Los insectos son el grupo faunístico más numeroso que existe. Hoy en día se conocen más de un millón de especies y se calcula que hay una persona por cada 300 millones de estos individuos. Unos números que ayudan a entender la cantidad que hay y, pese a su pequeño tamaño, su importancia a la hora de mantener gran parte de los procesos ecosistémicos de nuestro planeta.
El problema es que se están extinguiendo, según sostienen en el último informe de Ecologistas en Acción Análisis de la situación y propuestas para la conservación de los insectos. Un hecho que, si llegara a suceder, acabaría con nuestra existencia también.
Sobre todo por las importantes labores que cumplen. La principal es la polinización, que es realizada en mayor medida por las abejas silvestres. Theo Oberhuber, portavoz del informe, apunta que «hay más de 1.100 especies en nuestro país y unas 17.000 en el mundo. Gracias a ellas se consigue la reproducción de entre el 75-80% de las plantas silvestres y de un gran número de cultivos».
Aparte de esta labor fundamental, también tienen otras muchas. Como la descomposición de restos orgánicos, el enriquecimiento del suelo, el control de plagas, ser alimento para otras especies y un largo etcétera. Por ello, como juegan un papel esencial, es muy importante protegerlos.
SALVÉMOSLOS, AUNQUE SEA, POR SU VALOR ECONÓMICO
La importancia de los insectos también tiene tintes económicos. Como sostienen en el informe de Ecologistas en Acción, un alto porcentaje de nuestra producción agraria depende de estas especies, por lo que su desaparición pondría en riesgo esta actividad. «No podríamos contar con una agricultura en condiciones como las actuales si no tuviéramos insectos realizando todas estas labores», explica Theo Oberhuber.
Y añade: «Hay que tener en cuenta que el valor de los insectos es altísimo, ya que se estima que han colonizado casi todos los medios de nuestro planeta. Por ejemplo, por cada euro de un cultivo de manzana, 92 céntimos proceden del servicio de polinización de estos animales. O entre 80 y 99 céntimos en el caso de los arándanos».
Unas cifras que han obtenido de la bibliografía científica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO, y de estudios existentes en Europa y en otros continentes. «El dato anterior, por ejemplo, tiene su origen en un informe de la FAO de 2018, que dice que los beneficios de los cultivos mundiales que dependen directamente de los polinizadores se estima entre 235.000 y 577.000 millones al año. Una dependencia que va aumentando», explica el portavoz.
Unos datos que ya nos están perjudicando, puesto que, según Theo Oberhuber, la reducción del número de insectos es lo que está detrás de que se hayan encarecido los productos. «Evidentemente, si tiene que ir un operario con un pincel para generar la polinización de flor en flor, eso supone un aumento de costes», razona.
UNA EXTINCIÓN OCHO VECES MÁS RÁPIDA QUE LOS MAMÍFEROS O LAS AVES
Aunque somos conocedores de sobra de su importancia, cada vez su número es más reducido. Según el informe de la organización, su tasa de extinción se estima que es ocho veces más rápida que la de los reptiles, los mamíferos o las aves. Y no estamos haciendo mucho para frenarla. «En el caso de los voladores, hay un estudio europeo que habla de una reducción de más del 75% de la biomasa de ellos. También hay otro estudio que dice que en los próximos 100 años habrá un 40% menos de insectos», sostiene.
El informe está plagado de muchísimos y variados datos de estudios que señalan que estamos viviendo una extinción de los insectos. Pero también de las causas que están empeorando la situación. Hay muchas, pero las principales son el cambio del uso del suelo, el empleo de insecticidas, el cambio climático y las especies exóticas invasoras.
Respecto a las que tienen que ver con las actividades agrarias, que son las que más están afectando a los insectos, Theo Oberhuber señala que, por culpa de ellas, «hay ciertos grupos que se estima que van a reducirse más rápido, como son las mariposas, las polillas, las libélulas, las hormigas y los escarabajos. El cambio que se ha producido de una ganadería y agricultura extensivas a intensivas ha provocado, entre otros, la desaparición de los linderos, de muchos caminos y que el regadío en suelos de secano haya eliminado la vegetación natural. Esto ha hecho que muchos insectos se encuentren más amenazados», apunta Theo Oberhuber.
[pullquote] «Por culpa de las actividades agrarias hay ciertos grupos de insectos que se estima que van a reducirse más rápido, como son las mariposas, las polillas, las libélulas, las hormigas y los escarabajos»[/pullquote]
TODAVÍA HAY ESPERANZA
En el informe también proponen una serie de medidas para revertir la situación. Decisiones que habría que adoptar lo antes posible, como la recuperación de las plantas autóctonas en los caminos de las zonas rurales. Un hecho que, además, tendría beneficios directos en las prácticas agrarias ya que habría más insectos para polinizar.
Medidas que habría que tomar también en las ciudades, ya que se están convirtiendo en un refugio para muchos de estos insectos. «Dejar que crezca la vegetación autóctona en las zonas ajardinadas o los solares abandonados, por ejemplo. Algo que se podría conseguir con muy poca inversión y que ayudaría mucho a su repoblación», sostiene el portavoz de Ecologistas en Acción.
Y otra muy importante sería la de conseguir una mayor sensibilización por parte de la sociedad hacia los insectos. Algo que desde la organización llevan trabajando mucho tiempo y que quieren materializar en actos como que haya un día mundial de estos animales. «Una fecha así ayudaría a reivindicar en la población la importancia que tienen», termina.