Hasta tiempos muy recientes se ha entendido que domar un animal consiste en quebrar su voluntad. Anular su albedriฬo de tal modo que la bestia se torne indiferente a sus propios intereses y apetencias, que pasan a ser los de su amo.
Para lograr ese objetivo no cabe otro camino que el uso de la fuerza bruta, en varias modalidades. El castigo es la base, ya sea mediante el apaleamiento, el hambre, la reclusioฬn o la tortura. Pero con eso no basta. Hay tambieฬn que hacer ver al sometido que su libertad no existe; que es su amo quien decide lo que debe hacer o no.
Para ello, es imprescindible anular su iniciativa y capacidad de eleccioฬn hasta insensibilizarlo respecto a su carencia. Tan solo asiฬ se consigue que, cuando se abre la jaula o se desatan las ligaduras, el animal siga inmoฬvil. Renuncia a ser libre porque la caฬrcel ya no estaฬ entre barrotes o ataduras, sino en su propia conciencia. Ya es un esclavo. En el argot de la doma, se le llama bestia rota.
Uno de los maฬs largos, implacables y meticulosos procesos para romper a una bestia lo ha sufrido el asno. El animal silvestre que empezoฬ a domesticarse en Aฬfrica hace unos 5.000 anฬos protagoniza uno de los primeros casos documentados de maltrato animal.
Las pinturas de la tumba de Iti, trazadas hace cuatro milenios en la tierra de los faraones y ahora en el Museo Egipcio de Turiฬn (Italia), muestran a varios hombres arreando a palos a unos burros cargados, uno de los cuales exhibe en sus ancas la marca sangrante del castigo.
Sangrante tambieฬn es que ese egipcio que azotaba al burro recibiese el mismo trato por parte de sus superiores jeraฬrquicos. La Historia, desde la misma aparicioฬn de la escritura, es un recuento de atrocidades con una constante perenne: el avasallamiento de unos humanos por otros.
Entre nosotros nos aplicamos el mismo trato que damos a otras especies para sojuzgarlas: violencia, privacioฬn de libertad y anulacioฬn de la voluntad del sometido. Desde la castracioฬn de enemigos y esclavos en Mesopotamia hasta el rescate de negocios privados con fondos puฬblicos.
Si pocos animales hay, aparte del Homo sapiens, que hayan sufrido un proceso de sometimiento maฬs fuerte que el del borrico, tampoco muchos paiฬses son un ejemplo maฬs claro que Espanฬa de quiebra de la voluntad social.
El espanฬol ha vivido desde eฬpocas remotas entre la espada del hambre y la pared de la emigracioฬn, viendo pasar sin tocarlos el oro llegado de Indias, los planes de Mr. Marshall y los grandes beneficios de la recuperacioฬn econoฬmica que le juran que estaฬ en marcha.

Desde el ยซvivan las cadenasยป con que se recibioฬ al absolutismo en 1814 hasta el ยซviva la muerteยป con que se despidioฬ a la democracia en 1936, Espanฬa, maฬs que Historia, tiene historial: el de un paciente con trastorno bipolar ansioso por cambiarlo todo cuando estaฬ en fase maniฬaca y que derriba cuanto hizo al llegar la depresioฬn.
El paiฬs en la vanguardia sindical en 1919, el primero de Europa en establecer por ley la jornada laboral de ocho horas, es el mismo donde cincuenta anฬos despueฬs seguiฬa enquistada la uฬltima dictadura fascista del continente. Una esencia dual, contradictoria, que es pura asnalidad, en tanto que ninguฬn animal iguala al jumento en simbolizar al mismo tiempo lo mejor y lo peor. La estupidez, la zafiedad y la lujuria; la prudencia, la humildad y la ternura.
Espanฬa se asemeja al pollino en otro triste registro: la habituacioฬn a la violencia. Los espanฬoles auฬn sufren las secuelas de tres siglos trufados de guerras civiles, tan proฬximas unas a otras que no se habiฬa superado una cuando llegaba la nueva.
En esa fase, la de superar, seguimos respecto a la del 36, la maฬs salvaje de todas: 300.000 exiliados y medio milloฬn de muertos, de los que 88.000 siguen desaparecidos en fosas comunes, una cifra solo superada por Camboya.
Un trauma nacional que, unido a casi cuarenta anฬos de dictadura que se cerraron sin depurar responsabilidades poliฬticas ni criminales, han moldeado una ciudadaniฬa anestesiada, con una capacidad de asimilar la corrupcioฬn, la injusticia y el abuso maฬs propia de algunos de los estados surgidos del hundimiento de otro totalitarismo, el sovieฬtico, que de las democracias consolidadas en Europa tras la derrota del fascismo que en Espanฬa nunca se produjo.
Los paiฬses, como las personas e igual que los animales, pueden quebrarse por dentro, si sufren el castigo suficiente durante tiempo bastante. Si se desoyen todas sus demandas. Si se le priva de su identidad hasta que asume que es la de su amo. Y nos ha ocurrido eso.
Espanฬa es un burro apaleado que se suenฬa toro bravo y termina estoqueado.
Espanฬa es una bestia rota.
Este artรญculo ha sido publicado en la web Asnologรญa. Eliseo Garcรญa es autor de los textos del libro Hermano Asno, cuyas fotos son obra de Mondelo.
Imagen de portada publicada en โHermano asnoโ (competiciรณn de arrastre de piedra con asnos en Iurreta, Bizkaia).
Estupendo Eliseo, da gusto ver la claridad al lado de lo asno. Yo me rebuzno y me asno felizmente con tus reflexiones. Abrazos de oreja a oreja, hermano!
Muy bueno el articulo. Lo รบnico que faltรณ es hacer la autocrรญtica de lo ocurrido a maรฑos espaรฑolas con los pueblos de Amรฉrica Latina no sรณlo expoliados, saqueados, maltratados y dominados, sino tambiรฉn casi exterminados y llevados a la misma humillaciรณn que ustedes padecen. Colaboraremos nosotros en conseguir recuperar lo robado por ustedes y vuelto a robar por los eternos ladrones y dominadores.
Estoy totalmente de acuerdo con el artรญculo.
Hay que tomar tambiรฉn protagonistas a otras democracias del mundo como Italia, sumida en la corrupciรณn mas profunda y abusos a menores de polรญticos, los abuelos con contratos de ยซminijobsยป en la todo poderosa Alemania, y que decir de nuestro querido amigo Donald en EEUU, por no hablar de los partidos de ultra derecha que emergen en el resto de Europa. La sociedad espaรฑola es una bestia rota, y el resto, tambiรฉn.