«Football without fans is nothing». Y sí, ¿qué es el fútbol sin su afición? Los fans hacen posible el fútbol, como espectáculo, como negocio y como evento contemporáneo. Una experiencia emocional en que cientos, miles de personas se reúnen cada domingo a sentir lo mismo. A cantar lo mismo. A gritar al unísono. A llevar los mismos símbolos. Y a construir de esta manera un acontecimiento, es decir, una arquitectura. La arquitectura de la grada.
La afición futbolera más famosa es, quizá, la del Liverpool. Sus miembros crean a lo largo del siglo XX una comunidad, unida por la cultura popular y el fútbol y constreñida y tramada por su condición de clase obrera. Si los seguidores más entregados de un deporte se suelen sentar juntos en esa parte del estadio que más chilla, en el caso de la afición del Liverpool, esa grada incluso tiene nombre: The Kop.
The Kop, cuyo nombre equivale a la palabra monte en Afrikaans, es la historia de una afición. Es, a la vez, la historia de una montaña. Una montaña de circunstancias, de personas anónimas y de poderosas, historias cotidianas y grandes relatos.
La historia de la gente de pie
[pullquote tag=»el arquitecto que inventó el estadio de fútbol» author=»Archibald Leitch»]No voy a construir un palacio, voy a construir un campo para la clase obrera[/pullquote]
Es domingo en 1878. En la ciudad de Liverpool, algunos aficionados al nuevo deporte del fútbol están juntos viendo un partido en Stanley Park. Por aquel entonces, empieza a haber cada vez más encuentros que ver en cada vez más lugares de la ciudad.
Los fans suelen ver el juego de pie en campos de tierra donde cualquiera puede unirse a mirar y, cuando empiezan a ser más y más, alguien piensa que sería mejor si hubiera un sitio donde juntarse siempre y gritar a gusto. En el caso de ese equipo local que juega en Stanley Park, que es el Everton, Anfield Road se convierte en ese sitio.
Ya entonces, a finales del siglo XIX, se pide a los clubs profesionales que sus campos tengan instalaciones adecuadas. Mucha gente ve el juego y los recintos deben estar vallados y tener hasta torniquetes para controlar el acceso. La creciente popularidad e incipiente regularización del deporte hacen que nazca una tipología arquitectónica nueva: el estadio de fútbol.
Con la regularización, viene la arquitectura. Con el estadio, viene la grada porque desde el principio, el fútbol va con su afición. Grada en inglés es ‘stand‘ y quiere decir tribuna o pedestal, pero también estar, como estar de pie, grupo y tomar posición.
En 1886, el grupo de personas que ven juntas el fútbol crece tanto que también lo hace la tribuna, convirtiendo el campo en uno de los mejor equipados de la nación. A pesar de eso, el Everton decide abandonar Anfield a causa de una subida del alquiler que consideran demasiado elevada. Se llevaron como venganza, literalmente, hasta los tornos.

El estadio se queda sin equipo. Su propietario, John Houlding, para solucionarlo, y de paso mejorar la rentabilidad del campo, se inventa un nuevo club: el Liverpool F.C. Es el principio de una historia en la que la clase obrera y la cultura popular se encuentran en una alianza inseparable que permitirá a la primera, gracias a la segunda, sobrellevar las durezas de clase social.
El romance ya se ve desde los primeros partidos, cuando el Liverpool, a falta de un lugar mejor, utiliza un pub calle abajo, el Sandon, para ponerse las medias.
Esta relación entre Anfield y los pubs de las inmediaciones convierte al estadio, ya desde el comienzo, en un fenómeno urbano que transforma la ciudad, en una arquitectura expandida, un urbanismo que aparece y desaparece coincidiendo con los partidos.

Los estadios de Reino Unido son famosos en todo el mundo por el ambiente único que atesoran. Esto, en una dimensión práctica, tiene que ver en gran medida con el trabajo de un arquitecto: Archibald Leitch.
Leitch acabará siendo olvidado rápidamente pero su influencia es incuestionable. Él es el arquitecto del fútbol inglés, y si a un equipo no le ha construido el campo, probablemente le ha asesorado. Archie dibuja el mapa del fútbol en Gran Bretaña.
El primero de los estadios diseñados por Leicht, que hasta entonces se ha dedicado a la arquitectura industrial, nace de su colaboración con los Rangers, equipo de Glasgow del que es seguidor acérrimo y para el que trabaja gratis (o eso dicen).
Su primeros pasos no son muy buenos: en 1902, parte del recinto de los Rangers se cae, causando 25 muertos y 500 heridos. El equipo, no obstante, sigue apoyando la carrera del arquitecto. Leitch desarrolla el modelo de grada aterrazada. Escalones fijos, áreas diferenciadas y un sistema patentado de barreras de acero. Más resistentes, más seguras y mejores para ver los partidos.

En 1885, Leicht llega a Liverpool y diseña uno de los stands de Anfield, con capacidad para 3.000 espectadores. Otra tribuna es construida en el lado que da a Anfield Road, en 1903, en madera y acero. Después de que el Liverpool gane su segundo campeonato de Liga, en 1906, se construye la grada de Walton Breck Road, que el periodista local Ernest Edwards, llama Spion Kop.
The Kop es la protagonista de nuestra historia, una grada desproporcionadamente grande, construida sobre una pila de escombros de las obras del tranvía, que se convertirá con el tiempo en el icono de los fondos futboleros.

Mímesis
En general suele ocurrir en el fútbol que somos del equipo del que es la gente a la que queremos, el equipo de nuestro padre, nuestra prima, nuestro abuelo, quizás alguna chavala del colegio. Quizás del equipo en el que jugaba algún futbolista que nos gustaba especialmente hace años. La relación con el fútbol tiene que ver con un sentido de la pertenencia a algo, es una forma de construir un vínculo con alguien. El fútbol es un marco de experiencia compartida, y en general, está lleno de tíos.
¿Quiénes son, a finales del XIX o a principios del XX, los fans del Liverpool? Son hermanos, tíos, hijos, muchos de ellos miembros de la clase obrera. Muchos alienados de su trabajo, con vidas duras y llenas de rutina, y además insertos en una sociedad en la que mostrar públicamente las emociones no es muy lícito, especialmente para los hombres.
El fútbol es algo que se puede disfrutar dentro de esas franjas de tiempo que nos dejan dedicar al ocio (que, ya sabemos, está estrictamente separado del trabajo). Imaginemos la vida de un fan en 1920. La Primera Guerra Mundial ha dejado tras de sí un clima social agitado, la clase obrera se organiza en formaciones sindicales, y hay numerosas huelgas. Algunos soldados y marineros anteriormente colonos en África han regresado a Reino Unido y se han instalado en Liverpool. Merece la pena recordar que la ciudad de un siglo antes es nada más y nada menos que el mayor puerto esclavista de Inglaterra y uno de los mayores del mundo.
1919 viene con disturbios raciales, ataques de blancos a los emigrantes: los recién llegados tienen competir con los nativos de Liverpool por empleo y casa. Ese mismo año se proclama una Ley de Vivienda que permite la construcción de viviendas municipales masivas en Liverpool durante los años 1920 y 1930. Miles de familias son reubicadas del centro de la ciudad a nuevas urbanizaciones suburbanas. Poco después llega la Gran Depresión y el desempleo alcanza un máximo de alrededor del 30% en la ciudad.
En ese contexto de tensión y dureza, el fútbol proporciona ese lugar, en el que estar con otros, salir de la rutina, ilusionarse, expresarse públicamente, reforzar determinadas identidades –las asociadas a lo masculino, sentir cosas. Un poco lo mismo que ahora.
[su_note]En relación al deporte en general, los sociólogos Norbert Elias y Eric Dunning publicaron un conjunto de artículos que lo descifran como práctica social, y merecen la pena consultarse. Entienden el deporte como una práctica que permite la mímesis emocional: un juego que permite sentir y dar salida a esas emociones que experimentamos en otros aspectos de la vida, pero que se deben reprimir. Elias, N. and Dunning, E. (1992). Deporte y ocio en el proceso de la civilización. Fondo de Cultura Economica.
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Una montaña
Kop significa monte en Afrikaans. ¿Pero qué conecta Liverpool con Sudáfrica?
Al cambio de siglo, Gran Bretaña continúa siendo un imperio, y se enfrenta a los boers en la zona más al sur del continente africano. Los boers son colonos de origen neerlandés que se asientan en la zona a mediados del siglo XVII, cuando la Compañía Holandesa de la India Oriental fija una pequeña base para aprovisionar de alimentos frescos a los navegantes que hacen la ruta comercial entre Asia y Holanda.
Resulta que al final del XIX, los boers forman unas repúblicas independientes, el Estado Libre de Orange y la República Sudafricana, y desafían la soberanía que quiere establecer el Imperio Británico. Esa guerra la gana finalmente Inglaterra, con un costoso resultado para los boers, muchos encerrados en campos de concentración, pero uno más duro aún para los africanos, a los que luego los boers someten durante el Apartheid.
Pero ahora estamos en medio de esa guerra, y un contingente de soldados, provenientes de las clases obreras más bajas de Inglaterra, está trepando una colina llamada Spion Kop durante la noche, para librar una lucha al amanecer. Con tal mala suerte para ellos de que, a la mañana, bajo el sol ardiente, la buenísima puntería afrikaans aniquila a gran parte de los suyos, colocados en la ladera y la cumbre, en trincheras muy poco profundas.

Es una tragedia que queda grabada en las mentes de los supervivientes, pero también en la mitología popular inglesa. Al volver a Inglaterra, algunos de los supervivientes ponen el nombre de Spion Kop a una de las gradas aterrazadas de su campo en el sur de Londres, el del Arsenal, puesto que la colina africana les recuerda a la pinta de ladera de algunos fondos de los estadios. El nombre se pierde pronto porque el equipo se muda a otro al norte del río. Pero es por poco tiempo, porque, dos años más tarde, de nuevo en recuerdo de la batalla, la nueva grada de Anfield, esa con forma de trozo de colina, nuestra protagonista, toma ese mismo nombre: Spion Kop.

¿Tiene algo una “kop” que la defina de manera distinta a otra grada? La similitud es evidente en la grada original: es un cacho de montaña. Sin embargo, como luego se “adecúa” (con techado o con un suelo de hormigón), la indiscutible relación se va oscureciendo un poco. Además del Liverpool, otros equipos nombran a sus gradas en honor a Spion Kop, y un “kop” se convierte en una tipología.
Suele ser una estructura aterrazada, su tamaño y ubicación en el estadio varía aunque la mayoría están situadas detrás de la meta. Una de estas gradas Kop no tiene por qué ser la más grande o la que alberga más público, aunque suele ser la afición más sonora y fiel la que anima desde sus filas. El recuerdo de Spion Kop se arraiga tan fuerte, que ha habido hasta 20 otras Kops en Inglaterra, pero es la del Liverpool es la que mantiene la fama.

Un mar de cabezas, ojos y manos
[pullquote]You used to meet your mates in the Kop. That was the days. All your mates which you worked with, all the mates you’d go to school were standing in the same spot. It was incredible really, you know, that you all sort of congregate. 28.000 people used to managed to get to that exact spot. I always pinpointed my spot cause it just raised of the post were Roger Scott scored most of his goals. You couldn’t see the corner flag, and all the Kop used to go forward, and it was like sort of a sea of bodies just to see Billy Little taking the corner.[/pullquote]
En 1910, The Kop tiene una altura total de 15 metros y mide 41 metros de ancho. A la tribuna se accede por escalones que suben a la parte superior del terraplén desde la calle. En 1928, se reforma: ahora The Kop puede acoger hasta 28.000 espectadores de pie.
Stan Boardman, un fan mítico del Liverpool, se apoya en una de las barandillas, en un documental de la BBC que alguien ha pasado de VHS a YouTube. «¿Puedes imaginarte 28.000 personas aquí? ¿Cómo irían al aseo?» La mayoría, casi todos, por no decir todos, son hombres. «Así que muchos chavales solían enrollar el Liverpool Echo, y mear hacia abajo por dentro, para no salpicar a nadie»”.
La grada es un solo cuerpo, un día se desmaya uno y lo bajan con las manos por encima de las cabezas de todos. Es un cuerpo y un lugar de culto. «Había veces que los aficionados traían las cenizas de sus padres, maridos, mujeres y las tiraban por toda la grada». Un amasijo gigante de cabezas, ojos y bocas, manos sujetando banderas rojas, gorros, pancartas.
[su_note]Las citas son de Stan Boardman, comediante y fan, en un maravilloso documental de la BBC: The Story Of The Kop. Disponible aquí.[/su_note]
She loves you, yeah yeah yeah
Un mar de cabezas ondean sonrientes, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, y cantan a pleno pulmón el archiconocido estribillo de los Beatles. En primer plano están esos jóvenes con gafas, obreros lampiños, gente con traje, algunos flequillos, enfervorizados en el canto, como constántemente cayéndose hacia abajo y sujetándose los unos a los otros. Estampa que cualquiera, sin pestañear, diría que pertenece a un macroconcierto de pop de unos ídolos como The Beatles.
Es, en realidad, en el Liverpool vs. Arsenal, 1964. La mole de cabezas es The Kop y el personaje que retransmite el partido aparece en primer plano, ojiplático, diciendo, «nunca había visto algo como este público de Liverpool».
Esa música, la banda sonora de la camaradería, es «la música que Liverpool está haciendo sonar en todo el mundo». El sonido Merseybeat está ‘pegando’ en Liverpool, con un montón de bandas como The Beatles, The Remo Four, Rory Storm and the Hurricanes, Johnny Sandon and The Searchers, Kingsize Taylor and the Dominoes, The Big Three, The Strangers, Faron & The Flamingos, The Four Jays…
Uno de los highlights de la historia de la grada, y que ha hecho que todo quisqui conozca The Kop y la canción en cuestión, You’ll never walk alone, ocurre cuando el líder de Gerry and the Pacemakers canta su canción en The Kop, como parte de la multitud.
[pullquote author=»Gerry Marsden» tag=»voz de Gerry and the PAcemakers»]We used to leave here and go over to the Sandon, which was like a pub with cabaret and we would go and see all the groups like the Beatles, Gerry and the Pacemakers, the Undertakers, the Easybeats, the Remo 4, the Big Three. It was a great time. And we were so proud to come from Liverpool and we used to stand here in the Kop and sing. It was a unique time.[/pullquote]
El Merseybeat es una evolución del rock and roll con estribillos pegadizos, ritmos simples y, sobre todo, un pulso marcado de cuatro por cuatro. Este four on the floor nos sigue volviendo locos en las discotecas.
Representa los inicios de la fórmula musical, nos hará bailar a todos hasta el fin de los tiempos. Una combinación sencilla, directa, concisa, memorable y que funciona. Mueve los cuerpos, mueve la música y las canciones a través del tiempo y ha acabado por convertir el estribillo de una canción pop en una puerta de un estadio.
Believers
«Shankly has made the team believe, has made the fans believe, between them, they’ve made a mountain, and Liverpool FC stands on the peak».
En los años sesenta, es un entrenador, el mítico Bill Shankly, el arquitecto del campo de la afición kopita. Además de conducir al Liverpool al top of the pops del fútbol, Shankly añade (o lo hacen otros en su memoria) unos cuantos detalles al estadio que merece la pena mencionar.
Cuando Shankly llega a Anfield, el estadio se cae a trozos. Es 1959 y el manager insta al club a comenzar la primera gran reforma desde 1906. Hasta entonces, solo se había intervenido para techar The Kop en 1928. Así que, desde sus ideas, en 1962 se finaliza una grada nueva, la del Centenario, que da a Kemlyn Road.
En el 65 ocurre lo mismo con la grada de Anfield Road, y más adelante se completa una ampliación del Main Stand. Sólo The Kop continúa intacta… y sigue así hasta 1994. Bill Shankly considera que la grada kopita funciona perfectamente. Se dice que los fans, desde ella, son capaces de ‘aspirar’ el balón hasta entrar en meta.
Shankly también se ocupa de poner una placa en el túnel que conduce a los vestuarios. «This is Anfield», reza. «Está ahí para recordar a nuestros muchachos para quién están jugando y para recordarle a la oposición contra quién están jugando».
Shankly, que durante su primer año en el banquillo, se deshizo de 24 futbolistas para reestructurar la plantilla, parece pensar que el juego pasa no solo por las piernas sino también por la mente de los jugadores, por eso los gritos de los kopitas, los cantos, la marea de cabezas y la fuerza de una imagen y de una palabra son tan importantes.
Shankly dimite en 1974 tras haber conseguido 3 campeonatos de liga inglesa, 2 FA Cups y 1 Copa de la UEFA. Un año después de su muerte, en 1981, se inaugura un elemento arquitectónico nuevo en Anfield, en su honor. Son unas puertas. A cada aficionado que entra por las Shankly Gates, el estribillo fundido en letras de hierro forjado –You’ll never walk alone– que corona la entrada, le recuerda una y otra vez el relato del equipo de Liverpool.
Habrá más homenaje. Shankly, tiene una estatua por la que también se pasa al entrar que parece congelar una instantánea suya, puños arriba con la muchedumbre de fondo.
La placa reza: «He made people happy».
Por qué a Margaret Thatcher no le gusta el fútbol
Nuestra historia acaba en 1994 con la reforma de The Kop. Empezamos nuestro relato con esa tragedia de soldados ingleses de clase baja que están al servicio del Imperio Británico en una colina sudafricana y, quizá, haya que acabar con otra tragedia, de otra muchedumbre obrera, desbordándose por una mala coordinación de la policía thatcheriana.
Es el 15 de abril de 1989 en el estadio de Hillsborough en Sheffield y se ha producido una avalancha humana. Ocurre nada más comenzar el partido de semifinales de la Copa FA 1988-89 entre el Liverpool y el Nottingham Forest.
Las autoridades han dirigido a los aficionados de cada equipo, que llegan desde sus ciudades de origen, a puertas en calles opuestas, de modo que no se encuentren. Es el momento del auge del hooligan. La gran masa de aficionados del Liverpool colapsa la calle esperando a entrar y ante el miedo a los disturbios, la policía les deja acceder al estadio, sin controlar el número de personas, ni a qué localidades se pueden dirigir. El resultado son 96 muertos y más de 700 lesionados.
En los días y semanas posteriores al desastre, la policía alimenta historias falsas a la prensa que indican que el vandalismo y la bebida de los partidarios del Liverpool son las causas fundamentales del desastre.
The Sun publica un artículo que inventa afirmaciones sobre el comportamiento de los fans del Liverpool. En 1990 el Informe Taylor, encargado por el gobierno de Reino Unido en relación a la tragedia, las descarta.

Pese a que los hechos de Hillsborough no están provocados por actos violentos, sirven para que el gobierno de Margaret Thatcher se decida a actuar con contundencia y dicte la Football Spectators Act y el Informe Taylor para erradicar el hooliganismo y mejorar la seguridad en los estadios.
The Kop se reforma en 1994 para cumplir la nueva normativa que obliga a que todos los espectadores estén sentados.
Las banderas mezcladas con pancartas y las peticiones de verdad en imágenes colectivas (como ese ‘The Truth’ que pide la verdad sobre el desastre en un mosaico de 12.000 cartulinas sujetas por 12.000 espectadores) hablan de la grada como un espacio desde el que hablarle al mundo, reclamando la dignidad y la memoria de los miembros de su comunidad.
https://www.youtube.com/watch?v=MFB0XrYhkRw
El sentimiento del fútbol

La primera vez que se escribe la palabra sports es en Inglaterra. El deporte nace no solo como un juego, sino más que eso, como un pacto, como un sistema de reglas, un estándar compartido que codifica un juego, que lo hace universalizable.
De forma automática, en paralelo a la popularización del deporte, el estadio coge forma, las gradas evolucionan de ser meras laderas de tierra a sofisticadas gradas en voladizo. Aparecen los vestuarios, los marcadores, los palcos. Pero también las voces, los cánticos, las banderas, las miles de cabezas, los lemas amenazantes y los colores, y sobre todo, los mitos y los relatos. Todo eso configura la arquitectura de Anfield. Y mientras el estadio crece, alrededor del fútbol, la clase obrera de Liverpool, con sus miserias y violencias, aprende que puede encontrar un espacio de identidad y camaradería.
En los 60, se une al cóctel la música pop. Y en los 80, la violencia aparece en los aficionados en forma de peleas y provocaciones, en un contexto de conservadurismo y dureza social, aunque también aparecen la solidaridad, la comunidad y el duelo.
The Kop, ese mar de cabezas y corazones, es la casa de muchos, un espacio donde estar en común en un contexto social gris de la Inglaterra obrera. Los kopitas dibujan desde la grada una iconografía. Texto, música e imagen configuran una obra de arquitectura, una atmósfera, un dispositivo que forma un universo desde el que escapar a la ‘realidad’. This is Anfield.
Formidable artículo. Completísimo. Felicitaciones