Llegar a casa y quitarte los zapatos. Despanzurrase en el sofá, poner los pies en la mesa y encender la tele o el equipo de música. La nevera está llena, los niños juegan en su cuarto, ya están regadas las plantas y el vecino te acaba de contar que mañana va a hacer un buen día. Hasta ahí todo como siempre, como le ocurre a cualquier familia. Lo que marca la diferencia en el caso de Carlos López y Ana Módenes, un matrimonio barcelonés con dos hijos de cinco y dos años, es el momento de correr la cortina. A veces ven el barrio de Gracia de Barcelona, otras el Big Ben, en ocasiones están fuera los bosques suecos o las cordilleras pirenaicas e incluso se han llegado a despertar con el Empire State justo en frente de la ventana.
Esta pareja hace ya ocho años que no tiene una reserva de hotel. Y no será porque no viajen. En ese tiempo, han conocido 18 partes distintas del mundo -niños en la maleta incluidos- con la alegría de no haberse gastado ni un euro en dormir fuera y la comodidad de haber estado como en casa. El truco: intercambiar su piso. Es decir, si a otra familia le apetece pasar unos días disfrutando de su apartamento en Barcelona, a ellos les parece igual de genial dejarlo libre a cambio de la vivienda de sus huéspedes en Manhattan. Para la gente que busca lo mismo que ellos han lanzado una web llamada Happy Hamlet, una comunidad de viajeros que disfrutan descubriendo nuevos lugares como si fueran locales.
«Hamlet en inglés significa aldea y ese espíritu acogedor de una pequeña comunidad de viajeros es el que queremos para nuestra web, personas que comparten su deseo de viajar y sentirse en casa allá donde van”, define Ana.
Carlos, añade que ellos descubrieron en este método “la mejor manera para viajar en familia”. Un día de 2005 decidieron probar a ofertar el intercambio de su piso en una página norteamericana. “Escribimos escépticos”, confiesa, “y ¡recibimos más de diez propuestas!”. Así, de pronto, sin necesidad de calcular gastos de estancia, estaban pasando tres meses en Nueva York encadenando tres intercambios con tres familias estadounidenses que querían vacaciones en Barna.
En periodos que han ido desde los tres meses hasta escapadas de fin de semana, ya han llevado en el bolsillo llaveros de San Francisco, Nueva York, los pirineos franceses, Berlín, Londres, Ámsterdam, Copenhague, Estocolmo, Silkeborg, Bolquerque o Järfälla.
El ahorro familiar es indiscutible. Carlos echa mano de los datos del Ministerio de Turismo y pone cifras a sus veraniegos presupuestos: “El gasto medio diario de una familia que viaja al exterior es de 122,2€ por día cuando se aloja en un hotel; cuando la estancia se realiza en casa de un amigo, como es el caso de los intercambios, es de tan solo 45,9€. «Por ejemplo, los tres meses en Nueva York, calculamos que nos habrían costado casi 10.000 dólares solo en alojamiento”.
Aún con esas, no consideran que la cuestión económica sea lo único que se gana con esto: “La experiencia es más real”, afirma el intercambiador, “vives en la casa de una persona local, tienes vecinos para hablar, vas a comprar a la tienda del barrio, compartes información con familiares o amigos de la persona con la que has intercambiado… Te sientes como uno más de esa ciudad, y además, al no pagar alojamiento y comer en casa, puedes dedicar el presupuesto a otras cosas”.
A menudo los participantes también se intercambian los coches, “y una cosa que les encanta a los niños, si también hay niños en la otra casa, es poder usar sus juguetes”. El acuerdo supone casi un cambio de identidades familiares. Carlos, Ana y sus chicos ya han tenido que cuidar de plantas, gatos e incluso acuarios. En su próximo intercambio, que les llevará hasta una casa de un bosque de Dinamarca, se quedarán a cargo de dos perros, dos gatos y dos caballos. “Va a ser una gran experiencia para los niños”, considera la pareja.
Los mayores problemas con los que se han topado los recuerdan con nostalgia: haber tenido que buscar llaves siguiendo ‘mapas del tesoro’ de los dueños, tener que descifrar instrucciones hechas a mano pegadas a los electrodomésticos, o tener que echar mano del diccionario para poder poner la lavadora.
Ellos empezaron usando otros portales. Algunos como Craigslist , Knok, My Twin Place, Intercambio Casas, Home for Home, Home Xchange Vacation, Home Link, o IntercambioDeCasa son algunas de las web donde los usuarios pueden echar un vistazo a la oferta de almohadones ajenos. La novedad que introduce Happy Hamlet, según sus fundadores, es que cuenta con un sistema de micromensajes estilo twitter que facilita a los usuarios la búsqueda de destinos e interesados.
La comunidad es gratuita, “a excepción de la modalidad premium con funcionalidades adicionales”, explica Carlos. Para hacer un intercambio, simplemente se debe abrir un perfil para indicar planes de viaje, destinos y fechas. “Una vez que estás en contacto con la otra parte, se trata de conocerse un poco cruzando unos correos para empezar a sentirse cómodos y dejar de ser unos extraños”, detalla la pareja. Además puntualizan que también se puede hacer el intercambio si se vive de alquiler, porque “es igual que dejarle el piso a un amigo. Y no está solo enfocado a familias. También intercambian piso parejas e incluso personas solas”, añaden.
Por el momento el sistema tiene mayor acogida entre europeos, norteamericanos y expatriados de estos continentes, pero Carlos, Ana, sus niños y su proyecto no piensan limitar a eso sus aspiraciones vacacionales. Próximo destino: “Japón y descubrir Asia y Sudamérica”, se ilusionan. “Ya hemos recibido ofertas de Japón, Hawai o Tailandia…”
Ahora a estos urbanitas les toca ir haciendo maletas y desempolvando sus conocimientos sobre el cuidado de equinos; la semana que viene, eso será lo que verán desde la ventana de casa.