El origen de los dichos: ¡Santiago y cierra España!

Vaya por delante que he escrito intencionadamente mal esta expresión. Podría decir que la he escrito tal y como la pronuncia más de uno. Y que la forma correcta sería: «Santiago, y cierra, España». Ya veis, con las comas bien colocadas ya no parece tan xenófoba.

Este grito de guerra usado en la Reconquista no tiene nada que ver con el deseo poco sociable y nada amistoso de más de un skin de expulsar de España a todo extranjero que nos moleste. «Santiago, y cierra, España» no implora por el cierre de fronteras, sino que es una arenga a luchar usada por la antigua milicia. Simple y llanamente.

Quizá el error venga de teorías como la de Antonio Puigblanch, quien creía que «Santiago y cierra España» (así, sin comas) significaba «Santiago y guarda España», «porque el verbo cerrar, coincidente con el serrer francés, proviene –según él– de los verbos latinos serare y servare, que significan guardar», explica José María Iribarren en El porqué de los dichos.

Cerrar, en el caso que nos ocupa, significa «atacar, embestir, acometer». Así que ese «cierra, España» es en realidad una arenga que invita a atacar al enemigo con valor y con empuje. Un ¡al ataqueeeee! en versión castellanovieja. Pero debe escribirse con coma, ya que España sería el vocativo: ¡cierra, España! O lo que es lo mismo: ¡ataca, España!

Implorar a Santiago, alias Matamoros, hace referencia a las leyendas que sitúan al apóstol animando y luchando junto a las huestes cristianas contra los infieles. Tal furor bélico hizo que se le nombrara patrón de este país nuestro, que se debate desde hace siglos ya entre la simpatía y la acogida, por un lado, y la patada en el culo más borde y desagradable a todo lo que venga de fuera, por otro. Así nos va.

El propio Diccionario de la Academia nos dice que «dar un Santiago» es una locución verbal en desuso que significa «Acometer a los enemigos, al grito de guerra ¡Santiago!». O sea, lo mismito que un «¡Jerónimoooo!» para un sioux o un «Banzaaaaaaai», para un japonés.

Así pues, Santiago es un vocativo, cierra, el imperativo y España, otro vocativo. ¿Se vería más claro si dijéramos: «¡Santiagooooo! ¡Ataca, oh España!»? Decididlo vosotros.

La conjunción y, según nos aclara Andrés Bello, pierde su función como conjunción y toma la de un intensificador. Era algo muy común en el castellano antiguo, donde podemos encontrar frases como «¡Sant Juan y ciégale!» o «¡Vaya, y qué mañosos!».

En resumen: que la expresión, bien escrita, sería: Santiago, y cierra, España. Y que aquel que quiera ver en su significado el aislamiento del país, el cierre de fronteras y la expulsión de los extranjeros considerados inferiores según su modo de ver (musulmanes, latinoamericanos, subsaharianos, etc. Los ingleses, franceses, estadounidenses, alemanes y otros guiris con poderío económico son bienvenidos y quedan excluidos de la patada en el culo) se equivocan de cabo a rabo y demuestran con ello su total, absoluta, completa y descomunal ignorancia.

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