“Somos dioses”, dice Eastwood como alter ego de John Huston en Cazador blanco, corazón negro. “Pequeños dioses malignos que controlan a la gente que crean”.
“Eso es lo que tú dices, John”, dice el guionista (los guionistas no tenemos nombre). “Pero yo digo que soy un dios bueno. Y digo que deben vivir por lo que han pasado juntos. Este mundo no tiene que ser siempre un lugar podrido y sin esperanza”.
Sin duda los creadores de series noveladas (Breaking Bad, Homeland, The Wire…) están más cerca del guionista que los creadores de comedias de situación. El guionista de una serie novelada abre a los protagonistas una pequeña puerta para que puedan transformarse. Las series noveladas muestras a los protagonistas en progreso. Por el contrario, las sitcoms son camisas de fuerza para los personajes. Incluso las sitcoms más realistas (The office o Modern Family) evitan la evolución de los personajes; los creadores mantienen controladas a sus criaturas mediante obstáculos a veces inverosímiles.
Un personaje de sitcom no cambia, desaparece si el actor abandona la serie y su lugar es ocupado por otro personaje similar: un tonto por un tonto, una cotilla por otra cotilla… Se intenta que el status quo de los protagonistas no se vea alterado por un personaje diferente.
En Modern Family encontramos un ejemplo de la maldad de los creadores de sitcoms. En este caso, los showrunners Christopher Lloyd y Steven Levitan cortan las alas al matrimono de Claire y Phil.
Claire y Phil están preocupados por la educación de sus hijos. Alex, la hija mediana, ironiza sobre que con sus genes no puede ser más que la segunda mejor estudiante de su clase. Claire y Phil se preguntan qué hacen mal. Esa misma tarde van al cine para ver Crocopulpo 3D. Allí coinciden con unos conocidos, un profesor hindú y su esposa, que van a ver una película francesa. Claire se siente intelectualmente inferior y finge que está para ver la película francesa. Después de que el matrimonio hindú entra en la sala, Claire intenta convencer a Phil para que la acompañe, que será bueno para su formación intelectual y para la de sus hijos. Phil prefiere mantenerse fiel a sus gustos.
Claire entra sola a la película francesa y se duerme a la mitad. «Somos idiotas», dice Claire con rabia cuando Phil entra a despertarla. El marido argumenta que si Alex es la segunda mejor alumna de la clase será porque no tiene padres idiotas. Claire parece más animada. Parece que aquí acabará la trama de Claire y Phil del episodio, pero los guionistas quieren que el matrimonio vuelva a su inseguridad, pero antes, sitúan a los personajes unos peldaños más arriba…
… Claire y Phil se sienten superiores cuando el profesor hindú es incapaz de validar el ticket de aparcamiento.
“Qué pena da”, dice Claire sonriente. Se acerca decidida al profesor, le quita la tarjeta de la mano y la valida: “Solo hay que hacer esto”. El profesor pregunta si les ha gustado la película. «Absolutamente nada», responde Claire segura.
El matrimonio se despide del profesor, va a tomar la salida…
… y choca contra una puerta de cristal. En ese momento, reaparecen las inseguridades del matrimonio. «Somos idiotas», es la frase que queda en el tintero, que añade el espectador.
Los pequeños dioses malvados de las sitcoms están en los detalles: atentos al cartel de «NOT AN EXIT» tras la imagen del profesor hindú mientras éste intenta validar el ticket de aparcamiento.
Los creadores de Modern Family no permiten que Claire y Phil disfruten de la pequeña victoria sobre el profesor hindú. Si Claire y Phil ganaran confianza, podrían emplearla en otras empresas y quizá con el tiempo dejarían de ser los Claire y Phil risibles. Los espectadores tampoco desean que los personajes cambien. Los guionistas son implacables: Claire y Phil carecen de oportunidades en la vida; la metáfora de la puerta cerrada es ejemplar.
Los showrunners de la sitcom: pequeños dioses malignos
