Estas criaturas deformes nos ponen al borde de la ansiedad

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Foto: Erik Ferguson

Somos blandos, vulnerables, podríamos rompernos y morir en cualquier momento. Ahora mismo, mientras lees, podrías morir de innumerables formas: no saber qué finales se te escapan o no caben en tu imaginación lo hace todavía más terrible.

Permanecemos tranquilos porque simplificamos, asumimos de un modo natural que la vida sigue alguna norma que la mantiene estable, sin sobresaltos. Lo primero que hace la ansiedad con nuestras mentes es rompernos esas gafas que nos hacen percibir lo aleatorio como algo excepcional. Los ansiosos sienten que no existe un orden, que somos frágiles y nos exponemos a peligros que no controlamos.

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Foto: Erik Ferguson
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Foto: Erik Ferguson

Erik Ferguson, artista e ilustrador, ha explorado a través de la imagen cómo se configura el pánico. Deformidades, genitales tumorosos, criaturas mínimamente antropomorfas, viscosidades… «Gran parte de mi trabajo proviene de una ansiedad por la muerte: somos cuerpos suaves y tiernos, somos fácilmente dañables como porcelana suave y delgada. Trato de recordar que somos una masa orgánica, vulnerable; un cangrejo que ha perdido su caparazón», explica Ferguson.

Su trabajo disfruta de la fealdad, cuestiona los cánones, abunda en las fobias. Muchas de sus imágenes se mueven, se derriten. Ferguson es un prestidigitador del asco. Sus representaciones de órganos sexuales espantosos o de rostros tumefactos demuestran que el de miedo que despiertan no solo se relaciona con la muerte, sino también con algo más freudiano: la identidad, el ego.

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Foto: Erik Ferguson
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Foto: Erik Ferguson

«Mis criaturas no son genitales reales, pero a menudo se asemejan a ellos. Algo sexual, redondo, juguetón y erótico combinado con enfermedad y detalles de realismo…», precisa. Cree que su trabajo se vuelve más interesante cuando te abofetea con matices sexuales: «La gente no puede apartar la vista y siente un poco de culpabilidad al mismo tiempo».

El proyecto, que cuenta con 135.000 seguidores en Instagram, se ha inspirado en el espíritu de las obras de Rembrandt y otros pintores holandeses: «Me fascinó su vieja, desprevenida, arrugada y oscura estética; sus colores y sus relámpagos». Al mismo tiempo, admite la influencia de Horacio Quiroz, Nathan Reidt o Adrian Cox.

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Foto: Erik Ferguson

Para dominar el arte de hacer cundir el pánico busca la inspiración en un libro «horrible/hermoso» llamado The sick rose: «Contiene ilustraciones médicas y enfermedades de la piel que a menudo me inspiran». Además, rebusca en volúmenes de anatomía y indaga sobre criaturas inusuales: «Me inspiro en la diversidad del reino animal».

En su opinión, el secreto del impacto reside en «mezclar piel y materiales orgánicos, y en dotarlos de movimientos realistas».

No obstante, no todo camina hacia el horror. Ferguson conoce bien la reacción de sus seguidores. Se produce una ambivalencia. «Lo sienten muy real, se sienten a la vez disgustados y atraídos». En un punto, sus criaturas son también «tiernas, suaves, y necesitan cuidados y te hacen querer tocarlas y sentirlas para ver cómo son».

En un primer vistazo a la serie, uno se percata de que hay una impugnación a las bellezas oficiales, una reivindicación de la fealdad. «Que este tipo de imágenes y vídeos puedan conseguir muchos seguidores, me dice que algo feo también puede llegar a una gran audiencia». Su radar se orienta a veces hacia la moda, pero no hacia cualquier visión de la moda. «Me siento atraído por la estética de alta costura que mezcla la belleza y otras expresiones artísticas que intentan lo opuesto como lo grotesco, la ruptura de la armonía de los colores, las desproporciones».

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Foto: Erik Ferguson

Para moldear estos especímenes infernales, Ferguson bebe de innumerables fuentes. La naturaleza, las plantas, los cuerpos, los olores… «Nunca bosquejo, comienzo a crear con el ordenador y la criatura se transforma mientras trabajo. Rara vez obtengo la misma imagen que imaginé al principio». Se sirve de un programa llamado Zbrush para modelar y de otro, Houdini, para animarlo y darle vida.

Caras que se desintegran, pezones que nacen en medio de un amasijo de carne, desnudeces hacinadas, pieles erupcionadas y plagadas de pomopas, una especie de corazón con una oreja pegada que vibra con el sonido… Y todo recubierto de piel lisa, aceitosa, sin un solo pelo. Nos damos cuenta de que el pelo, de una u otra forma, nos protege del exterior: la desnudez extrema aterra, nos deja indiscutiblemente expuestos. Las deformaciones y mutaciones de Ferguson desatan la ansiedad porque nos rompen el esquema de lo que debe ser un cuerpo, perdemos la noción del orden, no adivinamos qué es arriba y qué abajo, no sabemos con qué parte nos está observando ese trozo de carne. Si fueran mutilaciones, aún sabríamos qué es lo que falta, dónde está el error, y nos tranquilizaríamos. Pero estas figuras nos impide simplificar.

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Foto: Erik Ferguson

Para un ansioso, todo es voluble. Él anticipa todos los males posibles y, como son infinitos, se le atasca la mente y el resultado es un temor brumoso. Las creaciones de Ferguson son la representación gráfica perfecta de cómo funciona la mente de una persona con problemas de ansiedad.

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  1. […] GALERÍAS: El arte de los parques infantiles japoneses, curiosas versiones del Grito de Munch, Wacky Races estilo Mad Max Fury Road, cientos de fotos del desembarco de Normandia, el arte japonés de pelar mandarinas, caras de aguacate, frutas sin piel y al borde de la ansiedad. […]

  2. […] Criaturas deformes y blandas: http://www.yorokobu.es/al-borde-de-la-ansiedad/ […]

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