En 1946, el ejército estadounidense creó ENIAC, el primer ordenador completamente digital. Pero lo que no se supo hasta hace relativamente poco es quiénes fueron realmente las primeras personas que trabajaron en su programación: seis mujeres. Ada Lovelace, Hady Lamarr y Grace Hopper fueron las primeras programadoras de la historia cuando la mujer tenía mayor presencia en el mundo tecnológico, aunque su labor quedara silenciada. Los albores de la tecnología digital están repletos de nombres de mujeres; sin embargo, hoy, su presencia es testimonial en la comunidad de programadores.
En menos de 40 años, la cantidad de licenciadas en Ciencias de la Computación ha descendido del 37% al 12%. Las que llegan a trabajar como programadoras, además, tienden a sufrir el rechazo de la comunidad de escritores de código, eminentemente masculina.
Según un estudio reciente, las mujeres son mejores programadoras que los hombres. Aun así, son minoría -y en constante descenso- tanto en las aulas como en las empresas tecnológicas. Made with Code, que patrocina Google, impulsó el documental CodeGirl para visibilizar la labor de las mujeres que escriben código.
Con la misma finalidad y para revertir esta brecha de género, recientemente han surgido diversas iniciativas por todo el mundo que aspiran a que las mujeres accedan a un ámbito laboral que parece haberse convertido en monopolio de los hombres.
Estos proyectos se han convertido en lugares virtuales (y reales) en los que las programadoras se unen para visibilizar su trabajo, facilitar el acceso a otras mujeres y fomentar el interés de las más jóvenes por la tecnología.
Aunque algunos operan a nivel global, como Women Who Code, otros funcionan a nivel continental e incluso local para aglutinar a esas mujeres programadoras que reclaman visibilidad en distintos puntos del planeta.
#Rewritingthecode (África)
La organización Theirworld ha lanzado recientemente #RewritingTheCode en Uganda, Senegal y Kenia. Como parte de la iniciativa, han creado Code Clubs en distintas partes de África que gestionan mujeres autóctonas y en los que participan más de 600 chicas. Gracias a estos Code Clubs, los miles de puestos que están surgiendo en el continente africano en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, no serán un lugar vedado a las mujeres. “Hemos llegado en el momento en el que podemos cambiar para siempre los estereotipos de género en las nuevas generaciones de chicas”, escribió Sarah Brown, presidenta de Theirworld.
Girls Who Code (Estados Unidos)
De los 1,4 millones de puestos de trabajo tecnológicos que se prevén para 2020, solo el 3% lo ocuparán mujeres estadounidenses. Girls Who Code comenzó como una pequeña idea de la que tomaron parte sólo 20 chicas de Nueva York pero que hoy conforman 10.000 mujeres en 42 estados. Más de 40.000 chicas han participado en Girls Who Code, una iniciativa que se define a través de su web como «una organización nacional sin ánimo de lucro dedicada a cerrar la brecha de género en la tecnología». Su web ofrece varias infografías que muestran cómo del 66% de niñas interesadas en cursar estudios informáticos, sólo el 4% llega a hacerlo.
M Tech (España)
Esta iniciativa está abierta tanto a mujeres y niñas como a hombres que tengan un especial interés por «despertar y potenciar el talento femenino» en el sector digital. M Tech además está llevando a cabo «el primer estudio sobre la presencia femenina y su papel en el sector digital español en colaboración con el IE y Nielsen». Su objetivo no es sólo que esas niñas, jóvenes y mujeres accedan a trabajos tecnológicos, sino que, dentro del sector digital, puedan tener acceso a mejores trabajos o crear su propia startup.
Girls Code Camp (India)
Tres estudiantes indios de Stanford (California), se han propuesto lograr que las chicas de toda la India tengan acceso a trabajos tecnológicos a través de Girls Code Camp. De los 300 millones de chicas que hay en la India, los fundadores del proyecto aspiran a crear «300 millones de soluciones a los problemas de su país país».
Code Like a Girl (Australia)
Menos de una quinta parte de las mujeres en Australia se dedica al sector tecnológico. Por eso, Code Like a Girl pretende lograr que más mujeres se interesen en la tecnología y que se involucren en su desarrollo. Ally Watson, cofundadora de Code Like a Girl «sabía de primera mano lo que era estar sola en un grupo tecnológico» tras seis años trabajando como desarrolladora. Junto a Marcellina Mardian fundó esta iniciativa que imparte cursos y organiza eventos tecnológicos en Melbourne. En Code Like a Girl prevalece, sobre todo, la necesidad de permanecer unidas en un mundo que no resulta fácil ni demasiado accesible para las mujeres.
Todos estos proyectos, desde los cinco continentes, luchan contra la amenaza que el documental Code reveló recientemente: sin más mujeres programadoras, la economía podría colapsarse.
CODE: Debugging the Gender Gap Theatrical Trailer from Finish Line Features, LLC on Vimeo.
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