Si los barcos que conectan la península con Ibiza dejaran de llegar, la isla tardaría exactamente seis días en quedarse sin alimentos. Bajo el brillo del lujo, los hoteles de dos mil euros la noche y los neones de las discotecas, late una fragilidad extrema. Ibiza solo produce hoy el 4% de lo que consume. El paraíso es, en realidad, un sistema roto que depende de un cordón umbilical de acero y gasóleo.
Ismael Torres, un ibicenco que ha decidido cambiar los despachos por el barro, lo explica con la crudeza del que conoce la tierra. «Vivimos en una desconexión total. Hemos abandonado el campo para entregarnos a un modelo donde todo se importa y nada nos pertenece. Este abandono no solo nos ha vuelto dependientes, sino que ha dejado el paisaje a merced de una agricultura industrial de venenos que agota el suelo y borra la biodiversidad».

Frente a esta cuenta atrás, nace Juntos Farm. No es solo una finca, sino un plan de rescate. Es el regreso de un realista con las manos manchadas de tierra que ha entendido que, en un mundo que fluye a velocidad de vértigo, la única forma de garantizar nuestra supervivencia es dejar de mirar al horizonte y empezar a mirar, de nuevo, lo que tenemos bajo los pies.
El proyecto Juntos comenzó hace ocho años con una pequeña finca en el norte de la isla. El reto era el de cualquier agricultor: ¿qué haces cuando, de pronto, tienes cientos de kilos de tomates maduros al mismo tiempo? La respuesta creativa fue Juntos House, un restaurante de cercanía que se convirtió en un éxito rotundo.

Producción ecológica
Pero para Torres, el impacto de un restaurante era pequeño comparado con la magnitud del problema. Hacía falta «pensar fuera de la caja». Así llegaron a una finca icónica de 20 hectáreas que en los años 60 fue una vaquería referente en la isla. Un lugar donde antes había 300 vacas y que, con el giro de Ibiza hacia el turismo de lujo en los años 2000, terminó abandonado, convertido en un amasijo de hierros y tierra olvidada.
Lo que para otros era basura, para el equipo de Juntos Farm era el lugar donde arreglar el sistema. «Para nosotros tenía todo el sentido», explica el subdirector de Junto Farm. Tres años después de empezar a trabajar la tierra sin descanso, el cambio de cara es asombroso. Hoy son el mayor productor ecológico de Ibiza y están entre los cinco mejores de Baleares.

La magia de Juntos Farm no está solo en lo que producen, sino en cómo lo hacen. No se limitan a la agricultura ecológica, sino que practican la agricultura regenerativa. No voltean la tierra para proteger la microbiología, mantienen coberturas vegetales para conservar la humedad y han reintegrado a los animales en el ciclo vital.
Sus 150 cabras son mucho más que ganado, son su «cortacésped natural» y la fuente de abono que nutre el suelo. Junto a ellas, 200 colmenas de abejas polinizan los cultivos y un ejército de gallinas cierra el círculo transformando las mermas de la cosecha en huevos de alta calidad. El resultado de esta explosión de vida son 200 toneladas anuales de alimento de kilómetro cero.

Sistema digestivo
La segunda fase del proyecto ha sido transformar las antiguas infraestructuras en un edificio autosuficiente y tecnológico. Tras levantar una ronda de inversión de seis millones de euros, han creado un centro de distribución que funciona como un sistema digestivo.

La primera fase es la entrada, donde llega la producción propia y la de otros agricultores locales que comparten su visión. La segunda es la transformación y lo que no se vende en fresco pasa a cocinas polivalentes donde se fermenta, se escabecha o se cocina, convirtiendo un producto de vida corta (como el tomate de verano) en un producto de alto valor añadido con larga vida útil. La última fase es la degustación, un espacio abierto al público donde el consumidor puede vivir la experiencia completa, consumiendo únicamente lo que nace y se procesa en la propia finca.

Uno de los momentos más emotivos para Torres ha sido el regreso de las visitas escolares. «Yo estuve en esta finca hace 25 años aprendiendo que la leche no venía del supermercado. Ver cómo los niños vuelven hoy a interactuar con la naturaleza me hace muy feliz».
Juntos Farm ha ido incluso un paso más allá en la experiencia 360º, integrando a artesanos locales. Utilizan la madera de sus propios bosques, cuya gestión es vital para prevenir incendios en la isla, para fabricar las sillas y mesas del restaurante. Incluso la vajilla de arcilla nace de la tierra de la finca. Es el concepto ‘del campo a la mesa’ llevado al extremo, ya que hasta la propia mesa es del campo.

Un ejemplo
Pero Ismael Torres y todo el equipo de Juntos Farm no buscan solo una finca próspera, buscan un cambio de mentalidad. Quiere que Ibiza, además de ser conocida por su ocio nocturno, sea un caso de éxito de soberanía alimentaria y sostenibilidad financiera. «Esperamos que Ibiza sea conocida como un ejemplo para cualquier otra isla o región, y demostrar que existe una alternativa viable y posible».

Juntos Farm no es solo una explotación agraria. Es una semilla plantada en el corazón del Mediterráneo para recordarnos que, para asegurar el futuro, primero debemos sanar la tierra que pisamos.






