El talento no está solo en las grandes ciudades, pero hay que saber retenerlo

retener talento joven

Un joven artista de Huesca, una diseñadora brillante de Calatayud, alguien que hacía cortos con el móvil en Alcañiz y de repente están en Berlín, en Miami o en Madrid porque en sus ciudades «no pasaba nada». No porque no tuvieran talento —eso les sobraba—, sino porque no encontraban espacios donde crecer, equivocarse, aprender, mostrar lo que hacían.

El debate sobre cómo retener y acompañar a las nuevas generaciones suele centrarse en las grandes políticas públicas o en la capacidad del mercado para absorber talento emergente. Sin embargo, hay un actor clave que con frecuencia queda fuera de foco: las fundaciones culturales. Instituciones que, cuando asumen un papel activo y comprometido, pueden convertirse en verdaderos motores de arraigo, profesionalización y visibilidad para los artistas jóvenes.

Hoy, muchas fundaciones han evolucionado más allá de la conservación del patrimonio o la programación de exposiciones. Ahora apuestan (apostamos) por modelos contemporáneos que entienden la cultura como un proceso vivo y en constante construcción. Modelos que combinan acompañamiento, formación, visibilidad y conexión con el territorio. Porque es en ese acompañamiento a medio y largo plazo donde se genera un impacto real: no solo se impulsa una obra, sino una trayectoria.

Es algo que desde las fundaciones nos preocupa y nos ocupa. Porque la fuga creativa es una realidad. Una que vacía territorios, empobrece ecosistemas y rompe algo muy valioso: la posibilidad de construir una carrera cultural sin tener que marcharse.

Sabemos que este debate suele centrarse en las grandes cifras y en las políticas públicas. Pero queremos poner el foco en lo que desde estas instituciones estamos haciendo desde lo concreto, desde lo cercano, desde el territorio.

Porque si algo tenemos claro es que el talento no está solo en las grandes ciudades, está donde alguien lo escucha, lo acompaña y lo toma en serio. Entre terminar la formación y ganarse la vida como artista, como creador, hay un salto sin red. Un momento crítico en el que muchos se quedan colgados. Y aquí es donde las fundaciones tenemos una responsabilidad muy concreta: ser puente. No con promesas vacías, sino con convocatorias, impulso, formación y acompañamiento real.

Programas concretos que construyan trayectorias a medio y largo plazo. Porque cuando una fundación apuesta por un artista, no solo le da recursos: le aporta legitimidad, visibilidad y proyección. Y eso, para un joven creador, es oro.

¿Y si hablamos del territorio?

La mayoría de las oportunidades culturales siguen estando concentradas en las grandes ciudades. Eso obliga a muchos jóvenes a irse si quieren dedicarse a lo que les apasiona. Desde las fundaciones culturales, podemos crear ecosistemas locales, conectar a los creadores, demostrar que no hay que irse para existir.

Por eso es tan importante trabajar desde la lógica del territorio, porque podemos y queremos cambiar el mapa. En nuestro caso no lo decimos como eslogan: lo decimos desde la experiencia, tras años apoyando a a jóvenes artistas con programas que mezclan formación, visibilidad y acompañamiento, no solo en Zaragoza, sino en todo el territorio.

Además, no se trata solo de llenar salas o atraer nombres conocidos. A veces, el verdadero impacto está en respaldar una trayectoria que empieza, en apoyar a los creadores que deciden quedarse. Apostar por el talento joven es una inversión en futuro. Un futuro que no pasa solo por los grandes focos, sino por hacer que cada rincón tenga su voz y su espacio. Porque la cultura no solo se hereda. Se acompaña. Se impulsa. Se sostiene.

Mayte Ciriza es jefa del Área de Cultura de Fundación Ibercaja

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