Si algo hemos aprendido a lo largo de la historia es que todas las guerras son un horror. Que por mucho que los que las crean las describan como victorias, todas representan una derrota. De ello sabía mucho el fotógrafo Robert Capa, quien cubrió cinco de ellas en el terreno y moriría a los 40 años al pisar una mina mientas se encontraba en la guerra de Indochina. Una serie de trabajos que han tenido su eco en todos los conflictos posteriores.
Algo que podrá verse hasta el 25 de enero de 2026 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid gracias a la exposición Robert Capa. ICONS. Coproducida por el CBA y Sold Out, se trata de la mayor retrospectiva realizada en España dedicada al legendario fotógrafo. En ella se exhiben más de 250 piezas originales entre las que se encuentran fotografías de época reveladas por el propio Capa, publicaciones históricas y objetos personales.


Una serie de fotografías que, según Michel Lefebvre, comisario de la exposición, «hasta con sus imperfecciones, son un testimonio muy fiel del trabajo fotoperiodístico de Capa. Con ellas podemos comprender cómo miraba y cómo trabajaba».

Muerte de un miliciano, la Gioconda del fotoperiodismo
Entre todas ellas, en la exposición se encuentra su fotografía más icónica: Muerte de un miliciano. Una instantánea que formará siempre parte de la memoria colectiva del siglo XX y que es todo un símbolo de la Guerra Civil Española. Y como tal, todavía sigue levantando dudas sobre su autenticidad.
Michel Lefebvre señaló las diferentes hipótesis sobre si estaba preparada o no, si realmente se tomó en Cerro Muriano o quién era aquel miliciano. Para él, gran estudioso del fotógrafo, sigue siendo un misterio porque no se conserva su negativo ni se sabe si fue una pose escenificada. Tanto, que sumó más dudas sosteniendo que esta instantánea «es la Gioconda del fotoperiodismo».

Aparte de esta famosa foto, en la sección de la Guerra Civil hay otras muchas instantáneas que muestran cómo Capa se acercaba a los conflictos, y a sus consecuencias, de la manea más cercana posible. Como la que muestra a unos niños de Vallecas charlando tranquilamente delante de una casa destruida y agujereada por la metralla.
Fotografiar otras guerras para mostrar lo mismo
Si la Guerra Civil Española le hizo famoso —al comienzo de esta fue cuando creó, junto a su compañera Gerda Taro, el seudónimo de Robert Capa; su nombre real era Endre Friedmann—, su paso por la II Guerra Mundial aseguraría para siempre su legado como el fotógrafo más famoso de conflictos. Y eso que las que conservan son muy pocas y están borrosas.

Fiel a su estilo, el fotoperiodista tenía que estar en el Día D, más concretamente en Omaha Beach durante el desembarco de Normandía. Allí hizo las míticas fotografías en blanco y negro de los soldados aliados dentro del mar. Un total de 11 de fotografías, de las que se conservan nueve. Unas imágenes sobre las que también sobrevuela la leyenda y la duda: ¿solo tomó 11 fotos y el resto se quemaron en un incendio en la cámara de secado? ¿Están borrosas por un error, cometido por las prisas, a la hora del revelado? Preguntas que siguen vigentes más de 80 años después de que se tomaran.

Además de la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial, Capa también cubrió la primera guerra árabe-israelí, la chino-japonesa y la de Indochina. Conflictos en los que fotografió en pleno campo de batalla y también retratos íntimos de civiles y soldados en medio de la destrucción. Unos disparos que son el reflejo de la máxima con la que trabajó: «Si tus fotos no son buenas, no estás lo suficientemente cerca», dejó dicho.
Capa en paz
Aunque Robert Capa es, sobre todo, conocido por su faceta como fotoperiodista de guerra, también cultivó el retrato de personajes icónicos de la época (muchos de ellos, sus amigos), fotografía de viaje o de moda. Trabajos que fueron publicados en revistas como Holiday o Life. Muchos de ellos en color, lo que le convirtieron en todo un pinero en este campo.

Una serie de imágenes poco vistas hasta ahora que reflejan la modernidad y la alegría de su tiempo. Entre ellas, destacan los retratos que le hizo a Picasso, a Hemingway, a Truman Capote o a Ingrid Bergman, quien fue su amante. También los viajes por Europa o las fotografías tomadas en eventos como los hipódromos.

Más allá de sus fotografías de guerra, Capa también fue innovador en el terreno de los derechos de sus trabajos. En 1947 fundaría la agencia Magnum junto a otros compañeros, entre los que se encontraban Henri Cartier-Bresson o David “Chim” Seymur, con la que revolucionó el modo de trabajar de los fotógrafos: a partir de entonces tendrían control sobre sus negativos, publicaciones y derechos de autor.

Por todo ello, y aunque murió joven, con tan solo 40 años, la exposición muestra a ese Capa que dejará para siempre huella en el resto de fotoperiodistas que se acerquen a las guerras. Que, como él, quieran fotografiar el mismo horror que los humanos no nos cansamos de repetir.
Imagen de portada: American troops being ferried to larger ships in preparation for the allied invasion of Normandy, Weymouth, Dorset, Great Britain, June 4th, 1944. © Robert Capa/Centro Internacional de Fotografía/Magnum Photos






