Nuestro día a día está lleno de cosas que utilizamos aunque no sabemos cómo funcionan. Desde el agua corriente hasta la luz, no muchos son capaces de explicar el milagro de abrir un grifo o apretar un botón para que algo funcione. Ese es parte del secreto del éxito de los productos de masas: suficientemente sencillos como para que cualquiera los use, suficientemente complejos como para que aporten algo realmente útil.
Si eres un lector normal seguramente no sepas explicar bien qué son (o eran) los RSS, y sin embargo casi seguro que los utilizas de alguna forma. Se trata de una tecnología que se intentó popularizar hace casi una década, cuando internet iba sobre todo de universalizar el acceso a la información. En aquellos días la idea de tener la capacidad de publicar contenido a bajo (o nulo coste) era revolucionaria: entonces los blogs eran lo más y emergían por doquier pequeños líderes de opinión hasta entonces ajenos a las grandes masas.
La importancia empezó a recaer poco a poco más en los individuos que en las publicaciones y empresas, y el modelo se vio aún más fortalecido cuando se generalizaron las redes sociales. La figura del ‘influencer’, el tuitero estrella o el blogger de referencia se crearon con los barros de aquellos días a imagen y semejanza de las estrellas de televisiones y revistas de antaño.
La multiplicación de voces trajo consigo una sobreabundancia informativa que los medios actuales aún pelean por gestionar. Y entre tanto ruido, una nueva dimensión del negocio digital: la personalización. En el fondo cualquier pequeño aspecto sirve para personalizar el uso de lo tecnológico. Desde aquellos primigenios Nokia con carcasas intercambiables al negocio de los politonos o los fondos de pantalla. De eso a las fundas, los teclados o la decisión de instalar tales o cuáles aplicaciones y diseñar de una u otra forma tu dispositivo. Pero, en el fondo, todos son lo mismo más allá de la falsa creencia de que nosotros lo hemos hecho único.
La idea de la personalización se convirtió en el arma elegida para enfrentarse a ese dragón de infinitas cabezas que era la sobreabundancia, y en esa batalla los RSS fueron una tecnología prometedora. Las siglas responden a ‘real simple syndication’, y se refiere a una programación que permitía al usuario suscribirse a contenidos diversos para crear una especie de publicación soñada: una revista actualizada sólo con los artículos de los temas que te interesan, provenientes de tantas fuentes como quisieras. ¿Que te gusta la cocina? Tus canales de YouTube favoritos, las secciones de los generalistas, las publicaciones especializadas, los tuits de cuatro o cinco cocineros famosos, las fotos del Instagram del dueño de tu local favorito y los artículos que solo ese autor tan interesante publica en no sé qué medio.
Ahí, para ti, sólo lo que tú has elegido leer, sin necesidad de abrir cada día cada uno de esos medios, todo el contenido se reunía y ordenaba ante tus ojos.
Tan prometedora tecnología se quedó, sin embargo, en eso: en prometedora. No era fácil usarla, porque tenías que buscar el enlace, y esperar a que cada fuente tuviera habilitado un canal de suscripción (algunos aún siguen en marcha). Además, los ‘lectores’ -así se llaman los programas que leen y muestran tus suscripciones- no siempre tenían un diseño atractivo. El resultado: fue una tecnología que cautivó a los internautas más acérrimos y que los periodistas usamos con pasión, pero que pocos usuarios más allá de estos colectivos conocen en realidad.
Así las cosas, el mayor proveedor del mundo en este sector, Google Reader, decidió cerrar su servicio: era demasiado caro de mantener para que apenas un puñado de frikis lo usaran. Con el tiempo, otros interesantes experimentos para crear RSS, como Yahoo Pipes, también fueron abandonados.
Lo que parecía la puntilla a la tecnología no fue, sin embargo, el final de la historia. De hecho, y volviendo al arranque del artículo, muchas tecnologías han tomado parte de la idea para crecer. Piensa, por ejemplo, en Twitter o Facebook: tú te ‘suscribes’ sólo a lo que algunos usuarios o amigos dicen, así que no ves todo lo que se publica sino la porción que a ti te interesa. O piensa en esas apps de móvil en las que eliges qué medios quieres leer y ellos te ofrecen un periódico personalizado. No dejan de ser intentos algo limitados de hacer manejable una idea que no era usable para el común de los usuarios.
Sin embargo, y a pesar del duro golpe que supuso para esa tecnología el hecho de que Google cerrara Google Reader, años después la idea sigue viva y luchado por solventar algunos de sus grandes problemas. Por ejemplo Flipboard, una app que sirve para visualizar suscripciones de este tipo y darles la apariencia (más o menos) de revista, supuso un boom de usuarios ‘normales’ hace años. Desde hace meses, además, se rumorea que Twitter estaría interesado en comprar su tecnología. También está el caso de Feedly, un servicio similar que supo recoger a miles de usuarios que tuvieron que liarse el petate de sus fuentes y abandonar Google Reader haciendo mucho más sencillo el proceso: con poner la URL de la fuente ellos mismos creaban la suscripción.
El salto definitivo que reactive lo que las RSS quisieron ser podría venir, curiosamente, gracias a uno de los mayores competidores de Google. Apple anunció en su keynote de primavera que iOS 9, la última versión de su sistema operativo en dispositivos móviles (iPhone, iPod, iPad) vendría con una app llamada News. Se trata en realidad del viejo ‘Kiosco’, que más allá de ser una plataforma de pago para leer medios online, es una app que intenta dotar de un diseño único y atractivo a tus fuentes. La diferencia es que no serás tú quien elija en principio cualquier fuente, sino que te darán un catálogo cerrado de publicaciones que luego (aseguran) se irá ampliando.
Si Apple consigue dotar de buen diseño a la tecnología y meterla en el bolsillo de millones de usuarios la idea, o al menos su esencia, podría resucitar. Esa vieja idea de llevar una revista o periódico sólo con lo que más nos interesa, con nuestro medio de comunicación personalizado. A fin de cuentas, y aunque nos esforzáramos en matarlas, igual las RSS no estaban tan muertas.
La magia de reunir todo lo interesante en una sola publicación
