—Nadie quiere escuchar música instrumental, Mike.
Eso dijo Richard Branson, de Virgin, a Mike Oldfield, que vendió más de 16 millones copias de su Tubular Bells en los primeros años y sigue vendiendo unas 100.000 cada año.
Su enemistad con la discográfica es más que conocida. «Se aprovecharon de mi ingenuidad», dijo Oldfield en una entrevista para la revista Man. Branson había confiado en él y la obra de Mike Oldfield había llevado a la fama a la recién creada Virgin, pero su amistad se torció por la falta de reconocimiento posterior hacia el artista a pesar de que este produjo unos 30 discos para el sello. Oldfield no estaba satisfecho con la cláusula de derechos negociada inicialmente ni con el hecho de que no promocionaran su música. De hecho, él mismo contrató un equipo de marketing para promocionar Amarok, ya que Virgin no se interesó por el largo. «Iba a las tiendas de Virgin y ninguno de mis discos estaba allí. Es como si fueran tan modernos que se avergonzaran de mí», relataría Oldfield posteriormente. [pullquote]Iba a las tiendas de Virgin y ninguno de mis discos estaba allí. Es como si fueran tan modernos que se avergonzaran de mí[/pullquote]
Cuando al fin se deshizo de los lazos que lo ataban a Virgin y se fue a Warner —también una empresa capitalista, pero con la que tomó las debidas precauciones para no sentirse atado—, ya tenía en la cabeza la idea de regrabar su obra maestra con más mimo. Pero prefirió esperar unos años para hacerlo. Vio más interesante hacer un ejercicio de virtuosismo y lanzar una obra bastante diferente.
Así que en 1992, ni corto ni perezoso, pero sí bastante provocador, lanzó algo llamado Tubular Bells II. Los que conocían Tubular Bells notaban enseguida, al escuchar el nuevo disco, que era un espejo del primero. Pero, al mismo tiempo, no coincidía entre ellos ni una sola nota.
¿Cómo era esto posible? Tubular Bells II es un calco estructural de Tubular Bells. Las mismas partes, frases parecidas que recuerdan al primero, pero nada se repite exactamente igual. Es como un eco o una sombra. Como una burla, como un juego que solo un virtuoso podía hacer: traducir su obra instrumental a otra exactamente igual… pero totalmente distinta.
Según explicó el propio Mike Oldfield, él cogió TBI (como él mismo se refiere a la obra) y la dividió en partes. Después, colocó estos bloques, diferenciados por colores, en un nuevo diagrama. El productor Trevor Horn aportó un sonido inimaginable en la época en la que fue grabada la original.
Y después siguió usando la misma técnica que en el primero, y que otros músicos minimalistas habían utilizado: la repetición, la melodía que muta lentamente, la transformación de una frase musical. En Tubular Bells II, dijo, «lo único que he hecho es dejar que la música se desarrolle en una dirección diferente».
Por cierto, Virgin había querido llamar «Tubular Bells II» a su Amarok (1990), y él había dicho que de ninguna de las maneras, quizá ya fraguando en su cabeza la «jugarreta».
En 1998 vio la luz la tercera versión: Tubular Bells III, que tuvo mucho menos éxito que los anteriores: excepto algunas semejanzas, no se parece ni al uno ni al dos. Tiene mezclas de dance y no fue bien acogido, en general, por sus seguidores. Y en 2003, Oldfield publicaría por fin una regrabación exacta de su primer Tubular Bells, la secuela perfeccionada que le gustaría haber grabado en 1992. Se llamó Tubular Bells 2003. Y como nunca llueve a gusto de todos, para muchos seguidores de Oldfield es demasiado perfecta: el artista la edulcoró demasiado, quizá emocionado por tantos años deseando llevarla a cabo.
Los motivos de las sucesivas regrabaciones
Puede parecer que Mike Oldfield siempre está regrabando Tubular Bells. Para comprenderlo hay que remontarse a la época en la que grabó el primero.
En un principio el disco era una maqueta de 20 minutos, y el propio Oldfield tocaba cada uno de los instrumentos en su casa, usando trucos artesanales como el bloqueo del botón de borrado de la grabadora con cinta adhesiva o con una cajetilla de tabaco para poder montar unos sonidos encima de otros en una suerte de «multipistas» casero. Según The independent, Mike Oldfield «puede tocar potencialmente cualquier instrumento de cualquier estilo, a pesar de no haber sido entrenado en ninguno». Tenía 19 años y le llamaban loco por intentar «colar» en las discográficas una obra de esas características.
Branson le permitió usar uno de sus estudios, The Manor, durante una semana. La primera de las dos partes de Tubular Bells fue grabada en esa única semana. Por suerte, él ya la tenía completa en su cabeza. El resto lo grabó en los ratos en los que el estudio quedaba libre, normalmente por las noches. Cuando estuvo terminada, Branson quiso vender la obra a otras discográficas. Como nadie se la aceptó, decidió publicarla él mismo.
Dada esta precariedad de los recursos de grabación, es normal que el músico no quedara del todo satisfecho con el resultado, y de ahí que, cuando tuvo recursos, quisiera hacer mejor justicia a lo que tenía en su cabeza.
Una obra curiosa y divertida
Muchos de los que no suelen escuchar música instrumental deducen que Tubular Bells es una obra aburrida por el hecho de serlo. También hay quien se limita a asociarla con la película de terror El exorcista. Por cierto, Oldfield nunca dio su permiso para ceder parte de Tubular Bells para esta película. Es más, declaró: «Yo habría escrito música nueva para esa película, pero todavía creo que Tubular Bells no merece ser asociada con una historia de una chica poseída con un mensaje tan tonto». [pullquote]Creo que Tubular Bells no merece ser asociada con una historia de una chica poseída[/pullquote]
Tubular Bells es una demostración no solo del virtuosismo de Oldfield, sino también de su sentido del humor.
Uno de los pasajes preferidos de los seguidores de Oldfield es el que cierra la primera parte de Tubular Bells, llamada The bell en Tubular Bells II y Finale en Tubular Bells 2003 (Tubular Bells solo se compuso de primera y segunda parte, por lo que este final no tiene un nombre específico). En ella, un maestro de ceremonias que va introduciendo todos los instrumentos que suenan. Por orden, estos instrumentos son los siguientes:
-Grand piano
-Reed & pipe organ
-Glockenspiel
-Bass guitar
-Vocal cords
-Two slightly sampled electric guitars
-The Venetian effect
-Digital sound processor
-Tubular bells
https://www.youtube.com/watch?v=l7MY_cdUL1E&feature=youtu.be
(A partir del 17:40 puede el final de la primera parte, donde van introduciéndose los distintos instrumentos presentados por un maestro de ceremonias, en un directo en la BBC)
En Tubular Bells II, el encargado de hacer esa narración fue Alan Rickman. En el original había sido Vivian Stanshall. En 2003, con Stanshall ya fallecido, Oldfield encargó la divertida tarea a John Cleese, uno de los miembros de los Monty Python, que no decepcionó con su emotivo: «¡Oh… Tubular Bells!» al final del listado.
Las tres versiones de Tubular Bells están cargadas de anécdotas: en una parte se oyen murmullos, otra se refiere a una noticia de actualidad sobre un cráneo hallado en una excavación, El hombre de Piltdown. Y la famosa campana torcida de la portada está basada en una campana tubular que el propio Oldfield quebró por darle demasiado fuerte con una barra de hierro tras coger carrerilla en el estudio. «Buscaba un sonido fuerte, como de campanario de iglesia», justificó.
Por cierto, que Oldfield, a sus 64 años, ya está encerrado en su estudio terminando Tubular Bells 4, que lanzará el año que viene, y en el que se espera que vuelva a sus orígenes, al sonido más artesanal tan característico de ese primer Tubular Bells que grabó ese chaval de 19 años que tuneaba las grabadoras con cinta adhesiva.
«Music of the Spheres» también tiene una estructura muy similar a los TB, el inicio casi podría haberse llamado TB4…
Es un fenómeno y siempre lo será, a pesar de unos últimos años oscuros veo que está resurgido.
Tubular bells, la música de las estrellas para adornar el eclipse parcial de luna de hoy…
Después de muchos discos mediocres, sobre todo habiendo puesto el listón tan alto con sus primeros discos, por fin pudimos escuchar algo decente del bueno de Mike con su Retorno a Ommadwan de este año. Confiemos que el TB4 siga la misma línea y volverá a tener a un montón de seguidores. Yo, al menos, echaba de menos al Oldfield de antes. Por otra parte, cuando te refieres al final que van citando los instrumentos, es el final de la primera parte, porque el final de la segunda, después del solo de guitarra intimista, es un teme en tono festivo, muy céltico. Solo puntualizo.
¡Gracias, José Antonio! En efecto, corresponde al final de la primera parte. Ya está puntualizado. ¡Abrazos!
Fenómeno artículo, Isabel. Cinco campanas tubulares por él.
Saludos.
Solo hay un problema con Mike… Si hubiera sacado un Tubular al año, a estas alturas tendría más de 40 tubulares en mi estantería de música, y como yo, todos sus fanáticos irredentos.
No nos importa que al resto del mundo no le gusten las campanas.
P.D.: ¿Os habeis fijado que una campana tubular es a la vez un tubo (falo) y un triángulo (pubis)? Eso si que es un troleo de años…
Lo han dicho bien. El final de la primera parte.