Creatividad para gente normal

creatividad para gente normal

Hay una idea bastante extendida y bastante cómoda de que la creatividad es cosa de otros. De los que dibujan bien, de los que escriben libros, de los que trabajan en agencias con paredes de ladrillo visto y nombres en inglés. Una especie de club más o menos exclusivo al que uno puede asomarse, pero no entrar sin invitación. Es una idea cómoda porque te deja fuera. Si es un don, tú no lo tienes. Si es un talento, no es cosa tuya. Si es una profesión, no te toca. Caso cerrado.

Pero no. La creatividad no vive en los museos ni en anuncios premiados. Vive en cosas bastante menos épicas: en cómo escribes un mensaje, en cómo resuelves un problema sin manual, en cómo decides hacer algo de otra manera, aunque sea una tontería. En elegir. Porque elegir no es neutro. Nunca lo ha sido. Siempre hay una forma estándar de hacer las cosas, la que se espera, y luego está la otra. La tuya.

Y ahí es donde empieza todo. Porque la creatividad tiene menos que ver con inventar algo desde cero que con desviarse un poco del camino marcado. A veces apenas unos centímetros. A veces lo justo para que tú lo notes, que ya es bastante.

No hace falta montar una revolución. Hace falta prestar atención: a cómo hablas, a cómo miras, a cómo repites gestos sin preguntarte por qué. La rutina, en el fondo, es una sucesión de decisiones automatizadas. La creatividad aparece cuando decides desautomatizar una sola. Una basta.

La rutina, en el fondo, es una sucesión de decisiones automatizadas. La creatividad aparece cuando decides desautomatizar una sola. Una basta.  

La creatividad no siempre mejora las cosas. A veces las complica. Pero aun así es necesaria. No porque garantice resultados, sino porque evita la inercia. Y la inercia, esa sí que es peligrosa: te hace creer que estás decidiendo cuando en realidad estás ejecutando.

No hay una norma que diga que no puedes hacer las cosas de otra manera. No hay un jefe universal de la creatividad que reparta permisos. Lo único que hay es costumbre. Y la costumbre pesa más de lo que parece.

Por eso resulta tan tentador pensar que la creatividad es cosa de otros. Porque así evitas la incomodidad de elegir distinto. Ese pequeño vértigo de no saber si funcionará. Pero elegir siempre lo mismo también tiene un precio. Solo que ese se paga a plazos.

Toni Tugores es director general creativo de After

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