Si los museos españoles tuvieran licencias libres

Macba en 2011. Kim FOR sure

Si los museos y centros de arte españoles tuvieran licencias libres o, al menos, permitieran ciertos usos de sus contenidos, la difusión de la cultura no estaría tan restringida y se podrían llevar a cabo acciones tan ‘impensables’ como facilitar la enseñanza, la investigación y el estudio o la propia comunicación en los medios.
En la inmensa mayoría de webs de museos y centros de arte nacionales y autonómicos se puede navegar por las obras y textos expuestos online… y poco más.
Como mucho, las imágenes, audios o vídeos se pueden descargar en el propio ordenador y disfrutar de forma privada. En pocos casos se autoriza la difusión o distribución pública de contenidos que, además, debe tener un consentimiento previo del museo.
Menos habituales aún son los casos que apuestan por las licencias de cultura libre o menos restrictivas, y aún hoy existen museos que ni siquiera ofrecen en sus páginas web un aviso legal de uso de los contenidos, aunque por defecto aplican los derechos de autor. Esto último ocurre en un 8,6% de los museos nacionales y en un un 14% de los autonómicos.
Las licencias privativas predominan en las instituciones públicas españolas dedicadas a la cultura. «Se prohíbe cualquier acto de reproducción total o parcial de los contenidos, en cualquier forma o medio», es la indicación más habitual en relación a la reutilización de los contenidos.
Solo seis museos incluyen algún tipo de contenido libre: el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el Museu d’Art Contemporani de Barcelona, los tres museos de gestión autonómica de Navarra y el Museum Cemento Rézola (Guipúzcoa).
En cifras, tan solo un 2,5% de las 197 instituciones nacionales y autonómicas analizadas especifica en sus condiciones de uso que los usuarios pueden llevar a cabo cierta reutilización de las obras y textos a las que se puede acceder en la propia web o en redes asociadas.
Así muestran las obras a la sociedad
Los museos alojan infinidad de obras que son de dominio público, es decir, que ha expirado el plazo de protección y pueden ser utilizadas por cualquiera, de forma libre y gratuita, pero también muchas obras con derechos de autor vigentes.
Las fotografías y vídeos, en ocasiones acompañados de textos, se utilizan para difundir las obras en webs y repositorios digitales, y estos a su vez tienen una licencia privativa. En caso de considerarse como meras fotografías, es decir, «carentes de originalidad», el museo las puede adquirir para evitar cualquier «cuestión», como sugiere el profesor de Derecho civil y de Propiedad Intelectual de la Universidad de Barcelona Ramón Casas Vallés, en su artículo ‘La propiedad intelectual en los museos‘.
En cualquier caso, las obras que se muestran están adquiridas, mantenidas, protegidas y difundidas con dinero público. No se pueden más que admirar in situ, desde el ordenador de casa mientras dura la exposición o en las colecciones online disponibles.
Para ‘facilitar recordarlas’, los museos ponen en venta catálogos de la exposición, postales y todo tipo de merchandising y también hay instituciones que permiten hacer fotos, pero sería ideal también tener la posibilidad de disponer de los contenidos sin tener la sensación de cometer un delito.
Como apunta Casas Vallés, actividades como hacer una foto a una obra en formato digital para reutilizarla, bien sea para ponerla de salvapantallas o para ilustrar una reseña en un blog, «implica entrar en los dominios de la propiedad intelectual, con una alta probabilidad de conflicto».
Sin embargo, no todos los que buscan ‘recordar’ las obras de los museos son turistas que buscan un souvenir de su viaje. Por ejemplo, si has estudiado historia del arte, seguramente tengas en mente algún shock después de ver en persona alguna de las obras estudiadas y que viste reproducidas a 5×3 centímetros en tu libro de texto: no tiene nada que ver.
Si el museo se adaptara a los nuevos tiempos y permitiera reutilizar sus contenidos para ciertos fines (educativos, informativos, de investigación) que bien pueden ser sin fin de lucro explicando detalladamente las condiciones, ¿no beneficiaría eso a la difusión del conocimiento y de la cultura? ¿No contribuiría la apertura a que se acercaran los museos a la sociedad, como promulga el Ministerio de educación y cultura entre los objetivos de estas instituciones públicas?
Digitalización sin apertura
Legalmente, los museos y centros de arte no están obligados a abrir ciertos contenidos. En la ley sobre reutilización de la información del sector público quedan excluidos de tener que compartir los documentos que conserven, junto a otras instituciones como bibliotecas, archivos históricos o teatros, entre otros.
Sin embargo, entre las estrategias de la Subdirección general de museos estatales figura «expandir la presencia de los museos a través de distintos medios, potenciando especialmente su difusión a través de internet, pero sin olvidar su proyección exterior en ámbitos cercanos».
Mientras, en los presupuestos generales del estado para 2015 se sitúa a los museos estatales como instituciones orientadas «al acceso a la cultura de todos los ciudadanos y a la mejora del funcionamiento y conocimiento de las instituciones».
Para ello, el gobierno se ha fijado como objetivo en 2015 impulsar «la digitalización de las colecciones, la transferencia tecnológica en el software de gestión de los sistemas de información y difusión del patrimonio cultural y la puesta en marcha de nuevas herramientas colaborativas para la gestión y conocimiento del patrimonio». Eso pese a la drástica reducción de presupuestos para los museos desde 2010, cuyo recorte «se ha estabilizado» y ha aumentado ligeramente de cara a este año.
PGE2008-2015
Evolución de los presupuestos generales del estado en el apartado de Museos y Exposiciones entre 2008 y 2015. Fuente: Ministerio de Hacienda/Elaboración propia. Imagen: María Velasco/CC-BY-NC-SA 3.0
Domus y Ceres son las dos aplicaciones que pretende potenciar el Ministerio de educación y cultura. Se trata de catálogos colectivos en línea con imágenes de obras de museos públicos y privados de España, y a los que se puede acceder desde las webs de algunos museos, como Andalucía, Aragón o uno de Ibiza, entre otros.
En el caso de Ceres, sí que está permitido realizar reproducciones para uso privado de los contenidos, con objetivo docente o para utilización personal sin fines de lucro, mientras que es el Ministerio o el museo correspondiente el que autoriza otros usos. No se puede, según estas condiciones, facilitar el acceso a terceros a través de otra página que no sea la de Ceres, de imágenes del catálogo. Un nuevo mazazo a las tendencias de difusión actuales.
Por otra parte, 10 de los museos estatales presentes en Ceres también están en la iniciativa Google Art Project, que muestra casi 400 imágenes de obras representativas en alta resolución. Parece que en este caso el Ministerio sí hace una excepción en sus condiciones de reutilización, ya que Google –un tercero que muestra las obras a través de una web diferente a Ceres–, según su política única de servicios, reconoce que es la institución la titular de los derechos de propiedad intelectual, pero se reserva ciertas acciones –como reproducir, crear obras derivadas y distribuir– sobre los contenidos que muestra.
Museos que apuntan a la apertura
¿Cuál podría ser un camino a seguir en cuanto a apertura de estas instituciones culturales? Ya hay ejemplos, tanto en España como en el resto del mundo. El MACBA de Barcelona, que tiene licencia Creative Commons, cuenta con imágenes de sus exposiciones y actividades en Flickr, por ejemplo.
En imágenes como esta, de ‘La herencia inmaterial. Ensayando desde la Colección’, se permite reutilizar la foto siempre que se indique quién la hizo y el lugar, no se haga una obra derivada y no se use con fines comerciales.
museo
Exposición La herencia inmaterial. Foto: MACBA/Rafael Vargas
Los museos que componen la galería Tate de Londres se rigen por una misma y detallada política de derechos de uso de los contenidos de su página web, que incluye la posibilidad de reproducir contenido con derechos de autor con fines de investigación, educación, estudio, crítica y reseñas periodísticas, sin fines de lucro. Para ello especifican cómo citar y, en el caso de las imágenes, hay incluso hay una referencia expresa a la posibilidad de reproducir en páginas como Wikipedia o el archivo William Blake.
La Tate permite la reutilización en el contenido con licencia Creative Commons, como por ejemplo, los datos de métrica de la página web. Aunque los vídeos y audios no se pueden descargar y publicar en internet, sí permite insertarlos en aquellos casos en que se ofrezca el código.
El museo MoMA de Nueva York, a pesar de ofrecer todo el contenido de su web con licencias privativas, permite usos no comerciales de ciertas imágenes, textos, audio, vídeo, etc. con fines educativos, investigación, crítica y periodísticos.
Por su parte, la galería de los Uffizi, en Florencia, permite el uso no comercial de los contenidos informativos y del software citando la fuente. Si hay una intención lucrativa, instan a obtener un permiso escrito.
Los museos y centros de arte, si quieren ser espacios para el conocimiento, el debate y la participación de la ciudadanía, pueden contemplar la inclusión de las licencias libres como una herramienta para llegar a ese objetivo. Servicio público también es compartir.
Descarga los datos
Licencias vigentes y estado de los avisos legales de los museos y centros de arte estatales y autonómicos. Fuente: elaboración propia. Imágenes: María Velasco/CC-BY-NC-SA 3.0
Licencias en los museos autonómicos
museos-estatales

Último número ya disponible

#141 Invierno / frío

Sobre nosotros

Yorokobu es una publicación hecha por personas de esas con sus brazos y piernas —por suerte para todos—, que se alimentan casi a diario.
Patrick Thomas

Suscríbete a nuestra Newsletter >>