Cosas que pasarán este año y de las que no se hablará demasiado (aunque deberíamos)

El año 2013 ha terminado con centenares de piezas en medios de comunicación repasando lo más destacado que pasó en sus 365 días. Y, como una irremediable consecuencia, 2014 ha empezado con centenares de piezas en medios de comunicación repasando lo más destacado que pasará en idéntica extensión. Faltaría por hacer un ejercicio de comparación entre las previsiones del inicio y los resúmenes del final, a ver si van a ser profecías autocumplidas y nosotros sin enterarnos.

(Opinión)

Además del ejercicio casi rappeliano de intentar adivinar qué pasará este año, voy a ir más allá: voy a intentar adivinar qué pasará este año que será importante pero apenas hablaremos de ello.

Empecemos por la política. Seguramente hablemos de algún cambio de Gobierno, de las elecciones europeas de este verano, de cómo suben los movimientos euroescépticos, populistas y más o menos radicales en todo el continente y, sobre todo, de cómo habrá más gente que se abstenga de la que vote, lo que dirá mucho de la crisis política que vivimos y de la mala pinta del proyecto europeo.

Seguro que habrá algún escándalo de por medio, alguna dimisión, alguna entrada sonada en la cárcel y, claro, dos referéndums sonoros como son los de Escocia y Cataluña.

Pero habrá algo quizá imperceptible pero francamente importante para el futuro: los nombres de los que nos dirigirán en unos años se escribirán este año. Pasará seguramente en la oposición, que por narices tendrá que mover pieza, y pasará en algunas comunidades autónomas que inexorablemente cambiarán de gobierno en las próximas elecciones, como Andalucía, la Comunidad Valenciana y… ¿Cataluña?

Fuera de nuestro país la cosa no está mucho más divertida. Obviando las elecciones europeas la atención seguirá fijándose en lugares distantes como Corea del Norte, tan enigmática como terrible, o la escalada nacionalista que se vive en el futuro corazón financiero mundial, con China, Corea del Sur y Japón a la gresca por dominar un puñado de islas. Hablaremos también, claro, de Oriente Medio y Oriente Medio, de Siria, Irak, Afganistán y Pakistán, del hambre y, seguramente, de alguna catástrofe natural.

Pero quizá hablemos menos de la guerra que se prepara en el corazón de África, de que muchos de los países que vivieron en los últimos años la llamada ‘primavera árabe’ celebrarán elecciones legislativas y presidenciales, quizá enterrando definitivamente el proceso iniciado de forma tan llamativa. Deberíamos hablar también de lo que está pasando en Rusia, que controla el grifo energético europeo mientras combate el islamismo caucásico, y del cambio de ciclo que podría estar próximo en el Kremlin… pero no hablaremos de eso a no ser que ese cambio de ciclo sea manifiesto y perceptible.

Seguimos con la economía. Ahora que durante cinco o seis años has aprendido términos tan divertidos como “prima de riesgo”, “deflacción”, “cláusula suelo” o “hedge fund”, resulta que va a empezar a remitir el temporal ¿Eso quiere decir que la crisis se va a acabar? No, claro que no, sino que va a dejar de empeorar. Ahora bien, ni vas a tener el nivel de vida que tenías antes -ni este año ni en muchos años-, ni lo vas a notar mucho en tu cuenta. En economía las cosas empeoran de golpe y mejoran poco y lento.

Pero de lo que no hablaremos es de las nuevas nubes que asoman en el firmamento. Por ejemplo, el previsible derrumbe de Brasil, el país-burbuja por excelencia, que vive sumido en una enorme violencia social, ahondando en las diferencias entre pobres y ricos, mientras los ricos han multiplicado sus fortunas, y donde algunos cazadores de la especulación han hecho fortuna con la preparación de JJOO y Mundial ¿Qué pasará cuando eso pase? ¿Cómo podrá afrontar la Latinoamérica de los mercados locales que ha soportado estoicamente la crisis occidental el estallido de un país como Brasil, si se produce? Y ojo a China, la gran acreedora de EEUU y el supuesto gran dragón que conquistará el mundo… porque podría ser un gigante con pies de barro a juzgar por cosas como la volatilidad de su Bolsa.

Tranquilos, llega el momento del deporte. Y este año, claro, hay Mundial. Si llegamos a semifinales o más seguiremos siendo grandes, si no cabe esperar que se hable de cambio de ciclo, Del Bosque dimita y haya hasta quien critique a los jugadores que llevan ocho años siendo dioses. Habrá también Liga y Champions, y Mundial de baloncesto en España. También, quién sabe, hablaremos de Fórmula 1 con Fernando Alonso, de los españolísimos campeonatos del mundo de motociclismo y del Mundial de ciclismo en pista que acoge Galicia y donde nuestro país también tiene candidatos ¿Os acordáis de lo importantes que fueron Crivillé e Induráin?

Pero hay otros deportes de los que seguramente no se hablará, y deberíamos. Por ejemplo, el ajedrez, que este año ha saltado a la palestra por haber encontrado a un campeón del mundo jovencísimo, de 22 años, suscitó el interés de la gente de pronto y apareció en prensa. Pero, ¿se le hará el mismo caso cuando durante este año ocho competidores jueguen entre sí para ver quién se enfrenta a Magnus Carlsen para disputarle el título?

Bueno, hay dos cosas llamativas: de los ocho aspirantes a disputarle el título a la nueva figura de las tablas sólo uno -además del vigente campeón- no viene de un país exsoviético. Y entre tanto heredero de los Kasparov, Karpov y Spaski, hay dos candidatos a destronar al jovencísimo campeón, también por su edad: los rusos Dmitri Andreikin y Dmitri Andreikin, apenas nueve y diez meses mayor que él, respectivamente. Unos jovenzuelos, vaya.

En tecnología volveremos a hablar de Apple y su iPhone 6, supuestamente más grande, del nuevo iPad, supuestamente más potente, y veremos caer algunas empresas tecnológicas de forma definitiva, como BlackBerry, mientras otras resurgen como Yahoo. Pero quizá lo que será menos perceptible sea un discreto pero constante movimiento estratégico de Google para dar un golpe de Estado en el sector desplazando a muchos de esos fabricantes de quienes se han servido durante años. No hablaremos de ello pero, si pasa, notaremos las consecuencias.

Y, en fin, estará la Ciencia, con sus descubrimientos, avances y logros, los temas sociales, donde la crisis y las protestas en la calle seguirán siendo la tónica, y la Cultura, donde con los contactos adecuados podríamos saber en breve quién se llevará los premios más importantes del año. Porque eso no se improvisa, por si no lo sabías. Ahí hay poco que prever.

Y todo esto sin hablar de muertes, porque seguro que muchas personalidades ancianas fallecerán… y también alguna no tan anciana. La vida es así, y las previsiones así de inconcretas.

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Patrick Thomas

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