En el Congreso hay de todo, especialmente gente del mundo del Derecho y políticos. Esto último puede parecer una perogrullada, pero no lo es: gran parte de los diputados lleva tantos años en política que podría decirse que es su dedicación, al menos hasta que la abandonen y, por norma general, vuelvan al mundo de la empresa privada.
Hay además economistas (no pocos), ingenieros y un puñado de periodistas. En concreto, en esta legislatura hay diez periodistas. No es del todo inusual que un periodista acabe metido en política y, de hecho, llegue a ocupar puestos destacados. Por ejemplo, la actual presidenta navarra (y también exdiputada) Uxue Barkos fue corresponsal de EiTB en Navarra durante años. O, por poner otro ejemplo más lejano, el exvicepresidente colombiano Francisco Santos, también.
La cuestión no es si un periodista puede ser político (faltaría más, porque cada cual tiene su ideología y su nivel de compromiso). La cuestión es qué pasa cuando se acaba la política: ¿puede un periodista volver a ejercer una vez ha pasado por la arena política?
Es evidente que todos tenemos una ideología (de hecho, estamos convencidos de que la nuestra es la mejor, porque de eso va la cosa). La cuestión es enseñarla, hacerla evidente, o no. Porque en teoría uno de los compromisos del periodismo (quién lo diría) es la objetividad.
No es un debate menor el de si la objetividad existe en realidad. Hay quien por ser equidistante condena. Hay quien entiende que la objetividad es una quimera, y que el criterio por tanto debe ser la honestidad (es decir, no esconder o magnificar contenidos en función de si nuestra ideología coincide o no) o que la única forma de intentar ser objetivo es ser plural, es decir, no mostrar un único punto de vista, sino muchos, todos.
Partiendo de esa base, de que todos los periodistas tenemos ideología, hay medios que optan por mostrarla sin tapujos y otros que son más sibilinos. Los primeros defienden que no hacerlo es una hipocresía, mientras los segundos intentan apelar a esa búsqueda de la objetividad, que no se trata sólo de qué noticias cuentas y qué noticias no cuentas, sino también de qué forma lo haces, en qué orden, con qué palabras, con qué extensión y recursos y otras muchas cosas. No es sólo una cuestión de columnas, portadas y editoriales.
Dar el paso a la política activa es ir más allá. Es lo que hizo, por poner otro ejemplo, Luis Herrero, ex de la COPE que fue eurodiputado con el PP y que actualmente, una vez vencido su mandato, tiene un programa en la emisora de radio de Federico Jiménez Losantos. Vale, no es un ejemplo de periodismo objetivo, pero esa es la cuestión.
¿Hay un camino de vuelta al periodismo ‘de redacción’, alejado de las trincheras, para los periodistas que dan el salto a la primera fila de la política? Por ejemplo, Irene Lozano, ex de UPyD y ahora en la bancada socialista, era redactora de El Mundo, donde estuvo en Opinión, pero también en Internacional o Cierre. ¿Podría o debería volver en caso de abandonar la política? Y, de no ser así, ¿qué hace un expolítico periodista?
No es la única en esa situación en las filas del PSOE, ya que comparte situación con Lidia Guinart, que ha pasado años en política municipal antes de ir al Congreso, o Soledad Pérez, que durante años hizo labores de comunicación en la Junta de Extremadura, además de trabajar en TVE.
En las filas del PP le sucede lo mismo a Luz Bajo, que pasó por RNE y Antena 3 en sus primeros años de licenciada, para dar el salto al gabinete de prensa del PP y, de ahí, a la dirección de comunicación de ministerios ‘populares’ desde tiempos de Aznar o a la comunicación institucional del partido en sí.
En Ciudadanos hay otros dos ejemplos. Le sucede al portavoz, Juan Carlos Girauta, conocido analista en medios conservadores (Onda Cero, Libertad Digital…) y que sustituyó a Arcadi Espada como director de Factual, un efímero proyecto periodístico catalán de pago allá por 2010, que cerró poco después de su llegada tras ser despedidos gran parte de los redactores y virar su línea editorial.
Además de por su labor periodística, Girauta ha escrito diversos libros, alguno muy crítico con el socialismo español (en el que militó hasta mediados los ’80). Curiosamente allá por 2010 era entrevistado en Intereconomía en una tertulia en la que participaba quien acabaría siendo su jefe de filas, Albert Rivera (aquí el momento concreto)
Junto a él, Marta Rivera, afamada escritora gallega, que también tiene formación periodística aunque ha volcado su carrera reciente en el ámbito literario.
En Podemos también hay dos representantes del gremio: Noelia Vera, que trabajaba en La Tuerka hasta su salto al Congreso como cabeza de lista por Cádiz, y Segundo González, que ha trabajado especialmente «en comunicación corporativa y asesorando a entidades de economía social», según su perfil en la web del partido.
En EH Bildu también se dan perfiles periodísticos similares a los anteriores, con vinculaciones directas a emisoras o contenidos cercanos a la línea ideológica de los partidos a los que ahora representan.
Es el caso de Marian Beitialarrangoitia, que además de haber estado vinculada a la política municipal –fue alcaldesa de Hernan–, también ha desarrollado su carrera periodística como directora de comunicación de la Diputación Foral de Guipúzcoa ya en tiempos de EH Bildu, o antes en Egin Irratia, la emisora radiofónica del clausurado diario abertzale Egin. Después pasó a la radio pública vasca, en su emisora en euskera.
Onintza Enbeita, por su parte, es más conocida por ser una de las mejores ‘bertsolaris’, pero también llevó a cabo labores periodísticas en diarios en euskera, como el también clausurado Egunkaria o Berria.
Así las cosas, muchos de los diputados-periodistas ejercieron como tales en medios o programas de línea ideológica afín… como hacen muchos periodistas que no son diputados, aunque comercian con ideología. La cuestión es: ¿hay vida profesional después de dar el salto o no debería haberla?
Entrar en política es una vía de sentido único; sin retorno. El periodismo debería estar en la lista de incompatibilidades para políticos retirados 😉
No veo por qué. EL hecho de tener una ideología política, como todo el mundo, solo indica que uno tiene opinión sobre las cosas. Independientemente de esto, un buen periodista es capaz de no transmitir sus opiniones personales en sus informaciones, y basarse meramente en los hechos.
Porque, ¿a qué debería dedicarse un periodista después de ser político, si no es al periodismo? Me gustaría saber la respuesta, y esperaría que no fuera directivo de una gran empresa energética, por ejemplo.
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