Si se afirmase que Benjamin Marra es una de las figuras más prometedoras del cómic norteamericano se cometería un grave error. Aunque cuenta con pocos títulos en su haber, la obra de Marra ha marcado un antes y un después a la hora de entender el tebeo actual. En sus historias se mezclan todo tipo de referencias, desde la alta cultura hasta el kitsch más sonrojante y, bajo su apariencia naíf se despliega una contundente crítica al modo de vida occidental. Definitivamente, Benjamin Marra ha venido a revolucionar el cómic con un ejército formado por bailarinas de strip, camellos, proxenetas, negros libertos, raperos y periodistas de raza.
Benjamin Marra no eligió el cómic. El cómic le eligió a él. «Lo de escribir y dibujar cómics es algo compulsivo. No tengo control sobre ello. Como dice Art Spiegelman, una persona con la que en raras ocasiones estoy de acuerdo, “los cómics son una llamada”», explica.
Licenciado en Bellas Artes, con una estadía en la ciudad italiana de Florencia para ampliar sus estudios, Marra ha sido reconocido con prestigiosos premios de ilustración y ha trabajado como diseñador en diferentes medios de comunicación y revistas. Sin embargo, nunca ha desatendido esa llamada del cómic de la que hablaba antes y que lo ha acompañado desde la infancia.
«Comencé a intentar dibujar cómics cuando era un crío. Lo volví a intentar cuando era adolescente. Incluso continué en la universidad, pero siempre lo encontré algo muy complicado porque no era capaz de acabar las historias que quería contar».
Con el tiempo, lo que era una falla insalvable, acabó siendo marca de la casa. Los tebeos de Marra acostumbran a ser historias inconclusas que, en ocasiones, continúan en posteriores entregas pero que, llegado a un determinado punto, se interrumpen. Lo más curioso de todo es que, narrativamente, la fórmula funciona estupendamente.
«Las historias inacabadas son un homenaje a los tebeos de los años 90 que empezaban pero que no acababan nunca porque resultaba más rentable lanzar un primer número que obtuviera ventas muy importantes y no preocuparse de cómo terminar la historia. De todas formas, los cliffhangers son algo intrínseco a los cómics desde siempre».
Las décadas pasadas, especialmente las de los años 80 y 90, son el caladero en el que Marra obtiene muchas de las ideas y referencias estéticas para sus cómics. Cintas VHS, calentadores, mullets, mallas ajustadas, rótulos de neón… Un catálogo que muchos considerarían el colmo de lo hortera, pero que en manos de Marra se torna pura ambrosía.
«Supongo que es necesario haber crecido en los 80 para entenderlo. Para mí fue una época de formación, un tiempo en el que estaba muy receptivo a la música, a la moda, al diseño a la televisión y las películas de la época. Mis influencias abarcan desde la música a las películas, desde los juegos de rol a las novelas y de nuevo a los tebeos». De todas estas fuentes de inspiración, la que tal vez más desconcierte sea la brillantez de sus diálogos que remiten a los culebrones como Hospital General, Peyton Place o Flamingo Road.
«Es cierto que mis diálogos tienen ese toque melodramático de los culebrones. No veo ese tipo de series, pero sí que me gusta la forma en que desarrollan una historia por entregas y los temas que tratan. Espero que mis cómics sean como culebrones, incluso me gustaría hacer un tebeo totalmente romántico».
Un tebeo de amor surgido de la cabeza de Benjamin Marra vendría a ser como pasar por la batidora una novelita rosa de Corín Tellado, mucha violencia, sexo, cocaína, crack, conflictos raciales, magníficos diálogos, onomatopeyas desopilantes, proxenetas, humor, algún que otro nazi y, por qué no, George Bush, Hezbolá y hasta George Clooney. El resultado, además de delirante y divertido, sería una inteligente crítica a la sociedad occidental.
«Sí, se puede decir que mis tebeos aportan una visión crítica de la sociedad occidental. Todos ellos tratan acerca de elementos de los Estados Unidos de América: el sexo, la violencia, el racismo, la guerra… Uno de estos días trataré el tema del cristianismo y del fútbol americano».
A pesar de los temas de sus tebeos, algunos de los cuales denuncian tramas de corrupción en las altas esferas de la administración de George Bush Jr., Marra no ha tenido problemas a la hora de encontrar el modo de publicarlos. Sencillamente montó Tradicional Comics, editorial que solo tiene un artista en plantilla: Benjamin Marra.
«No sé si tener tu propia editorial es la mejor forma de conseguir editar tus tebeos, pero en mi caso sí que lo fue. Estuve trabajando en periódicos durante bastante tiempo y solía ocuparme del diseño y los artes finales para imprenta. Conocía el proceso y me gustaba ser capaz de controlar todos los aspectos de la producción. Sin embargo, creo que tener un editor, hacer un web cómic o hacer fanzines son formas igualmente válidas para conseguir publicar tus tebeos».
La opción de “conseguir un editor” ha sido justamente la que ha permitido que la obra de Benjamin Marra vea la luz en España. La editorial Autsaider Cómics lanzará a principios de septiembre Sangre Americana, un volumen de más de doscientas páginas que recopila las historias Gangsta Rap Posse, Lincoln Washington: Hombre libre, Las increíbles y fantásticas aventuras de Maureen Dowd, Naked Heroes y la descomunal Night Business. Además Autsaider ya ha anunciado la adquisición de los derechos de la nueva obra de Marra, Terror Assaulter O.M.W.O.T (One Man War On Terror), que en castellano se titulará: El azote del terror. C. A. U. (Comando Antiterrorista Unipersonal). Como era de esperar, Marra está muy feliz de que su obra se pueda leer en la tierra de Don Quijote, Velázquez, Picasso, o Martí Riera.
«¡Es estupendo! Me encanta Don Quijote y todos esos artistas. Son mis héroes. Me gusta mucho la cultura española. Me encantaría vivir allí algún día».
Ya saben, vayan haciéndole sitio en su casa a Sangre Americana o incluso al propio Marra.
Marra: cómics ochenteros con putas y raperos
