El primer juguete que fotografió David Alandí seguramente ni siquiera se movía. Estaba quieto, apoyado en una mesa de casa, esperando a que alguien le diera una excusa para existir un poco más. La cámara hizo el resto. A veces la épica empieza así. Sin presupuesto, sin público y sin pedir permiso.
Eso, dar permiso a la imaginación, es lo que ocurre ahora en la House of Photography (Barcelona) con Toy Photography, la exposición que inaugura Fujifilms y que convierte a los juguetes en algo mucho más serio que un recuerdo de infancia. Aquí no hay nostalgia azucarada ni vitrinas muertas. Hay microaventuras. Hay humor. Hay cultura pop con lupa. Hay juguetes que, por fin, hacen lo que siempre prometieron en la caja.
Alandí, conocido como Toytsh, no fotografía juguetes, sino que los pone a trabajar. Los saca de su condición de objeto y los convierte en actores. En sus imágenes hay explosiones sin pólvora, persecuciones sin riesgo y mundos enteros construidos sobre una mesa de salón. Escenas minúsculas que, vistas de cerca, tienen más narrativa que muchas superproducciones.

Lo interesante no es solo el resultado, sino el proceso. Alandí empezó como se empiezan casi todas las cosas que luego importan: jugando en casa, subiendo fotos a redes, probando sin un plan maestro. «Siempre he sido un apasionado de la fotografía y, para mí, nació como un simple hobby. Empecé creando pequeñas escenas en casa y publicándolas en mis redes sociales. Con el tiempo, esas imágenes comenzaron a conectar con más gente de la que me imaginaba, y hoy verlas reunidas en una exposición es casi tan emocionante como capturarlas por primera vez», afirma el fotógrafo y diseñador gráfico David Alandí. Efectivamente, hoy esas imágenes cuelgan juntas, ordenadas y siguen teniendo algo de travesura. Como si en cualquier momento fueran a escaparse del marco.
La exposición reúne esos universos en miniatura donde la escala deja de importar. Porque cuando la cámara se agacha, todo crece. Un muñeco puede ser un héroe cansado, un villano ridículo o un secundario brillante. Un trozo de cartón puede convertirse en un paisaje posapocalíptico. Y una luz mal colocada, en un amanecer perfecto.
Toy Photography es también una declaración de intenciones para la House of Photography, el nuevo espacio de Fujifilms dedicado a la imagen y a quienes la retuercen un poco. Aquí la temática es lo de menos siempre que la se haga con rigor. Se apuesta por contar historias desde ángulos inesperados. Incluso cuando el protagonista mide siete centímetros.

La experiencia no termina en la pared porque Alandis ha impartido talleres (hay uno el 8 de enero) en los que enseña cómo se construye esta magia artesanal. Desde LEDs domésticos a superficies reflectantes, perspectiva forzada, dioramas que nacen y mueren en una tarde. Nada de fuegos artificiales digitales. Efectos prácticos, como en el cine de antes. Porque antes de Photoshop, estaba la imaginación. Y sigue funcionando.
La exposición permanece abierta hasta el 17 de enero de 2026, tiempo suficiente para recordar algo importante, que los juguetes nunca dejaron de tener historias que contar. Solo estaban esperando a que alguien bajara la cámara a su altura y les preguntara: «¿Y tú, quién eres cuando nadie te mira?».






