La ciudad fantasma del suroeste de Madrid

Está abandonado pero no vacío. El cuartel militar de Campamento lleva años deshabitado, ocupando 891 hectáreas de tiempo pretérito en el suroeste de Madrid. «En algunas de esas estancias da la sensación de que la persona que estaba allí se fue sin tocar nada, los objetos siguen encima de la mesa como si algún día fuera a volver“, cuenta Pablo Baqué, el fotógrafo que ha dado uso (artístico) a un proyecto urbanístico ideado por el socialista Joaquín Leguina y que lleva décadas paralizado por las diferentes administraciones públicas.

Viviendas protegidas que nunca llegan en lo que podría ser todo un nuevo barrio de la ciudad y que, gracias a la mirada de Baqué, constata una realidad: «Quiero retratar la España más «española». Aquella que recordamos de un pasado próximo autoritario, centralista, donde las realidades tenían una proporción más humana y los ideales eran fácilmente identificables. No pretendo ennoblecer una época que a duras penas viví; lo que busco es proponer otro punto de vista sin ningún tipo de carga socio política“.

En su anterior proyecto «Abandoned Factories“ el fotógrafo ya disfrutaba encontrando vida aparentemente inerte en este tipo de espacios, que dejan de tener uso y es entonces cuando se convierten en algo para lo que no estaban concebidos. También se inspiró en los «paisajes manufacturados“ de Edward Burtynsky, quien registró los cambios que la industralización hace de nuestro entorno cercano. Mientras exploraba Madrid, a donde se trasladó a vivir en 2011, encontró este microuniverso congelado en el tiempo, cerca del Paseo Extremadura. Entonces juntó todas las piezas para crear «Campamento“.

A juzgar por otros de sus trabajos previos, Pablo Baqué hace que las personas sean protagonistas invisibles de sus imágenes, presentes en ellas solo a través de lo que dejan atrás y sin que sea simplemente su rostro las que las defina. Para él, «lo mejor de una fotografía es lo que uno no ve, pero intuye. Es más representativo de alguien una imagen del salón de su casa, su nevera o su mesa de trabajo que un retrato. La no presencia invita a imaginar y proponer al espectador que construya, en medida de su conocimiento y experiencia, una historia acerca de las personas que algún día estuvieron allí».

Enfrentarse a lo cotidiano en una situación poco común son dos de los factores que componen la ecuación de esta propuesta fotográfica. «En un proyecto como Campamento  uno se mueve a solas por lugares en los que nunca había estado, así que lo impulsos de decidir qué fotografiar son detalles que te vas encontrando, como una silla o un póster. Son esas cosas que por tu experiencia reconoces y hacen que te fijes».

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Patrick Thomas

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