los museos convencionales y, al mismo tiempo, experimentar con otras formas de presentar sus obras al público.

La arquitectura también importa

Una de las particularidades del Museo Dinámico era la importancia que concedía a los espacios donde se mostraban las obras. Al utilizar viviendas todavía deshabitadas, los artistas podían experimentar con las posibilidades de cada estancia y con una forma de exponer muy distinta de la habitual en los museos.

Esa relación entre el arte y la arquitectura es uno de los aspectos que recupera Fue de día, fue de tarde, fue fantástico, la exposición comisariada por Magnolia de la Garza, directora de la Colección Isabel y Agustín Coppel (CIAC), que puede visitarse en la Fundación Casa de México en España.

La muestra reúne 56 obras de 46 artistas, tanto de creadores vinculados al Museo Dinámico como de otros de generaciones posteriores. Más que reconstruir lo que ocurrió entre 1962 y 1967, propone revisitar aquella experiencia y relacionarla con distintas formas de entender el arte que han surgido desde entonces.

Una historia que continúa

La exposición se organiza en cinco secciones que permiten conocer a los protagonistas del Museo Dinámico y explorar algunas de las corrientes artísticas con las que estuvo relacionado. La abstracción ocupa un lugar destacado, aunque también hay espacio para la poesía, la música, la performance y la arquitectura.

El recorrido combina obras de artistas que participaron en aquella experiencia, como Lilia Carrillo, Vicente Rojo o Manuel Felguérez, con las de creadores de otras generaciones y procedencias. Entre ellos figuran Gabriel Orozco, Abraham Cruzvillegas, Marta Minujín, Antoni Tàpies, Helen Frankenthaler o Liliana Porter. La intención no es establecer una relación directa entre todos ellos, sino mostrar distintas maneras de abordar cuestiones artísticas que ya estaban presentes en el Museo Dinámico.

La última sección, titulada El final de la fiesta, reúne obras de Lawrence Weiner, Liliana Porter, Anri Sala y Marta Minujín que abordan la desaparición y la transformación como parte de los procesos creativos. Un cierre que encaja con la historia de aquel museo, cuya actividad terminó en 1967, apenas cinco años después de su creación.

El título de la muestra procede de una frase de la artista Myra Landau, quien, al recordar su experiencia en el Museo Dinámico durante una entrevista, la resumió así: «Fue de día, fue de tarde, fue fantástico».

Una forma sencilla y entusiasta de recordar una iniciativa que, aunque tuvo una vida breve, consiguió abrir un espacio para el arte de vanguardia en un momento en que apenas encontraba sitio en las instituciones mexicanas.

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