¿Son realmente sostenibles los materiales de construcciones sostenibles?

Sostenibilidad es una palabra que lanzamos al aire igual que si fuera un avión de papel. Nos suena bien, pero no terminamos ni de entender su significado ni cómo funciona.

Sin conciencia ni eficiencia ecológica es difícil hacer del mundo un lugar sostenible. Un lugar que se pueda mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar graves daños al medio ambiente. La optimización de los medios que tenemos a nuestro alcance es clave para cuidar y proteger la Tierra. Un planeta que al exprimirlo y contaminarlo también nos lo hacemos a nosotros mismos. Somos, a la vez, verdugos, ahorcados, decapitados y electrocutados.

Muchos profesionales anónimos emprenden proyectos de investigación y fundan empresas que cuestionan la sostenibilidad de algunos materiales que hasta ahora les atribuíamos una eficacia y unos poderes dignos del Capitán Planeta.

Los paneles solares, los combustibles fósiles y las luces LED de itrio son materiales insostenibles, ineficientes y caros para Álvaro Beltrán, fundador de Onyx Solar, Primitivo Málaga, director general de GEBIO Energía, y Rubén Costa, científico y catedrático de la Universidad Técnica de Múnich

Para estos tres emprendedores, el vidrio fotovoltaico, la biomasa y las proteínas luminiscentes, respectivamente, sí son sostenibles, eficientes y rentables. La conexión del trabajo de los tres es una ciudad de edificios forrados de vidrio fotovoltaico, calentados por calderas de biomasa e iluminados por bombillas de proteínas luminiscentes. Para alcanzar esta visión les hace falta financiación y paciencia, dos variables que se escapan de su control.

Vidrio fotovoltaico

Más que apostar por los paneles solares, de los que hace falta un huerto solar del mismo tamaño que la ciudad a la que se pretende abastecer con energía fotovoltaica, Álvaro Beltrán y su socio, el doctor en Física Teodosio del Caño, creen que lo más sostenible, eficiente y rentable es que los edificios sean capaces de generar la energía que necesitan. Es decir, la mejor fotovoltaica es la integrada en los propios edificios. 

Por y para eso crearon su fábrica de vidrio fotovoltaico, Onyx Solar, para poder convertir los edificios en generadores verticales de energía. A esa propiedad hay que sumar la capacidad que tiene este tipo de vidrio de aislar térmica y acústicamente el edificio (de esta manera se necesita menos calefacción o aire acondicionado).

También permite el paso de luz natural y tiene en cuenta la estética ya que los hay de diferentes colores, tamaños y grosores, y presentan diferentes grados de transparencia (cuanto más transparente es el vidrio fotovoltaico, mayor es la entrada de luz natural al interior del edificio). 

La ciudad de vidrio fotovoltaico no existe; en cambio, sí han ejecutado más de 350 proyectos en 50 países. Desde Arabia Saudita hasta Chile, en concreto en Punta Arenas, en el extremo sur del país, no muy lejos de la Antártida, donde la radiación solar es muy escasa. La radiación solar es la que determina cuánta energía va a generar el vidrio fotovoltaico.

materiales sostenibles 1
Universidad Washington Seattle (Onyx Solar)
materiales sostenibles 2
Fachada – Coca Cola Mexico (Onyx Solar)
materiales sostenibles 3
Fachada Vialpen Rep Dominicana (Onyx Solar)
Fachada sede Bursagaz Turquía (Onyx Solar)
Lucenario McDonalds Orlando (Onyx Solar)
Lucernario Metro de Bilbao (Onyx Solar)
Pergola Samsung Singapur (Onyx Solar)

Biomasa

Primitivo Málaga, director general de GEBIO Energía (Gestión Energética de Biomasa) lanza un órdago desde Salamanca: «Es más ecológico comprar un abeto de Navidad que uno de plástico». Lo dice un defensor de los bosques, el mismo que repite mucho la palabra eficiente. Una cualidad que no tenían las viviendas que se construyeron en las décadas de los 70 y 80 del siglo XX, con unos sistemas de generación de energía a partir de combustibles fósiles, como el gasóleo y el carbón. 

Por aquel entonces, no se consideraban una amenaza las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) ni su impacto medioambiental. Tendencia que cambia en los 90 con la subida exponencial del coste de la energía al encarecerse el precio del petróleo. A partir de ese momento, se buscan combustibles o sistemas que reduzcan los costes de la calefacción y el agua caliente y que sean más eficientes. 

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Es en ese contexto en el que se empieza a trabajar y a demandar biomasa, un combustible que no emite dióxido de carbono a la atmósfera renovable y sostenible. La biomasa es la madera de los árboles de los bosques. España es el tercer país con mayor masa forestal de la UE, dice Málaga, a lo que añade, «el crecimiento anual de un 3% de los bosques se traduce en que tenemos un recurso propio que genera puestos de trabajo, fijación de población en zonas rurales, evita incendios cuando se trabaja en buenas condiciones, etc. Es un recurso que, además de aportar energía, aporta bienes sociales». 

Pellets (Gebio Energía)

A la pregunta de qué es lo que arde en las calderas de biomasa de GEBIO Energía, responde que madera cortada, preparada y valorizada. Es decir, tratada para convertirla en un biocombustible natural muy sostenible y eficiente: el pellet. Serrín compactado en forma de cilindros de entre seis y ocho milímetros de diámetro y de uno a cuatro centímetros de longitud, para que así aumente su densidad energética: 700 kilos por metro cúbico frente a los 300 de una astilla. «Muevo más energía a menor coste», dice Primitivo Málaga. Para que el pellet funcione correctamente, hay que quemarlo en calderas y sistemas muy eficientes para sacarle el mayor rendimiento posible y reducir las emisiones de dióxido de carbono.

 

Proteínas

Del calor de las calderas de biomasa a la luz de proteínas luminiscentes procedentes de seres marinos. Un viaje a medio camino entre el futuro y el fondo del mar. Un lugar en el que tres de cada cuatro animales generan su propia luz para poder comunicarse, cuenta Rubén Costa a sus alumnos de la cátedra que imparte sobre materiales biogénicos funcionales en la Universidad Técnica de Múnich.

Este químico de 37 años dice que no está inventando una nueva fuente de luz, sino que su idea es hacer el LED sostenible y saludable para nuestros nietos. Un LED que sustituya a ese que necesita itrio, un material finito que proviene de los meteoritos, buenísimo para luz y carísimo (unos 37.000 euros el kilo). 

Proteínas luminiscentes (Rubén Costa)

Para producir LED, este científico valenciano dice que se usan 20 kilos de toneladas de itrio al año. Esa insostenibilidad le hizo cambiar e investigar con otros materiales más sostenibles, como las proteínas luminiscentes. 

Los científicos tienen la idea de producir los materiales que necesitan para sus investigaciones en el laboratorio de manera artificial. Obtenerlos de animales no es sostenible, por eso cuenta que trabajan con bacterias, en bioreactores. Proteínas que cuestan unos 70 euros el gramo y de las que se necesita medio miligramo de las mismas para hacer un Bio LED. Proteínas que se han sacado del agua, donde son más estables, y se las han llevado a nuestros dispositivos LED a través de un puente que se han inventado y que son los polímeros. Las proteínas fluorescentes necesitan una pequeña cantidad de agua para producir luz. El resto de agua es exceso. 

Lo que Rubén Costa y su equipo hacen es reemplazar toda esa cantidad de más con un polímero que les permite usarlo para hacer tecnología. Para que las proteínas luminiscentes sean bombillas necesitan dos años de estabilidad. Por ahora han alcanzado 150 días de estabilidad.

Es turno de la fe en la ciencia o de ver y aprender cómo las plantas se autogestionan. A diferencia de nosotros, que muchas veces usamos tal cantidad de energía solo para desperdiciarla, las plantas sí saben optimizar el uso de los recursos del medio y lo hacen de forma eficiente.

Fotos por

portada: Samsung Singapur (Onyx Solar)

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Patrick Thomas

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