Todo arrancó con un cabreo monumental, en Barcelona, el 14 de diciembre de 2013, puestos a ser exactos. La Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas celebraba su 25º aniversario con programación de campanillas y cena de gala. Entre las actividades figuraba la presentación de un aceite acalórico, con un 90% aceite de parafina y un 10% de oliva.
«El primer grito de «¡¡¿¿Pero esto qué es??!!» lo lanzaron Marc Casañas y Lucía Martínez», recuerda Aitor Sánchez García, autor de Mi dieta cojea. Aquel hatajo de escandalizados por una injerencia tan flagrante de la industria alimentaria en unas jornadas de profesionales de la dietética y la nutrición pasó a formar un grupo en Google Plus en 2014 y a constituirse, en 2016, en asociación científica, Dietética sin Patrocinadores (DSP). «Es el 15M de la nutrición», compara Aitor en su blog, porque ha inculcado en la profesión «espíritu crítico» y «una pequeña pincelada de escepticismo y de preguntarse las cosas».
También se le parece en su capacidad para canalizar la indignación y el ruido en un movimiento social. Y por las críticas que recibe del exterior. De antisistema, equivocados de la vida y perroflautas a románticos, utópicos o naifs.
Así lleva dos años, 23 hangouts de divulgación científica, unos 16.000 seguidores en Facebook, 190 socios que pagan una cuota anual de 10 euros, precio simbólico, casi como un donativo, y tres jornadas anuales cuya inscripción cuesta 15 euros y siempre se llenan.
«Los ponentes no cobran y no se alojan en un hotel de cinco estrellas», explican, cómo no por hangout, Sánchez y Ximo Escamilla, miembros de la comisión de comunicación y prensa de DSP. «No necesitamos más; no tenemos una gran estructura ni cuentas que pagar a nadie; eso agiliza mucho», apostilla el primero.
«Cada vez hay más gente que nos conoce; estudiantes que se cuestionan lo que les dicen sus profesores, personas interesadas en el tema. Nuestra asociación no es de dietistas-nutricionistas; está abierta a todo el mundo», añade el segundo.
De hecho, el gremio de pescaderos de España hubiera coreado gustoso «Más sardinas y menos estatinas», el eslogan bajo el que DSP convocó #SanidadDesnutrida: una manifestación para pedir la presencia de especialistas en nutrición y dietética en la sanidad pública, que se celebró el 10 de mayo de 2015.
Cada vez hay más profesionales de la nutrición «haciendo ruido», como dicen desde DSP, offline y online; denunciando alimentos que se venden con publicidad engañosa o afeando su postura a asociaciones científicas o profesionales que avalan con su nombre productos no saludables (como el caso de la Asociación Española de Pediatría con su sello puesto en unas galletas de dinosaurios).
[pullquote]Que haya patrocinadores en unas jornadas o en un congreso sobre nutrición no es, per se, ni bueno ni malo. La relación de la industria con las sociedades científicas no es apocalíptica, es algo natural; el problema es que es fácilmente corruptible[/pullquote]
La web NoGracias, que se presenta como «organización civil independiente por la transparencia, la integridad y la equidad en las políticas de salud, la asistencia sanitaria y la investigación biomédica», dedicaba un post en 2013 a la XIV Jornadas de la Sociedad Vasca de Medicina de Familia y Comunitaria (Osatzen), que rechazaban cualquier financiación de la industria.
Luis Cabañas, autor del blog Como cuando como, mira entre bambalinas las firmas que hay detrás antes de decidir si acudir (o no) a un congreso o a unas jornadas. No le atrae, dice, el típico sarao de una semana «a todo tren para quien organiza y para los invitados, como unas vacaciones», a cientos de euros la inscripción. «Pertenece a un modelo obsoleto, anticuado y poco democrático. No voy no por boicoteo sino por simple dejadez; no me interesa». Y cree que la tendencia está creciendo entre sus compañeros dietistas nutricionistas.
Frente a ese modelo opone la IV Jornada DSP, que se celebrará el 6 de mayo: «Los ponentes son asistentes elegidos por sus compañeros a la hora de inscribirse; la sede se elige por votación abierta y en redes sociales».
Hay jornadas que buscan empresas sin nada que ver con la nutrición, como bancos. Por ejemplo, las de CODiNuCoVa (Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad Valenciana). Las propuestas de ADINU (Asociación de Dietistas Nutricionistas Universitarios) van sin sponsor y, en todo caso, buscan financiación pública (vía universidad) o piden colaboración a clínicas de dietética de la ciudad. Desgranando Ciencia, un evento de divulgación en Granada, «se financia vendiendo camisetas, pero nadie da sitio a Coca-Cola para que hable», describe Cabañas.
«Que haya patrocinadores en unas jornadas o en un congreso sobre nutrición no es, per se, ni bueno ni malo. La relación de la industria con las sociedades científicas no es apocalíptica, es algo natural; el problema es que es fácilmente corruptible. Hay que poner los mecanismos para que esta corruptibilidad, inherente a cualquier relación humana, se inhiba», opina.
Vale, aceptamos congreso sin patrocinios. Pero ¿y la investigación? ¿Es posible sin una marca detrás apoyando económicamente? «Ese es el discurso del miedo, sin patrocinios no podremos investigar. Pero ¿realmente habéis probado a hacerlo?», reta Cabañas. «Si somos extremadamente dependientes de la industria es porque ese hueco lo ha dejado la investigación pública; si no la hay, el pastel pasa a manos privadas, y entonces se investiga sobre temas que interesan a las empresas o que pueden ser monetizados, pero que no repercuten en la ciudadanía», rebate Sánchez.
«No estamos en contra de los patrocinios, pero hemos decidido que nuestra asociación no los tenga. Al elegir ser transparentes y no tener patrocinadores, lo que buscamos es ser lo más libres que nos sea posible», insiste. Ha sido una especie de acuerdo de mínimos para que todos los integrantes de DSP, entre los que figuran profesionales que colaboran o directamente trabajan en la industria alimentaria, se sientan cómodos bajo su paraguas.
¿Que las cosas se podrían hacer de otro modo? Por supuesto. Igualmente válido y legítimo. Quizás apostando por patrocinios éticos, que no superen un porcentaje concreto ni influyan en los contenidos, ni crucen las líneas rojas. «Pero es así como hemos elegido hacerlas».
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