El blog mató a la estrella de Instagram

Todo lo que aparece en Instagram es falso. Las menciones a productos de los famosos están en un 99% patrocinadas. Todas las sonrisas son forzadas, las poses sexys están estudiadas y el look casual de los selfis está ensayado cientos de veces, editado hasta la saciedad. No lo decimos nosotros, lo dice Essena O’Neill, una estrella adolescente de Instagram que en apenas una semana se ha convertido en un ariete contra «la falsedad» de esta red social.
El 27 de octubre, O’Neill rebautizó su cuenta en Instagram como Social Media is not real life, borró 2.000 fotos «que no tenían más propósito que la autopromoción» y editó el resto, ofreciendo una descripción más realista de las mismas. Tenía entonces medio millón de seguidores.


O’Neill aparece en un ajustado vestido blanco en una foto doble que la muestra por delante -sonriendo despreocupadamente – y por detrás -atusándose el cabello-.  «No pagué por este vestido, me llevó incontables fotos intentando salir sexy para Instagram. El proceso me hizo sentirme increíblemente sola».
La adolescente descansa en una playa paradisiaca mirando distraídamente a su toalla. «No habré comido ese día. Habré gritado a mi hermana pequeña para que siguiera haciéndome fotos hasta conseguir algo de lo que sentirme orgullosa».
La ex it-girl saltea estas fotos con mensajes animalistas y de autorrealización. Letterings inspiradores que hablan de la sociedad del consumo y las redes sociales. Los mensajes de apoyo y los likes se acumulan por decenas de miles pero O’Neill no los ha leído.
Asegura que no quiere entrar en esa rueda, que no va a estar pendiente de lo que opinan otros sobre sus fotos y que va a abstenerse de mirar las de los demás. En uno de sus últimos vídeos de su canal de Youtube explica de forma más genérica el porqué de este cambio de criterio.
«Estaba rodeada de toda esta riqueza, esta fama, este poder, y aún así me sentía tan miserable… Soy la chica que lo tenía todo y te quiero decir una cosa», asegura mirando a la cámara con los ojos bañados en lágrimas, «tenerlo todo en las redes sociales no significa nada en la vida real».

Abandonar una red social en el máximo de su apogeo no es nada nuevo. Son precisamente los primeros en abrazarla, los llamados early adopters, aquellos que menos tardan en abandonar el barco. Ya sucedió con Facebook allá por 2012. Leaving Facebookistan en el New Yorker, What I learned when I quit Facebook en el Daily Muse o Why I quit Facebook and why you ought join me en PolicyMic fueron artículos de opinión que reflejaban una tendencia global, el abandono en forma de pataleta de una red social.
Los motivos son de sobra conocidos gracias a una peculiaridad de las redes sociales. Cuando te desinstalas una aplicación, cuando dejas de leer un libro o abandonas una serie simplemente lo haces. No te gusta, lo dejas: tan simple como eso. Cuando abandonas una red social no. Tienes que explicarle a todo el mundo tus sentimientos y defender que exponerte demasiado es insano.
O’Neill ha creado un blog para explicar por qué ha cambiado su forma de ver Instagram, ha subido un vídeo de 17 minutos explicando por qué está cansada de esta red social. Su argumentario es muy similar al que muchos esgrimían hace tres años para dejar Facebook y no deja de recordar al de los libros de autoayuda.
«Disfruta de la vida real». «Sal ahí afuera y habla con la gente». «Las redes sociales son muy falsas». Estas afirmaciones fueron y son vendidas como dogmas, como si una desconexión de estas redes sociales garantizara una vida más llena. Lo más irónico es que estos artículos y vídeos que abogan por una desconexión, son tremendamente virales en las redes sociales. Eso lo saben los medios -que potencian los artículos hablando de las maldades de Facebook, Twitter e Instagram- y , como no, los trendsetters.

I had acne here, this is a lot of makeup. I was smiling because I thought I looked good. Happiness based on aesthetics will suffocate your potential here on earth.

Una foto publicada por Social Media Is Not Real Life (@essenaoneill) el


Essena O’Neill no ha dejado Instagram. Al cierre de este artículo roza los 800.000 seguidores y sigue subiendo de forma imparable. En la descripción de su perfil insta a los usuarios a visitar su nueva web en la que anima, a través de vídeos y escritos, a que la gente comprenda que somos más que simples imágenes.
«Quiero crear camisetas para este movimiento», dice O’Neil al final de su vídeo con los ojos todavía enrojecidos. Fundido a negro y un mensaje: «Necesito dinero para pagar la renta y la comida. Si consigues algo con mis vídeos o mi web paga lo que vale esto para ti en la barra de apoyos». Puede que O’Neill no vaya a dejar de sacar dinero de las redes sociales después de todo. Puede que estemos ante uno de los casos de rebranding más efectivos que jamás haya hecho una it-girl.
Actualización: Las imágenes de este artículo ya no se ven porque O’Neil, tal como dijo, ha cerrado su perfil de Instagram.

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Patrick Thomas

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