En los años 60, mientras la población se maravillaba de ver las primeras imágenes de la Tierra tomadas desde un satélite, los ejércitos norteamericano, soviético y sus aliados correspondientes estaban ya aburridos de ver el planeta desde el cielo y espiar cualquier rincón que se les antojase.
Para hacerse una idea del nivel de desarrollo de esa tecnología, no hay más que recordar el documental que el Estudio Eames realizó para la compañía IBM en 1977 con el título Powers of ten.
En él, el espectador podía hacer un viaje virtual desde un parque de Chicago hasta el espacio. Cada 10 segundos, la cámara se alejaba una distancia 10 veces mayor de la que estaba en el punto anterior. Posteriormente, la cámara regresaba a su punto de partida y entraba en el cuerpo de un hombre con el mismo procedimiento hasta llegar a su ADN.
Casi 40 años después, la tecnología militar permitió el desarrollo de Google Earth, herramienta con la que se puede disfrutar desde casa de una experiencia similar a la mostrada en el documental del matrimonio Eames.
Recientemente, un grupo de programadores, profesores y artistas han dado un paso más allá en las posibilidades de Google Earth y han creado Terrapattern, una herramienta a través de la cual podemos localizar en el mapa lugares que se asemejan a otro dado previamente.
Desarrollado por el Frank-Ratchye Studio, bajo las directrices de un equipo de seis personas encabezados por Golan Levin, profesor asociado de Computation Arts en la Carnegie Mellon University, Terrapattern permite básicamente seleccionar un fragmento de una imagen de satélite, obtener un conjunto de lugares aparentemente semejantes que se encuentren en los alrededores y descargar una lista de esos lugares en formato GeoJSON, destinado a codificar datos geográficos.
Aunque la fuente de la que obtiene las imágenes es Google Earth, Terrapatern aporta a esta herramienta un sistema de reconocimiento que relaciona cientos de miles de imágenes y que a través de un logaritmo ‘aprende’ a determinar qué elementos son relevantes y cuáles resultan prescindibles a la hora de establecer las similitudes que se buscan.
El sistema está aún en desarrollo y por ahora sólo está operativo para ser utilizado sobre la superficie de cuatro ciudades de Estados Unidos: Nueva York, Detroit, San Francisco y Pittsburgh. La razón es únicamente técnica. Mapear un metro cuadrado requiere 10 GB de memoria RAM. Cubrir toda la superficie terrestre les va a llevar un poco de tiempo.
Sin embargo, incluso en los territorios disponibles todavía hay que ajustar determinadas cosas que no funcionan del todo bien y de las que en Terrapattern son totalmente conscientes, hasta el punto de advertírselo a sus usuarios.
Entre esos fallos se encuentran los errores generados por las propias limitaciones de Google Earth, que no permite un correcto funcionamiento en zooms por encima de x19. También puede suceder que los mapas online hayan cambiado respecto de los que el equipo de Terrapatern utilizó a la hora de determinar los parámetros de reconocimiento y que los resultados no sean los esperados.
Puede que las búsquedas no sean del todo exactas porque se hacen por grupos de píxeles o baldosas y no por píxeles individuales. Por último, puede suceder, sencillamente, que lo que se está buscando sea tan peculiar que no haya ninguna otra muestra semejante, como sucede con el Sandcastle Water Park, parque acuático situado en Pittsburgh.
Aunque en un primer momento Terrapattern pueda parecer un mero entretenimiento o una herramienta puramente lúdica –grupos de skaters la emplean para localizar propiedades privadas con piscinas abandonadas en las que colarse para patinar–, sus utilidades pueden ser de gran trascendencia para la sociedad.
Los arqueólogos, por ejemplo, podrán iniciar búsquedas destinadas a localizar ruinas partiendo de las imágenes satélites de otras ya conocidas. También será posible analizar con más detalle los asentamientos humanos, su evolución o su influencia sobre el territorio.
Los urbanistas tendrán más datos para determinar mejor las necesidades de una ciudad. Los grupos ecologistas podrán localizar explotaciones petrolíferas, minas ilegales o vertederos de neumáticos como el de Seseña.
Por su parte, a los movimientos de derechos humanos les resultará más fácil localizar fosas comunes en función de una imagen patrón que muestre que, en un determinado lugar, ha habido inusuales movimientos de tierra.
El objetivo del equipo de Terrapattern es que, en un plazo de tres años, el servicio proporcione mapas actualizados diariamente y en una resolución mejor que la actual de toda la superficie de la Tierra.
«Nuestro interés», afirman sus creadores, «es proporcionar un software geoestratégico que haga la vida más sencilla a la gente que no tenga demasiada experiencia en el uso de máquinas, pero que esté interesada en ello y que quiera localizar lugares con detalles comunes para un posterior análisis», sea este el que sea.
De acuerdo con esa filosofía, los responsables de Terrapattern han creado el proyecto bajo una licencia de Creative Commons y todo el software es código abierto disponible bajo licencia de MIT. Cualquiera puede echarles una mano para acelerar el desarrollo o mejorar el resultado. En último término, siempre cabe la posibilidad de compartir las curiosidades obtenidas usando la herramienta a través de su hashtag de Twitter #terrapattern.
Brillante y espectacular. Y como decían hace más de un siglo en una zarzuela, «Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad»