Por un lado estaba su carrera de arquitectura, y por otro, toda una vida en Mazamitla (Jalisco) viendo a los oriundos construir sus hogares con los materiales que les daba la tierra. De esa combinación de enseñanzas el mexicano Rafael Ramos Zepeda imaginó un proyecto. Se llama Monte Mitla y se trata de una comunidad, totalmente autosustentable, donde vivirá una veintena de familias y donde se imparten talleres para quienes quieran aprender a construir -y vivir- sin más recursos que los que ofrece el suelo.
“Para hacer esto mi carrera de arquitectura me sirvió, pero me sirvió más haber visto desde pequeño como construía las cosas la gente de mi tierra. La casa de mis padres, donde me crié, es de adobe, por ejemplo”, cuenta Ramos.
Dice este arquitecto neo-natural que hasta hace dos años él mismo había estado construyendo de manera convencional, pero un día le dio por pensar en “el daño ecológico que estamos generando al emplear hidrocarburos y materiales como el cemento y el acero. Además de ver la tala inmoderada de nuestros bosques”. Su “giro” y su “granito de arena” para rebajar el agravio al medio ambiente es esta comunidad donde se edifica con tierra, materiales naturales y se utilizan energías alternativas aprovechando los recursos renovables.
“Queremos demostrar que sí es posible vivir de manera autosustentable”, conciencia Ramos. En su aldea, absolutamente todo se crea y funciona a través de elementos de la propia tierra, materiales reciclados y energías limpias. “Las casas las construimos con adobe, paja, botellas recicladas… La electricidad la genera un railete que activa el viento. También tenemos bicimáquinas que generan energía extra. Y bicilavadoras y bicilicuadoras… Para el agua tenemos un sistema que aprovecha y purifica la lluvia y para el alimento, huertos orgánicos…”, detalla este emprendedor al que no se le ha escapado naturalizar ningún elemento.
Para “servir de ejemplo”, Ramos ha aprovechado la construcción de Monte Mitla para impartir talleres donde los asistentes pernoctan en casas nido encaramadas a los árboles y donde se enseña a crear espacios aptos para vivir cómodamente y “en total armonía con el medio ambiente”, apostilla. “Construcciones naturales, reforestación de bosques, captación de agua de lluvia, permacultura, cómo vivir cultivando nuestros alimentos de manera orgánica o la utilización de energías alternativas como la solar y eólica. Son cosas que muchos podrían trasladar a sus hogares, por eso quiero enseñarlas”, esgrime.
A través de la plataforma de fondeo colectivo Fondeadora, Ramos solicita aportaciones para la compra de un equipo híbrido eólico solar que genere la energía eléctrica necesaria para impartir los talleres, iluminar el campamento de los que estén interesados en participar y rematar los acabados de los ‘nidos’ de barro.
De su comunidad de 14 hectáreas, situada a 3 kilómetros Mazamitla, por el momento se han vendido ocho de las 20 casas. Y aunque sigue el proyecto en construcción ya hay incluso una habitada. “El precio es un regalo”, asegura, “son 150.000 pesos (8.500 euros) a pagar en tres años por mil metros cuadrados de propiedad privada. Y además con la garantía de que 100.000 pesos de ese total serán destinados a la mejora de la comunidad: sus calles, sus empedrados, sus glorietas….”
“Cuando niño, mis padres nos mandaban al rancho de los abuelos todas las vacaciones, ahí fue que aprendí a vivir de manera autosuficiente; a jugar en la casita del árbol, que era un granero, y a elaborar figuras con barro gracias a la creatividad de mi abuelo”, cuenta Ramos, “ahora está bueno que sigamos enseñando que se pueden hacer hogares sin hacer daño a la naturaleza, simplemente, armonizándonos con ella”.