Si de algo se siente afortunado Pablo Azkue es de haber tenido la suerte de nacer a orillas del mar, de poder observarlo cada día y de aprender de él. También de poder utilizar la fotografía como una herramienta para poder expresar lo que siente cuando está a solas en el mar. De trabajar sobre un escenario que cambia cada instante y amanece diferente el próximo día al despertar.
Cansado de realizar las fotos desde la arena, optó por fotografiar la tierra desde el mar. «Supongo que cuando empecé con este tipo de fotografía sólo pensé en que eran visualmente atractivas, y comencé el proyecto ilusionado y con muchas ideas para desarrollar. Pero pronto aprendí que debía ser paciente y respetar el ritmo del mar», explica Azkue.
Después de pasar la mayor parte de su vida en el Cantábrico, buscó una luz diferente en el Mediterráneo. Realmente no le importaba el tamaño o la constancia de las olas. «Las olas pequeñas dan mucho más juego de luces y colores de lo que podemos imaginar cuando nos tumbamos en la orilla del mar», dice Pablo Azkue, «basta con esperar el momento ideal y ser pacientes para que llegue un día donde las olas rompan sin viento o con viento terral».
Asegura que ni siquiera hace falta ser fotógrafo, ya que él nunca ve lo que dispara. Se lo impide la cámara especial, de gran peso y volumen, que utiliza para tomar esas instantáneas del mar. Con un brazo extendido sujeta a duras penas un equipo que pesa más que alegrías suele dar. «Disparo cuando veo que es el momento, pero muy pocas veces lo que siento en ese instante queda expresado en la imagen final».
En un intento de impresionar a quien pudiera ver su trabajo, comenzó a trabajar con las olas grandes. Pero con los años, Azkue ha aprendido que las olas pequeñas tienen mucho que aportar. «Son pequeños tesoros dentro de una gran inmensidad, pero no menos importantes que las grandes olas del mar. Olas que rompen en la arena, que chocan contra paredes frente al mar. Olas que muestran la belleza de la vida, que nacen a miles de kilómetros y terminan su recorrido entregando su energía para que la vida no se detenga jamás».
Un buen día se dio cuenta de que nada sucede por casualidad. Las diferentes técnicas utilizadas y las localizaciones seleccionadas tenían mucho que ver con lo que el autor sentía y quería expresar. Después de muchas horas mojado, entendió que el movimiento da la vida y que el agua nunca está quieta en el mar. Que nosotros también somos agua y por eso brota salada cuando lloramos. Que el mar es sentimiento y la tierra, racionalidad. Que las personas no somos tan diferentes, ya que todos estamos compuestos de un 70% de agua. Que los tesoros más preciados permanecen escondidos bajo el mar. En definitiva, que si hay alguna manera de representar la conciencia, posiblemente sea a través de la inmensidad del mar. «Entendí que no buscaba olas, sino respuestas a las preguntas realizadas años atrás. Preguntas que se hace cualquier niño que no entiende la realidad».
Y en un momento dado salió del agua y se alejó del mar. Y lo que vio fuera no le gustó. «De hecho, estuve a punto de perder la conciencia, de perder el agua y de echar por tierra todo lo vivido años atrás. De convertirme en uno más de una lista interminable de personas sin mar. Pero me propuse ser valiente para intentar ayudar desde el mar. Contar lo que el mar me ha enseñado a través de un proyecto muy personal. Una forma de representar la conciencia, utilizando como elementos la tierra y el mar. Un lugar que explica que hacemos la guerra porque no sabemos amar», señala Pablo Azkue. Y todo eso lo materializó en una web: desdeelmar.net.
Ese niño ya ha crecido, tuvo la mejor infancia que podía imaginar. Ahora sólo quiere que todos los niños sean niños y puedan jugar tranquilos en la orilla del mar.
30% Tierra. 70% Mar
Cuando los sueños se hacen realidad
Desdeelmar es un lugar para soñar, un lugar donde incluso los sueños pueden hacerse realidad. Una manera de entender la vida desde otro punto de vista, las antípodas de la racionalidad. Donde uno comprende lo especial que es sentirse diferente, cuando entiende que sólo puede serlo en un 30% de su totalidad. La manera de sentir que es posible juntar el planeta, si se hace desde el mar.
Desdeelmar es un baño de conciencia, un baño de humanidad. Una oportunidad de desnudarse de toda tierra y enfrentarse al mar. Es una prueba definitiva para comprobar si tu nivel de agua está donde comienza la vida, y si el mar está en su lugar. Es un cuento que narra cómo los cobardes pelean en tierra y los valientes ayudan desde el mar.
Desdeelmar es un sueño, es la ilusión de un niño que soñaba con otra realidad. Un sueño donde todo es posible, un sueño que tienen todos los niños cuando tienen una edad. Un cuento donde Superman salva el mundo y Peter Pan hace magia. Una historia para quien sabe que los niños sólo dicen la verdad.
Pero a veces los sueños se convierten en pesadillas, suceden cosas que no puedes controlar. Cosas que destrozan tu conciencia y la conciencia de los que amas desde el mar. Sucesos que llegan como tormentas que arrasan tu vida y la vida de los demás. Momentos donde las razones de tierra sólo te muestran dos opciones: o recuperas pronto tu conciencia o como única opción sólo te queda matar.
Esta es la historia de ese niño, que decidió buscar la conciencia y encontró una piedra mágica en la orilla del mar. Una piedra que tenía movimiento, que le contó la historia de su vida, de una vida mirando el mar. Le dijo que sólo los valientes cambiarían el mundo si lo hacían desde el corazón, desde los sentimientos y el agua, desde la conciencia del mar. Le prometió que si era valiente, su sueño de niño se haría realidad.
[…] En la cresta de la ola. Fotografías de “túneles acuáticos”: http://www.yorokobu.es/desdeelmar-pablo-azkue/ […]
Kaixo. Fotografias estimulantes, vivificantes, con sabor a mar y salitre. Un aplauso y animo para todos vosotros que sentis en vuestro interior la fuerza, la pasion, y sabeis compartirlo con los demas.