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Emir Velázquez es un artesano de vespas. Compra motocicletas usadas y se dedica a reinventarlas. Algunas con materiales reciclados, pedazos de basura o partes de otras motocicletas antiguas para tener diseños nunca antes vistos. Un trabajo poco común que consiste en convertir motocicletas normales y aburridas en “motos con actitud”, en sus propias palabras.
Este artesano callejero tiene su estudio en la céntrica colonia Roma de la ciudad de México. Un piso pequeño, en una planta baja, que utiliza como laboratorio. En él, ha asesinado y revivido vespas. Las ha descompuesto en mil pedazos y luego las ha vuelto a unir. Algunas con asientos de leopardo, otras con diseños de arte huichol, alguna con la bandera inglesa, más de una al estilo militar… Las combinaciones son infinitas.
Las Vespas modificadas las vende por pedido o en algunos bazares callejeros. Emir nunca ha puesto su propia tienda ni trabaja a gran escala. Todo el negocio es completamente artesanal y su principal meta es que la gente flipe con sus diseños. “Nuestro objetivo es que la moto sea un objeto que llame la atención al rodar por la ciudad, que la gente voltee a mirar y exclame sorprendida porque no ha visto algo igual. El reto es la originalidad, nuestro limite es tu imaginación”, explica el artesano.
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El proyecto se inició hace unos cinco años. Sus vecinos tenían Vespas y él quería una también, solo que más original. Velázquez empezó a utilizar su imaginación para transformar estas motocicletas urbanas y empezó a comercializarlas. Poco a poco montó su taller independiente en el que trabajan tres personas más con una amplia cartera de proveedores.
Se ha empezado a correr la voz sobre su destreza con las motos entre personas que han visto sus piezas, se interesan por su peculiaridad y quieren una. Hay quienes le han llegado a pedir que les diseñe una vespa como cuadro para colgar en la pared.
Su proceso creativo es sencillo. Tiene una idea y busca cualquier tipo de material para hacerlo. Aunque algunos inversionistas se han interesado en comercializar sus creaciones a gran escala, él prefiere conservar el lado artístico y urbano de su trabajo.
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La reconstrucción puede costar entre 2.500 y 4.000 euros más el coste de la moto. Si se trata solo de personalización, el montante puede ser de unos mil euros más la moto. El precio total a la hora de venderlo, apunta Emir, depende de la dificultad y originalidad del pedido. Una de sus Vespas, la que está pintada por todos lados con diseños huicholes, llegó a venderse por cerca de 31.000 euros en Estados Unidos.
–¿Qué tipo de personas están interesadas en comprar una moto así? – le preguntamos.
— Pues gente exigente con buen gusto y excéntricos con estilo – responde el cirujano de las Vespas.
El trabajo se gesta en unos nueve meses. Lo más importante es saber lo que quiere exactamente el cliente y en base a ello empezar a crear. El propio Emir cambia constantemente de Vespa y dice que todas son sus favoritas «por igual». Según el cirujano mecánico lo que más le gusta de su trabajo es «saber que estaba olvidada y la vimos renacer”.
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Patrick Thomas

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