Flรขneuse: las mujeres aรบn tienen que conquistar las ciudades

Hay tantos letreros, tanto ruido, tal velocidad que no vemos las ideas que gobiernan las plazas y las avenidas. La calle es, desde hace siglos, un lugar para hombres. No es de las mujeres que tienen que caminar detrรกs de sus maridos, como ocurre en Japรณn; ni de las saudรญes porque no les dejan conducir. Tampoco les pertenece a las mujeres de los paรญses en los que las miran mal si van solas por las aceras. La ciudad no estarรก bajo sus dominios mientras tengan que andar en guardia para evitar que un agresor las asalte en una callejuela.

Esta realidad aplastante, a menudo, se ve reforzada por la fantasรญa. A las niรฑas, desde muy pequeรฑas, les enseรฑan a tener miedo a los pasadizos y a los peligros de la ciudad.

A los seis aรฑos, Atxu Amann aprendiรณ a estar alerta. En la calle estaba obligada a ir de la mano de su abuela; si no, le advirtiรณ ella, vendrรญa el hombre del saco y se la llevarรญa para siempre. Ocurrรญa tambiรฉn que en aquellos aรฑos 70, al llegar a casa, de noche, en un barrio de Madrid, su padre empezaba a vociferar: ยซSerenooo, serenoooยป, mientras daba palmadas y, de pronto, aparecรญa entre la penumbra un hombre con un manojo de llaves. El poder de entrar y salir โ€”reparรณ Amannโ€” estaba en manos de un desconocido.

Poco despuรฉs, al llegar la Navidad, entre un gran bullicio de gente, sus padres la sentaron en el regazo de un viejo con ropa rara y una barba blanca. El hombre le dijo al oรญdo que tenรญa que ser buena; si lo era, una noche entrarรญa en su casa, por la ventana, y le dejarรญa un regalo. ยซยฟUn desconocido colรกndose, a oscuras, en mi casa?ยป, se preguntรณ, pasmada.

Estas historias transformaron el paisaje que aquella niรฑa tenรญa de la ciudad. Las calles se volvieron pasadizos tenebrosos donde, desde cualquier sombra, podรญa emerger un hombre del saco, un sereno o un bandido con una corona dorada. Un dรญa, la niรฑa, desconcertada, le dijo al padre: ยซPapรก, yo no quiero que vengan los reyes magos. ยฟHas pensado que el hombre del saco, el sereno y los reyes, a lo mejor son amigos, y nos la van a liar?ยป. El padre le respondiรณ: ยซMira, hija, las cosas no son como nos las han contadoยป.

A Atxu Amann le impactรณ esta frase y hoy subyace en muchas de las investigaciones que realiza desde su puesto de doctora arquitecta de la Escuela Tรฉcnica Superior de Arquitectura de Madrid. ยซEstas historias nos hacen las cosas aรบn mรกs difรญciles. Nos las cuentan para facilitarnos la vida, pero acaban haciรฉndola mรกs compleja y en algunos casos, imposibleยป, indica con un recogido finรญsimo, unas botas poderosas y un brillo en los ojos que fulminarรญa al instante a un bravucรณn.

Amann era una chica curiosa y sin miedo. Una noche, cuando tenรญa 19 aรฑos, se despistรณ y el peligro la arrinconรณ tras una puerta. Un hombre la violรณ en una sesiรณn de cine de madrugada. No hubo juicio, pero hoy, al recordar el incidente, la arquitecta imagina una escena asรญ: ยซEl juez dirรญa: ยฟQuรฉ hacรญa usted a la una de la maรฑana en un cine?, y yo dirรญa: Lo que habrรญa que preguntar es ยฟquรฉ hace un violador viendo una pelรญcula de Almodรณvar en los Alphaville?ยป.

El agresor no fue el hombre del saco. Fue un hombre real.

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Pisando mรกs espacio

Piensa la urbanista que hoy ยซlas mujeres podemos ir a muchos sitios, podemos caminar a muchas horas, pero la ciudad no es un lugar amable para nosotrasยป. Esta sensaciรณn marca la velocidad del paso de las mujeres. ยซMuchas tienen que andar con el culo salido porque van con el carrito de la compra, porque llevan a una anciana, porque cargan con los niรฑosยป, relata un viernes de aspecto otoรฑal, en un cafรฉ de Madrid.

Los espacios pรบblicos nunca se diseรฑaron para las mujeres. Nadie imaginรณ siquiera a una flรขneur, la que deambula por el placer de perderse, de ver pasar la vida desde un paso lento. ยซNo podemos ser flรขneur porque no nos han permitido disfrutar del espacio pรบblico. Nos han dejado ser flรขneur en el espacio domรฉstico, que lo tenemos como los chorros del oro, porque es nuestro espacio pรบblico cuando viene alguien de visitaยป.

Una mujer que camina sin rumbo, parรกndose a tocar la textura de los muros, agitando las plantas para apreciar su olor, resultarรญa sospechosa. La mirarรญan como a una loca. ยซLa mujer siempre tiene un origen y un destino. El origen es la casa y el destino es la iglesia, el mercado, el centro de saludโ€ฆ Esta forma de relacionarnos con la ciudad ha llevado a que nos pongan unas etiquetasยป. Son las marcas que Amann intenta borrar desde su labor de arquitecta: ยซMi funciรณn es desetiquetar para que las mujeres ganemos mรกs espacios de libertadยป.

A la caza del tiempo

Dice la arquitecta que las mujeres han ido ganando espacio en la calle, pero el tiempo aรบn no es suyo. Los hombres han impuesto su ritmo a la ciudad. La duraciรณn de la luz de los semรกforos, la velocidad de los cochesโ€ฆ La mayor parte de los elementos que marcan el paso ยซestรกn pensados para el hombre trabajador. No estรกn contemplados los tiempos para cuidar de los demรกsยป, afirma, convencida: la voz firme, los codos sobre la mesa, la cara adelantada.

Amann plantea que una ciudad serรญa mรกs femenina si cambiaran el tiempo de los semรกforos. Ahora hay que cruzar con prisas y sin contemplaciones. Pero si en vez de unos segundos, la luz permaneciera verde siete minutos, la ciudad serรญa un lugar distinto. Las personas podrรญan detenerse a hablar mientras cruzan de una acera a otra; los vendedores se acercarรญan a ofrecer sus productos; los que llevan un carrito de la compra, el coche de un bebรฉ o empujan una silla de ruedas podrรญan ir con mรกs calma; habrรญa mรกs รกrboles porque se necesitarรญan sombras y protecciรณn frente a la lluvia. ยซLlegarรญas a todos los sitios, como ahora, aunque tardรกramos mรกsยป, expone la arquitecta. ยซRevertirรญamos el tiempo. El tiempo y la velocidad son convenios que se pueden cambiarยป.

Eres por donde caminas

Los habitantes de una ciudad no se comportan como quieren. Estรกn dirigidos por los edificios, por los pasos de peatones, por los cruces arriesgados, por las aceras estrechasโ€ฆ No es igual vivir en un barrio peatonal que en una zona residencial donde se ha de coger el coche hasta para ir a por el pan. ยซEl modo en que construimos no solo refleja, sino que determina, quiรฉnes somos y quiรฉnes seremosยป, escribe la acadรฉmica Lauren Elkin en Flรขneuse, Women Walk the City. ยซEl ambiente es determinante, constitutivo; te convierte en la persona que eres y te lleva a hacer lo que hacesยป.

Las ciudades estรกn llenas de barreras invisibles, de fronteras silenciosas que sentencian quiรฉn puede ir a un lugar y quiรฉn no. Escaleras empinadas, zonas oscuras, aparcamientos con plazas limitadasโ€ฆ Tambiรฉn las convenciones sociales de cada localidad estrechan el cerco: andar detrรกs del hombre, el largo del vestido, el repudio a la mujer que fuma mientras pasea. ยซEstamos tan acostumbrados que apenas notamos los valores que hay detrรกs de estas lรญneas divisorias. Puede que sean invisibles, pero determinan el modo en que circulamos dentro de la ciudadยป, escribe Elkin.

La urbanista estadounidense piensa igual que Amann: la calle no es un espacio neutral. Las plazas y los bulevares se levantan siempre sobre una ideologรญa. ยซDe Teherรกn a Nueva York, de Melbourne a Bombay, una mujer todavรญa no puede caminar por la calle de la misma forma que lo hace un hombreยป. Hay que conquistar la ciudad, reta; las mujeres aรบn tienen que reclamar la calle para ellas.

Porque solo cuando descubran estas verjas invisibles que les cierran el paso podrรกn desafiarlas y derribarlas. Una mujer que camina con la idea de que cada paso puede marcar una huella de rebeldรญa ยซno solo cambia el modo de moverse por el espacio; tambiรฉn interviene en la organizaciรณn de ese lugarยป, afirma Elkin. Y, por eso, pide ยซnuestro derecho a perturbar la paz, a observar (o no observar), a ocupar (o no ocupar) y a organizar (o desorganizar) el espacio a nuestra maneraยป.

Asรญ hasta que, por fin, no haya que distinguir entre gรฉneros. Asรญ pues, como dice Amann, al final, ยซno es un conflicto de hombres o mujeres. Porque todos los gรฉneros incluyen cualquier otredadยป.

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FLร‚NEUR: UNA PALABRA SIN FEMENINO

Eran cultos y elegantes. Eran hombres. En la primera mitad del siglo XIX, algunos intelectuales parisinos empezaron a andar sin prisa y sin propรณsito por la ciudad. Esa actitud contemplativa, ese deambular sin rumbo con un รบnico destino, disfrutar, los convirtiรณ en flรขneurs. En la aparente nada de la ciudad intentaban hallar el arte y el pensamiento. Buscaban lo infraordinario: lo que ocurre cuando nada ocurre, como explica el escritor Georges Perec.

A Lauren Elkin tambiรฉn le gusta vagar. Lo supo cuando, hace aรฑos, llegรณ a Parรญs. Le sorprendiรณ ver caminantes por las plazas y las calles; en su infancia estadounidense no existiรณ el paseo. Pero le asombrรณ algo mรกs: al estudiar la figura del flรขneur descubriรณ que los hombres se apropiaron de esta forma de mirar el mundo y de la literatura que escriben despuรฉs.

ยซLos escritores que hablan hoy de las ciudades, los grandes de la psicogeografรญa, los que se leen en la revista Observer del fin de semanaยป, todos son hombres, segรบn Elkin. Parece que el tiempo ha transcurrido solo por el suelo (para allanarlo con asfalto en vez de tierra) y por la tรฉcnica (que se llevรณ a los caballos y trajo los coches). La idea del flรขnuer, en cambio, permanece inmรณvil entre los intelectuales de hoy. Apenas dista de la definiciรณn que dio Louis Huart en 1841: ยซBuenas piernas, buenos oรญdos y buenos ojos (โ€ฆ). Estas son las principales ventajas fรญsicas que necesita un hombre francรฉs para merecer entrar en el club de flรขneursยป.

Tan por sentada dan estos escritores la masculinidad del caminante, y tanto hablan los unos de los otros en su cรญrculo cerrado, que para Elkin estรกn creando un canon machote de escritores caminantes. ยซComo si el pene fuera un requisito para caminarยป, ironiza.

A las mujeres no les han concedido siquiera una palabra. El tรฉrmino flรขneur es solo para hombres y, por eso, Elkin, indignada, decidiรณ acuรฑar una versiรณn femenina: flรขneuse.

โ€”
[flanne-euhze]
Nombre, del francรฉs.
Forma femenina de flรขneur, el que vaga; el que va sin rumbo, observando, por las ciudades.
โ€”

ยซEs una definiciรณn imaginaria. La mayorรญa de los diccionarios franceses no la incluyenยป, indica la estadounidense. Y cuando alguno recoge el vocablo, como hace el Dictionnaire Vivant de la Langue Franรงaise, describe un tipo de sofรก para recostarse. ยซยฟEs una broma?ยป, pregunta, con sarcasmo, la urbanista. ยซยฟEl รบnico tipo de deambular curioso de una mujer tiene que hacerlo tumbada?ยป.

 

VIRGINIA WOOLF: UNA MUJER FLร‚NEUSE

Virginia Woolf decรญa que, al caminar, al cruzarse con otras personas, uno imagina otras vidas. Te pones en la piel de otro durante unos instantes y te conviertes en una lavandera, un tabernero, un cantante de la calle. ยซY quรฉ mayor deleite puede haber que abandonar las lรญneas estrictas de la personalidadยป, escribiรณ en su ensayo Street Haunting.

Era 1927. Pocas letras de mujeres habรญa entonces en la literatura dedicada a hablar de las sensaciones que produce caminar por la calle. A su paso por los barrios de Londres iba encontrando los destellos que luego llevarรญa a sus artรญculos y a sus novelas.

Deambular, contemplar, olfatearโ€ฆ Hay un modo de caminar que busca descubrir mรกs que llegar a un sitio. Virginia Woolf escribiรณ una carta a su amiga Ehtel Smyth, en 1930, en la que hablaba de su necesidad de conectar con el mundo. ยซEntre el tรฉ y la cena, caminar y caminar, reavivar mis fuegos, en la ciudad, en esos barrios desdichados donde me asomo para mirar por las puertas de las casas pรบblicasยป.

Woolf pensaba que el que pasea asรญ es ยซun ojo enormeยป. Un ojo que, a veces, se distancia: ยซescapar es uno de los mayores placeresยป; un ojo que, a veces, intenta no ser visto, que se funde con el escenario, como describiรณ la novelista George Sand cuando caminaba por Parรญs, durante la revoluciรณn de 1830: ยซNadie me conocรญa, nadie me miraba, nadie tenรญa nada que reprocharme; era un รกtomo perdido en aquella inmensa multitudยป.

12 Comments ยฟQuรฉ opinas?

  1. Sin haber leรญdo todavรญa el artรญculo, mi respuesta a la pregunta es un rotundo ยซsรญยป. Y yo aรฑadirรญa, de hombres que solo van en coche!!!

  2. -Pasear:Andar por placer o para hacer ejercicio por un lugar, generalmente al aire libre, despacio y sin un destino determinadoโ€ฆ.pasear,que triste que algo tan natural,pueda convertirse en un obstรกculo para una mujer.

  3. Ando pensando estudiar francรฉs estos dรญas y, en mi deambular sedentario, me encuentro con este hermoso vocabloโ€ฆ Y necesario artรญculo. Esta era la pieza que me faltaba para salir a las calles, leer, escribir en ellas y comenzar mis estudios. Merci!

  4. Acabo de darme cuenta que soy una flanรชuse. Siempre me he considerado, una extraรฑa en la ciudad, porque no participo del vรฉrtigo. Pero es asรญ como la vivo : con calma, con deleite, conโ€ฆ

  5. Soy Psicopedagoga de vieja, lo hice porque me aburrรญ de sentir la pata de mi pareja en mi cuello, machista acรฉrrimo no ganรณ mucho pero me siento libre, dueรฑa de mi vida, feliz de ganar dignidad mi espacio.

  6. Buenos dรญas : al leer el artรญculo me he dado cuenta de la suerte que he tenido pudiendo ser paseadora sin rumbo durante tantos aรฑos y sin problemas,pero sรฉ que he dejado de ver sitios o meterme en callejuelas por protecciรณn.
    Andar y mirar sin fin especรญfico es uno de los mayores placeres liberadores. Ojalรก todas pudiรฉramos disfrutarlo.
    Mar, te dejo el link a una plataforma de una amiga destinada ร  mujeres viajeras: TripWomanhttp://www.nationalgeographic.com.es/viajes/actualidad/tripwoman-plataforma-para-mujeres-viajeras_13002 quizรกs poco a poco podamos recuperar espacios.
    Gracias por Yorokubu! Y a mi madre por darme ร  conocer este artรญculo

  7. Las consideraciones y hechos histรณricos estรกn ahรญ para gloria e heroรญsmo del gรฉnero dรฉbil o minorizado. En el S. XXI y en Occidente creo que el espacio a recuperar por ambos gรฉneros es el del asfalto y el vehรญculo motorizado, a erradicar en ciudades densas sin contemplaciones en favor del peatรณn humano o robรณtico y de bosques urbanos. Nefelibatar en ciudades y entornos urbanos y densos es un derecho universal. No lo es desplazarse con velocidades, ruidos, humos, espacios y peligros incivilizados. Artรญculo de premio.

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