¿Quién dice que las adicciones no son buenas? No para Carlos Rodríguez Casado. A él le gusta dibujar. Y le gusta tanto que se considera adicto
Rodríguez Casado es un joven estudiante de ilustración, pero su trabajo puede verse ya publicado en diarios nacionales y ha participado también en algún festival mostrando su creatividad y soltura, no solo con el lápiz sino también con los pinceles. Lo que caracteriza la obra de este artista son las acuarelas, que muchas veces descompone como collages artesanales.
Su afición por el arte le viene desde pequeño y es que en su casa pinta hasta su abuela. Además su padre y su tío son grandes dibujantes y su hermano es artista conceptual. A pesar de su juventud, Carlos muestra una gran madurez tanto en su obra como en la explicación de la misma. «Cada composición gira en torno a la pérdida de imagen y narra un mismo concepto de una manera (mediante repeticiones en las posturas, la conexión del retratado con el escenario…). Es un proyecto muy personal, pensado como carta de presentación de estilo, y que marcó la manera de componer mis imágenes de ahí en adelante».
Su proceso parte de una descomposición digital de lo que quiere pintar, pero luego deja de lado la máquina para lanzarse a la piscina con sus imperfecciones y sus acuarelas, material que considera íntimo, emotivo y delicado. «Considero mi estilo como “desfigurativo”. No me gusta que me coloquen dentro del hiperrealismo porque no pretendo que mis dibujos parezcan fotografías. Sí que es cierto que son pinturas figurativas, pero con los elementos alterados en función de lo que quiera comunicar la pieza, y siempre partiendo de la imagen original sin añadidos: este es el leitmotiv de todos mis trabajos, que siempre da como resultado imágenes extrañas y desfiguradas».
Este palentino tiene muy claro lo que hace. Se planteó estudiar Bellas Artes, pero lo cambió por Diseño gráfico y tras el primer año lo abandonó por un ciclo de Ilustración. Actualmente vive en Madrid y anda metido en el colectivo de artistas Atelier Des Jeunes.
Entre sus influencias se encuentra buena parte de los artistas de la escuela de Londres de entre los que destaca a Freud, Bacon y Auerbach; y de los contemporáneos le gusta la obra de Jenny Saville y Alex Kanevsky.
El futuro le augura cosas buenas, no le faltan proyectos. Desde un álbum infantil sobre la vida de Sorolla a ilustraciones para prensa. Además busca lugar para exponer, así que si hay algún galerista en la sala dispuesto a exhibir las adicciones del muchacho, que se manifieste.
Los juegos visuales de Carlos Rodríguez Casado
