Durante la pandemia se ha hecho más evidente que queremos que nuestras calles estén más dedicadas a las personas que a los coches. También que los espacios comunes de nuestros barrios podrían adecuarse para realizar muchas actividades recreativas cerca de nuestras casas, sin necesidad de desplazarnos a otros puntos de la ciudad.
Queremos poder pasear y hacer deporte por nuestras calles, que sean amplias para permitir plena accesibilidad a las personas con movilidad reducida, para los carritos de bebé, que incluyan carriles bici y, por qué no, soluciones prácticas para los debatidos patinetes eléctricos. Una ciudad abierta e inclusiva que priorice el bienestar de sus habitantes a una escala humana.
El lema es humanizar las ciudades. Aunque el concepto ya lleva un tiempo circulando, parece haber calado de lleno con la pandemia. Queremos reconquistar nuestras calles.
Son numerosas los beneficios de peatonalizar y ensanchar las aceras de las calles de nuestras ciudades: fomenta la movilidad sostenible, reduce la contaminación atmosférica y acústica y ahora también podríamos añadir los beneficios para la salud pública porque reduce el riesgo de contagio al poder guardar las distancias de seguridad y practicar deporte en espacios abiertos.
Un espacio recuperado para los peatones no es poca cosa. Al pasear tranquilamente por la ciudad podemos alzar la vista a las fachadas de los edificios y los escaparates de los comercios. Vivimos la ciudad de otra manera. Nos reencontrarnos con amigos tomándonos algo en la terraza de un bar, viendo pasar la gente por un paseo ajardinado, los ciclistas circulando por su carril, mientras los niños juegan en un parque infantil, resguardado del tráfico contaminante.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en colaboración con Datadista, señaló en una encuesta realizada en octubre de 2020 las principales ciudades españolas con mayor porcentaje de peatonalización: Bilbao (20%), Barcelona (18%), Valencia (18%) y Sevilla (13%). Los peores datos de las grandes ciudades encuestadas son de Palma de Mallorca (4%) y Madrid (4%).
Se observa que las ciudades con más peatonalización también tienen mayores tramos de carriles bici, un tándem que muestra una mayor preocupación de las administraciones locales por una movilidad sostenible.
[pullquote]Bilbao (20%), Barcelona (18%), Valencia (18%) y Sevilla (13%) son las ciudades españolas más peatonalizadas. Los peores datos de las grandes ciudades encuestadas son los de Palma de Mallorca (4%) y Madrid (4%)[/pullquote]
En Málaga (con un 9% de peatonalización, según la encuesta OCU) la emblemática calle Marqués de Larios y la plaza de la Constitución se peatonalizó el año 2001–2002. Supuso un antes y después del eje comercial del centro histórico de la ciudad. Hubo cierta oposición por parte de vecinos y algunos comerciantes, pero el éxito de esta medida —acompañada por la rehabilitación de edificios y modernización de los comercios— dio vía libre para seguir peatonalizando más calles adyacentes en el centro.
Otro ejemplo más reciente es el plan de peatonalización de algunas zonas de Madrid, como el entorno de Fuencarral. Ahora la oposición se centra en que el plan podría ser más ambicioso, e incluir incluso más calles y plazas.
En este sentido, parece que los beneficios de la peatonalización están más que asumidos por parte de los residentes y la opinión pública. Pero hay que mencionar que la mejora de una calle comercial también conlleva la atracción de grandes marcas y franquicias.
Una considerable subida de los precios del alquiler empujan los negocios locales a mudarse a calles menos concurridas. Un eje comercial puede atraer a más clientes en general, pero no siempre encuentran las tiendas de proximidad en las calles adyacentes.
[pullquote]El lema es humanizar las ciudades. Aunque el concepto ya lleva un tiempo circulando, parece haber calado de lleno con la pandemia. Queremos reconquistar nuestras calles[/pullquote]
También es un reto rediseñar el tráfico y ofrecer aparcamientos alrededor de las zonas peatonalizadas, además de abordar soluciones para los residentes con coche. Pero esto no parece parar la avalancha de planes y proyectos de peatonalización en nuestro país.
Las de la plaza Concepción Arenal y su entorno de Orense; la Plaza de España, de Las Palmas de Gran Canaria; el eje Mercado Central y la Explanada, de Alicante, y la Plaza de España de Cádiz son solo algunos ejemplos.
Todos siguen el lema de humanizar nuestras ciudades, remodelar nuestra ciudad a una escala más humana, priorizando espacios comunes donde andar y pasear a pie o en bici/patinete, incrementando las zonas verdes y parques infantiles.
En este espíritu, el Centro Nacional de Arquitectura y Diseño de Suecia (ArkDes) creó el proyecto Street Moves, que consiste en llenar las calles de módulos de mobiliario urbano para cambiar la manera en que utilizamos nuestras calles. La idea es involucrar a los propios residentes, facilitándoles un kit de módulos de madera que se pueden ensamblar, como si fueran piezas gigantes de lego, para crear parques infantiles, gimnasios al aire libre, jardines urbanos, espacios para reuniones sociales, puntos para recargar coches eléctricos o parkings de patinetes eléctricos.

El objetivo es involucrar los residentes en la remodelación de sus calles para cubrir sus propias necesidades. Street Moves empezó en algunas calles seleccionadas de Estocolmo, pero próximamente también se implementará en otras ciudades suecas.
El programa Parklet de la ciudad de San Francisco fue el predecesor, donde los restaurantes y bares pudieron sustituir la zona que ocupaba el aparcamiento por terrazas al aire libre. En realidad es un programa que empezó en 2010, cuando se facilitó a los propietarios de las tiendas, organizaciones comunitarias e instituciones sin ánimo de lucro ser sponsors de un parklet.
Un espacio público regenerado para que las personas pudieran relajarse, jugar, bailar, comer o leer, o simplemente observar un parque o estacionar la bici.

Paris siguió el ejemplo de permitir a la restauración ampliar sus terrazas en las calles durante la pandemia —incluso cerrando algunas calles al tráfico—, al igual que muchas otras ciudades europeas, incluyendo ciudades españolas como Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia. Medida acompañada de una reducción de las tasas correspondientes de las terrazas, e incluso eliminación de las mismas, para salvar nuestros bares y restaurantes.

También en San Francisco surgió el proyecto Slow Streets, que consistió en limitar el acceso de coches a las calles residenciales para crear espacios exclusivos para peatones y vehículos de micromovilidad. A través de una encuesta online, y en conversación con la comunidad, la Agencia Municipal de Transportes está analizando incluir más calles residenciales, evidenciado el clamor de los residentes por espacios comunes cercanos y de calidad. Simplemente cortando el tráfico a una calle puede ser el principio de una reconquista por parte de los ciudadanos.