Las fashion victims sepultadas bajo los escombros de Bangladesh

La Gran Vía, como cualquier gran avenida, es un repositorio de sueños y deseos alimentado, en parte, por la presencia de grandes marcas que hacen todo lo posible por proyectar su imagen desde sus lujosas fachadas. En sus escaparates cuelgan enormes fotos y maniquíes colocadas para aflorar las ansias de compra de los que pasan por allí. Su fisionomía está diseñada para seducir e intoxicar al humano hasta que alguien decide estropear la fiesta.
La desconexión entre la mano de obra que fabrica esta ropa a miles de kilómetros de aquí y la tienda rodeada de adorno donde se vende se vio temporalmente abortada la semana pasada. Durante 20 minutos y a plena luz del día, aparecieron una serie de mujeres con un atuendo cuidado sepultadas bajo los escombros de un edificio, como ya adelantó Huffington Post.
Entre los restos se podía divisar su ropa, tacones y accesorios que lucían inmóviles en sus cuerpos postrados. Había pasado poco más de un mes desde la tragedia de Bangladesh y la artista Yolanda Domínguez no estaba dispuesta a que este suceso pasara al olvido.
Fashion Victims es el nombre que utilizó para bautizar esta protesta silenciosa concebida para remover conciencias sobre las malas condiciones de trabajo que ocasionaron la muerte de más de 1.000 personas en el país asiático.

Las modelos escogidas eran blogueras de moda que, según la artista, son las abanderadas de la industria contemporánea. «Son las embajadoras contemporáneas de las marcas y la forma más actual que utilizan para publicitarse. Las escogí por el simbolismo y poder de influencia que poseen».
Ponerlas en el centro de la obra ha permitido a Domínguez llevar el debate al territorio de la industria de la moda para que tomen conciencia de las otras fashion victims. «Ha permitido que traten un tema del que habitualmente pasan totalmente por encima».
A la vez, dice haber recibido muchas felicitaciones de periodistas que, sin esta acción, no se veían capaces de meter el dedo en la llaga de lo que acababa de suceder en Bangladesh. «Me escribieron para decir que ellos no pueden decir mucho porque las marcas son las que esencialmente están financiando el periodismo, pero al ser la acción de un artista, les ha ayudado a poder tocar este tema tan delicado».
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Sorprendentemente, vistos los acontecimientos actuales en España, durante la acción la policía se acercó a ver qué estaba pasando pero optaron por no intervenir. «Ni siquiera tuve que explicarlo. Me preguntaron directamente si se trataba de una protesta por lo de Bangladesh y cuando les dije que sí me dijeron que lo entendían y que estaba en pleno derecho de realizarlo. No era la reacción que esperaba, desde luego».
La artista española ha recibido algunas críticas pero dice sentirse con la conciencia tranquila, aunque quede mucho por avanzar en esta materia. «Están en su derecho. Es el precio de no dedicarse a hacer objetos decorativos. Sigue habiendo gente que considera que el arte debería simplemente ser algo estético. Un cuadro bonito para colgar en la pared».
Durante una pequeña ventana de tiempo, Domínguez ha conseguido interrumpir el automatismo en el que estamos sumidos y a la vez hacer un llamamiento a la movilización ciudadana responsable. «Mientras en un lado del planeta la balanza toca el suelo atiborrada de objetos que alimentan el ego, en el otro extremo se desvanecen vidas a cada puntada: ellos sí son los verdaderos fashion victims. Marcas, diseñadores, bloggers, medios… El mundo de la moda no puede obviar los hechos y mirar hacia otro lado. Todos somos responsables de esa realidad, incluso los consumidores podemos transformarla eligiendo productos que respeten a las personas y al medio ambiente».
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Patrick Thomas

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