Auroville, ensayo de una humanidad superior

En su libro Una nueva ciencia de la vida, el fisiólogo inglés Rupert Sheldrake propone la teoría de los campos morfogenéticos según la cual, «cuando surge un nuevo tipo de comportamiento entre los miembros de una especie biológica, se crea asimismo, un nuevo campo morfogenético que influye a todos los demás individuos de esa misma especie». Según Sheldrake, esta suerte de memoria colectiva haría que todo lo que aprende un individuo pase a formar parte de la experiencia común de la humanidad.

Existe un lugar en el mundo con nombre de dibujo animado y forma de galaxia que nació exactamente con el propósito de servir de caldo de cultivo para ese cambio en nuestra especie biológica hacia otro modelo superior de humanidad. A 15 kilómetros de la ciudad de Pondicherri, en el estado de Tamil Nadu, al sur de India, Auroville representa la comunidad intencional más grande del mundo, un proyecto avalado por figuras como el Dalai Lama o la UNESCO -que ha apoyado la iniciativa en Asamblea General en cuatro ocasiones- y un soplo de esperanza hacia algo que todavía no somos, pero que quizás- en futuro perfecto del plural- habremos podido llegar a ser algún día: una humanidad sostenible.
Auroville es un proyecto de ciudad ideal con cerca de 50 años de historia y todavía en construcción donde conviven alrededor de 3.500 (2.500 fijas y 1.000 fluctuantes) personas de más de 43 nacionalidades distintas, 43 maneras de ver el mundo, 43 maneras de recuperarlo.
«Llegas aquí y te encuentras con gente de todas las nacionalidades, de todas las culturas, de todo tipo de orígenes distintos. Tratar de entenderlos a todos, trabajar con ellos y sobre todo, aceptarlos, lleva mucho, mucho tiempo y también mucha frustración. Pero sin duda, el resultado de todo ese proceso de entendimiento mutuo nos ayuda a evolucionar». Me lo cuenta con una sonrisa y un irreemplazable acento navarro esta mujer que en España se llamaba Dolores y que en India decidió llamarse Anandi, derivado de la palabra que en sánscrito significa «placer».
Y como el paso del dolor al disfrute,  los caminos también pueden mutarse por elección y, cuando en 1987 Anandi (ex Dolores) visitó Auroville se enamoró tanto del proyecto que, junto a su pareja Joseba, iniciaron el camino para volver e instalarse aquí algún día. Ocho años después llegaban a Auroville para quedarse con la misma motivación que se ha mantenido intacta todo este tiempo: «dedicar mi vida a algo que de verdad pueda repercutir en el desarrollo de la humanidad». Y Anandi sonríe de puro placer.
IMG_7691
En Auroville hay gente recién llegada, gente que llegó antes de que el lugar existiera y gente que desde aquí abrió los ojos al mundo. Creada con la intención de convertirse en una ciudad en la que conviviesen todas las nacionalidades, Auroville tiene acento de todas partes (una tercera parte de su población es india, a los que siguen franceses, alemanes e italianos)  y tiene su acento propio –un inglés a medio camino entre Australia y Singapur. El lugar tiene también su propia nacionalidad y su propio gentilicio. Para convertirte en ‘auroviliano’ o ‘auroviliense’ necesitas un visado especial (la ciudad tiene su propio sistema de organización independiente pero reconocido por el gobierno indio) y completar un proceso de integración de dos años. Mi amigo John está punto de completar ese proceso y, alertada por el componente marciano de su gentilicio, Macarena y yo decidimos venir aquí antes de que fuera demasiado tarde. Tres semanas después sigue siendo demasiado pronto para tratar de explicar o incluso posicionarse con respecto a un lugar que fluctúa entre la realidad y el mito.
Auroville son todas las cosas que caben en un sueño. Mirra Alfassa (a la que aqui todos llaman «La Madre») concibió la ciudad a partir de uno de sus sueños (y su capacidad de conectar con otras consciencias) mientras vivía en el Ashram de Pondicherri de su gurú, el influyente filósofo, poeta, pensador y anticolonialista indio Sri Aurobindo. De ese sueño no solo saldrían todas los ideales que marcarían el rumbo del proyecto o sus formas de organización interna, sino que saldría también la curvatura y la medida de los edificios que el arquitecto francés Roger Angers iría después plasmando sobre los planos.
IMG_76091
Auroville tiene forma de galaxia y para recorrer sus 25 km2 de superficie necesitas una moto interestelar y un buen mapa que te llevará de la zona urbana –con edificios, comunidades y planetas extremadamente dispersos entre sí- hacia el cinturón verde que la rodea y que está repleto de huertas y bosques. Y en el centro de todo, el Matrimandir, una gigantesca bola dorada de 30 metros de altura, 36 de diámetro y consciencia de alma.
Su estructura es tan impactantemente futurista que dentro de la esfera una solo espera toparse de frente con las orejas de Spok o con la espada de Darth Vader. En la parte superior del Matrimandir se encuentra el «Heliostat», un sistema mecánico de espejos fijos y móviles que captan la luz del sol y la envían directamente sobre una pequeña bola de cristal situada en el interior del edificio y que supuestamente representa el mundo. Miro la luz y de nuevo Spok y sus orejas atrapan mis pensamientos.
¿En qué tipo de secta me he metido?
El Matrimandir fue y es concebido como el lugar de meditación colectiva de la comunidad. Porque si algo queda claro en Auroville es que para ellos, el cambio en la humanidad solo llegará de la mano de la espiritualidad o el contacto con la consciencia superior. Una olvida todas las críticas y prejuicios que se traía en la mochila – «¿en qué tipo de secta me he metido?»- cuando entiende que aquí la espiritualidad se vive como algo tan libre como la forma de concebir el amor: no importa cómo lo entiendas, lo importante es ser consciente de que existe algo superior capaz de convertirse en el motor del cambio para el mundo.
La lista de actividades para conectar con el espíritu que todos llevamos dentro es tan inspiradora como avasallante; en nuestras tres semanas de búsquedas hemos practicado yoga, watsu, danza libre, capoeira, constelaciones familiares, un curso sobre el eneagrama y hasta hemos mantenido el equilibrio sobre una tabla de surf. En esta búsqueda de esa humanidad superior, mi espíritu debe estar regocijándose panza arriba desde algún lugar de mi vasto mundo interno.
IMG_7435
Auroville es cambio por fuera y es cambio por dentro. Cuando se puso la primera piedra –a la inauguración, además del presidente de India llegaron delegaciones de 124 países- este lugar, como todo el entorno, era un absoluto desierto resultado de doscientos años de deforestación, pastoreo excesivo y un inexistente cuidado del terreno. Hoy la ciudad es una jungla de bosques y vegetación exuberante tras un ingente e inteligente trabajo de recuperación de la tierra y mas de un millón y medio de árboles plantados en lo que representa uno de los primeros esfuerzos de reforestación masiva más grandes del mundo.
Y es cambio por dentro porque llegar a Auroville y decidir formar parte de la comunidad supone, como me explica Anandi, un proceso de «aprender a desaprendernos»:

Yo trabajaba como ejecutiva de una gran empresa. Y al llegar e instalarme aquí, de pronto, ya no era nadie. Me sentía inútil, frente a un espacio de tal libertad que te abruma y te da un giro de 180 grados a la visión de ti misma, a tu relación de pareja, a tu relación con el mundo… Los primeros años decidimos trabajar ayudando en la construcción del Matrimandir. Sabíamos que queríamos tener contacto con nuestro interior y nos pasamos dos años colocando piedras, puliéndolas, juntándolas. Dos años trabajando en no ser nada… aquello fue toda una limpieza interior.

Esta nebulosa de estrellas es un constante ensayo de prueba y error en la que existen tantas visiones del proyecto como galaxias en el Universo. Concebida para albergar a mas de 50.000 personas, dentro de la gran comunidad Auroville conviven alrededor de 120 pequeñas comunidades con distintos objetivos –del trabajo en la huerta a la investigación sobre las plantas medicinales o el yoga-; distintas formas de vivir –de la austera casa en el árbol de mi amigo John a edificios increíblemente vanguardistas- y distintas maneras de convivir –desde el modelo  de comuna israelí de los Kibutz a la comunidad de vecinos de toda a vida-.
_MG_7291
Existen tantos Aurovilles como aurovillianos, pero todos se organizan a través de una suerte de anarquía divina sin excesivas normas y exagerada confianza en la capacidad del individuo para superar las dificultades del grupo. Pero, ¿cómo se digieren en Auroville los mundanos conflictos del día a día? Con mucha paciencia, no poca frustración y un complejo sistema de mediación y arbitraje que puede tardar una exasperante cantidad de tiempo en arrojar soluciones y que muchas veces no son las mas justas.
«Auroville es una comunidad excesivamente liberal en la que, queriendo huir de los sistemas políticos que han fallado a lo largo de la historia se cae muchas veces en la injusticia», explica Joseba, que a pesar de todo sigue encontrando aquí –junto a Anandi, casi 20 años después de su llegada- la motivación por cambiar las cosas que no encontró en sus años de inmersión –y ahogamiento- en la política.
A pesar de la extremadamente pulcra organización del lugar (las visitas también están forzadas a un doloroso proceso de inscripciones, colas y burocracias varias) esa suerte de anarquía divina impera en todos los rincones de la galaxia. La gente experimenta sin demasiadas directrices, pero con profunda confianza en la creatividad que todos llevamos dentro. Allá donde vas, la innovación y la sostenibilidad quedan al descubierto. «Auroville es como vivir en un laboratorio todo el tiempo en el que se van hacienda pruebas sobre todas las cosas, pruebas en la economía, pruebas en la educación…», explica entusiasmada Anandi.
Porque la idea es que de este lugar experimental se puedan compartir con el mundo todo los éxitos y todos los fracasos. Ahí esta, entre cientos de ejemplos, proyectos como Pour Tous, un supermercado que funciona como cooperativa desde los inicios de Auroville y en el que todos son productos locales y orgánicos, donde no existen precios, no se cambia el dinero y en el que el consumo es un verdadero acto de responsabilidad individual y colectiva. Cada miembro -más de la mitad de Auroville- aporta una cuota mensual y toma consciencia de lo que de verdad necesita, evitando caer en el habitual consumo innecesario de productos.
_MG_7685
Desde una perspectiva económica Auroville es otro ensayo que lucha por convertirse en una alternativa sostenible al mundo. Y todavía es «lucha» porque el cambio sigue estando en el campo de batalla. «Es fácil saber lo que queremos pero es profundamente difícil conseguirlo. Queremos una economía colaborativa y libre del dinero pero  ¿cómo podemos vivir sin el dinero? Queremos desarrollar nuestro conocimiento y desarrollarnos a nosotros mismos desde la libertad, pero ¿dónde encontramos la alternativa a las instituciones?», insiste Anandi.
En Auroville no se trabaja, se participa en el sueño
En Auroville todos los bienes inmuebles pertenecen a la comunidad, los miembros ofrecen los servicios muy por debajo del coste del mercado y la aspiración es que se eliminen todo tipo de transacciones monetarias y que el apoyo mutuo entre los miembros sea absoluto. En Auroville no se trabaja, se participa en el sueño. Ausente está el concepto de relación laboral, ausentes los contratos, las pagas, los salarios y ausente también la viciada relación jefe- trabajador. En este lugar el trabajo se considera una vía para el desarrollo de la persona y de la comunidad; puedes llegar con toda tu creatividad bajo el brazo y decidir hacer lo que quieras hacer para colaborar.
John llegó queriendo ser agricultor y hoy trabaja una tierra cedida por la comunidad. Por ese esfuerzo voluntario y siempre creativo, los aurovillianos reciben mensualmente una especie de subsidio que cubre todas las necesidades básicas y que no depende de la edad, de las competencias, los currículum, experiencias previas ni tampoco de la responsabilidad asumida. El cambio en el concepto del trabajo, la importancia de la motivación de las personas y la ausencia de propiedad privada son algunos de los rasgos que mejor diferencian el modelo económico de Auroville del sistema mundial imperante, según explica en una charla el profesor Henk Tomas, de la Universidad de Holanda, que se ha dedicado a estudiar el funcionamiento de la economía de Auroville en los últimos 15 años.
Pero existen muchas cosas aquí que siguen ancladas en el mito sin hacerse realidad. Como la eliminación del dinero, una de las ideas fundamentales desde antes incluso de colocar la primera piedra. Aunque en muchos lugares no se aceptan las monedas y solo se puede pagar con la Aurocard (previo recargo claro, como las de toda la vida), lo cierto es que en Auroville el dinero es importante y, viniendo de viajar por India, una encuentra que aquí las rupias se escapan como el polvo de estrellas. Porque parte de la financiación del proyecto viene del dinero de visitantes como yo, de los cientos de voluntarios que llegan cada año y de futuros aurovillianos como mi amigo John -que solo cuando cubra todo el  proceso de nacionalidad recibirá la contribución de la comunidad. El resto de los fondos proceden de organismos internacionales interesados en áreas como la ecología, del gobierno indio, de donaciones privadas y de los productos y servicios que se ofrecen en la ciudad. Con esos fondos se financia la vida mas básica de los miembros de la comunidad a través de sus 7 escuelas, sus dos centros de salud, sus dos clínicas dentales, su cine y el restaurante que, con sus placas solares, ofrece comidas gratuitas a las y los aurovilianos.
Pero incluso las utopías sufren el paso del tiempo y Auroville, como el mundo de ahí fuera, envejece. Con una parte de la población llegada en los primeros años, la media de edad empieza a ser elevada y aunque sorprende la cantidad de octogenarios que siguen participando activamente, aquí también se escucha la pregunta: «¿Quién se ocupa de los viejos?» «Nadie pensó en que nos haríamos mayores y que pudiésemos necesitar un sistema de cuidados. Existe un plan para crear una residencia pero deberíamos haberlo pensado antes», explica Frederica, una enfermera alemana que lleva media vida en Auroville y que ahora se ocupa de organizar el voluntariado con los mayores. Macarena y yo hablamos con ella para cuidar a Nerguez, que con 94 años y una mente exhuberantemente lúcida es la aurovilliana mas mayor del lugar. En su casa no cesa el movimiento de personas para pasar un rato con ella, es la misma anarquía divina que hace que la galaxia siga existiendo y que permite que, sin un sistema establecido, los mayores nunca estén solos.
_MG_7054
Estando dentro de esta burbuja no dejo de posicionarse entre el mito y la realidad, entre el ideal superior que Auroville querría ser y el ideal a secas que todavía sigue siendo. El dinero es aún un gran condicionante para poder formar parte del proyecto y la integración con la comunidad local -a pesar de que una tercera parte de la población es india- sigue siendo controvertida. Auroville sigue sin ser autosuficiente en alimentos e igual que la distancia física que separa a las más del centenar de comunidades que conforman esta galaxia, el individualismo sigue marcando la relación entre sus miembros.
Nadie sabe decir si Auroville está siendo un éxito o un fracaso en el camino hacia una humanidad superior. Lo que no cabe duda es que hoy, después de casi 50 años de historia, representa un gran intento por lograrlo, uno de los mas grandes del planeta. «Sé que el mundo está lleno de aurovilianos y aurovillianas, pero ellos todavía no lo saben», me confiesa Anandi. Me toco las orejas y vuelvo a mirar las suyas. «Yo también lo creo», acabó diciendo y encaramada en mi moto me voy a dar otra vuelta alrededor de la galaxia.
_MG_7621

Último número ya disponible

#141 Invierno / frío

Sobre nosotros

Yorokobu es una publicación hecha por personas de esas con sus brazos y piernas —por suerte para todos—, que se alimentan casi a diario.
Patrick Thomas

Suscríbete a nuestra Newsletter >>