Olvídate de campanadas. ¡El año empieza con los coleccionables!

Un popular dicho católico afirma que «tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión». Lo cierto es que no parece que brillen tanto como cuentan y lo que sí es cierto es que si uno mira al sol sin protección ocular durante el tiempo suficiente, la madre de todos los cristianos se aparece ante uno. También te quedas ciego, pero la satisfacción no te la quita nadie.

Pues bien, hay dos momentos del año que brillan mucho más que los jueves y el sol juntos: el inicio del curso académico y el inicio del año como el que vivimos en estos días. ¿Por qué? ¡Porque los quioscos se llenan de coleccionables!

No existe nada malo en coleccionar. De hecho, casi cualquier persona colecciona algo en mayor o menor medida: discos de vinilo, sellos del Fórum Filatélico, pantys usados por colegialas o cadáveres descuartizados en el jardín. Es una labor que requiere de investigación, constancia, minuciosidad y cariño por los detalles. Todo eso merece ser valorado. Sin embargo, comenzar a coleccionar un proyecto por entregas de quiosco es otro asunto. Es plantear un objetivo desde la vagancia más absoluta, desde la indolencia del que se sienta a mirar al mar desde el rompeolas esperando a que los boquerones lleguen ya pescados y fritos. Joder, que sólo te llega la ambición para tumbarte en el sofá a esperar cada entrega, dedicar 5 minutos a apreciar/montar/clasificar y hasta el mes que viene.

La tradición del coleccionable de quiosco se remonta a tiempo de los fenicios, cuando lo normal era construir los barcos poquito a poquito, con ese mimo que sólo las entregas semanales pueden asegurar. Después de eso llegaron cosas útiles de verdad como las que recopila Roger Crunch en un artículo acerca de clásicos quiosqueros. Destaca, sin duda, el de Sabiduría Oriental, por sólo 2€ por libro, que cuenta con un sugerente subtítulo que, imaginamos, ha sido añadido por algún internauta entusiasta: sabiduría de oferta.

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Otros grandes clásicos son aquellos dirigidos a un público maduro ansioso por llenar vitrinas. Las maravillosas Teteras de Colección, que ni siquiera eran teteras sino sus miniaturas y los Dedales de Colección, una recopilación que reunía casi 80 ejemplares con su correspondiente expositor son recurrentes en los anuncios televisivos post navideños. Ojo, si en su momento se te pasó hacerte con los dedales, por 120 míseros euros te haces con toda la colección.

¿De verdad alguien cree que mi tía Conchi no tiene una colección de dedales que se mea en la de Planeta De Agostini?
¿De verdad alguien cree que mi tía Conchi no tiene una colección de dedales que se mea en la de Planeta De Agostini?

Para aquellos con hectáreas cuadradas para acumular objetos nació Camiones Articulados, un coleccionable de 60 entregas, es decir, 60 camiones de unos 30 cm. de largo con una estructura de costes digna de un camello de heroína: 6,99 € en la entrega promocional, 15,99€ para la segunda entrega  y 24,99 € para el resto de la colección, hasta la entrega 60. O sea, baratito al principio, para enganchar, y letal a partir de la tercera semana. En total, casi 1.500 euros en camiones de plástico.

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Llegados al presente, es satisfactorio comprobar que los coleccionables gozan de la misma salud que décadas atrás. Los puntos de venta están repletos de ellos y de sus cartones tamaño «hace falta toda la madera del Amazonas para fabricarlo». Los consumidores compran el número uno atraídos por el ridículo precio y, a partir de ahí, como si nada hubiese ocurrido.

Algunos son incluso un desafío espiritual. ¿Qué ocurre si uno completa Rosarios de Salvat? ¿Hay puntos extra para entrar en el cielo de la misma manera que los hermanos mayores puntúan como antiguos alumnos en los centros educativos para que entren los menores?

Salvat explica que lo que ofrecen son«rosarios dedicados a la Virgen María, a los santos y a las más importantes celebraciones litúrgicas: auténticos símbolos de la fe y de la devoción cristiana, objetos preciosos y llenos de historia para coleccionar y conservar». Y un mínimo de 60 ejemplares. Alabado sea el Señor.

Por algún motivo, tanto los amantes del modelismo como los del motor han merecido un secular buen trato por parte de las mentes que hay tras las editoriales. Si se da la circunstancia de que eres aficionado a ambas cosas, la dicha está asegurada.

¿Por qué no dejarse más de mil pavos en un McLaren de Fórmula 1 que te envían poco a poco, como las partes del cuerpo de un secuestrado por el que se solicita un rescate? Eso es posible hoy mismo.

Si lo tuyo son las motos, cuentas con la colección Los Mejores Cascos Moto GP, un compendio de 100 miniaturas a escala 1:5 a trece eurípides por ejemplar. Eso sí, cada uno con su peana expositiva.

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En cualquier caso, el coleccionable que mejor refleja el tiempo tecnológico que vivimos es Construye la impresora 3D Idbox. Este coleccionable no es tal, sino una prueba de paciencia del máximo nivel.

Construye la impresora 3D Idbox consta de 12 envíos mensuales si decides pagarla en un año (casi mil pavos en total) o 12 envíos bimensuales si decides decantarte por el pago en dos años. Es decir, si andas mal de pasta, recibirás la primera entrega dentro de una semana. Montarás las piezas que lleguen y dejarás la impresora a medio montar en algún sitio durante dos meses. Entonces, volverás a recibir un paquete con otras pocas piezas. Dos años después, por fin, podrás imprimir la cabeza de Yoda por la que te decidiste a hacerte con el coleccionable.

¿Cuál es el coleccionable que te ha parecido más chanante desde el inicio de los tiempos?

Gracias a Roger Crunch y al resto de incansables investigadores aquí reunidos por sus aportaciones.

3 Comments ¿Qué opinas?

  1. […] Olvídate de campanadas. ¡El año empieza con los coleccionables! […]

  2. ¿Y no dices nada del aberrante R2D2 en 100 entregas que está bombardeando la publicidad televisiva ultimamente?

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