Prince falleció ayer, repentinamente, a los 57 años de edad y, como viene siendo costumbre, tanto la prensa como los seres humanos normales desataron una hemorragia de calificativos de ‘todo a cien’ dedicados (aquí vamos) al ‘genio de Mineápolis’. El gran transformador de la música negra, el extravagante artista que no dejaba a nadie indiferente, el artista antes conocido como el símbolo, como ‘El Artista Antes Conocido Como Prince’, como TAFKAP, como The Artist o, antes de todo eso, conocido otra vez como Prince… Ya saben, cuando ocurren estas cosas, hay barra libre.
La noticia es inesperada y, sobre todo, muy triste. Cuando un huracán creativo como ese se marcha de este mundo, lo que se pierde no es un artista sino algo del patrimonio cultural de la humanidad, hayas sido fan suyo o no.
Sin embargo, sí hay que celebrar que la obra de Prince sobrevive a su deceso para siempre y que, qué diablos, su ego también es inmortal. Los que ya sepan de su colaboración en el homenaje que se hizo a George Harrison en la ceremonia del Rock and Roll Hall of Fame de 2004 no se sorprenderán de la facilidad que tenía el músico para absorber miradas y atención. Prince apareció para hacer el solo de guitarra de While My Guitar Gently Weeps, lo hizo, mandó la guitarra a tomar por saco y allí se quedaron Tom Petty, Steve Winwood, Jeff Lynne y Dhani Harrison (hijo de George) con cara de este-chaval-está-fatal-de-lo-suyo.
El testimonio más delirante acerca de cómo funcionaba la ‘Prince Corporation’ lo dio hace algunos años Kevin Smith. El director, cuyo talento para contar historias ante un micro no desmerece nada de su habilidad como cineasta, explicaba cómo Prince, su entorno o quien Dios quiera que se encargue de esas cosas en el universo del creador americano, contactó con él para llevar a cabo un proyecto.
Smith, que es fan de Prince, se quedó helado con la llamada. La aventura que estaba por comenzar quedará para los anales chanantes de la historia de la música.
[Ring, ring…]
– Hola, Kevin.
– Hola, Prince.
– Kevin, haces películas llenas de palabrotas. ¿Podrías hacer una película sin malas palabras?
– Sí, supongo, pero… ¿por qué molestarse en ello? – responde Smith.
– ¿Eres consciente de que las palabrotas ofenden a algunas personas? ¿Es tu intención ofenderlas?
Esa conversación telefónica dio lugar a la que sería (y finalmente no fue) primera película de Kevin Smith en la que no se escucharían palabrotas. Prince quería crear una cinta con la presentación de un disco y llevarla a Cannes. La idea pasaba porque fuera una película basada en la música pero quería hacer cosas como «poner la frase ‘Jesucristo es el hijo de Dios’ en la pantalla y ver cómo [los espectadores] lidian con eso».
Digamos que la capacidad de síntesis de Smith brilla por su ausencia. Por una vez eso es algo a celebrar porque cada frase de su narración es delirante. El vídeo está en guachi guachi (vamos, en inglés) con subtítulos en español.