Laura llevaba años intentando convertirse en una versión mejorada de Laura, una empresa que, a juzgar por la cantidad de libros que había comprado para tal efecto, debía de ser considerablemente más complicada que convertirse en ingeniera aeronáutica.
Había aprendido que debía madrugar, meditar, escribir sus objetivos, abrazar la incomodidad, ordenar la casa, enfrentarse a sus miedos, dormir ocho horas, escuchar a su cuerpo, desconfiar de ciertos pensamientos y prestar más atención a las personas que quería. Algunas de estas recomendaciones presentaban pequeños problemas de coordinación. Para dormir ocho horas y madrugar había que acostarse pronto; para prestar atención a los seres queridos convenía no pasarse la tarde organizando cajones; y para escuchar al cuerpo era necesario que el cuerpo no estuviera diciendo: «Por favor, deja de levantarte a las cinco».






