¿Qué ocurre cuando una diseñadora decide cuestionar un objeto que lleva siglos sin cambiar? Merche Alcalá ha pasado los últimos años obsesionada con una superficie, una estructura y un nombre: La Mesa #01. Frente a la crisis de atención que padece la sociedad actual, la diseñadora propone lo opuesto: ideas que se pueden tocar, que se sostienen y que, sobre todo, nacen de la irresponsabilidad de quien se niega a dejar de jugar.
Merche Alcalá no es una diseñadora al uso. Aunque su currículum hable de interiores y productos, ella se define como alguien que «baja las ideas a la tierra». Su proceso no empieza con un briefing convencional, sino con una pregunta casi infantil. ¿Por qué las cosas tienen que ser así? La Mesa #01 no es solo un mueble, sino una declaración de intenciones. Presentada ante el exigente público de Madrid Fusión, Merche Alcalá tuvo que buscar una frase que la protegiera de las críticas de los chefs más ortodoxos: «Si vosotros estáis rompiendo los límites de la gastronomía, ¿cómo es que no exigís romperlos en el mueble que sostiene vuestra obra?».

Esa fue la llave. A partir de ahí, la mesa dejó de ser un soporte para convertirse en una herramienta. «La mesa es una premisa, no un fin en sí misma», explica Alcalá. Su diseño busca romper la línea de flotación de lo cotidiano, obligando a que pasen cosas alrededor de ella. El hashtag #01 que acompaña al nombre es una promesa. «Es solo la primera aplicación de un sistema que permite jugar infinitamente».
Irresponsabilidad
Para la diseñadora, el secreto de la creatividad reside en mantener vivo un espíritu pueril, ese que se pasaba horas montando piezas de Lego. «He pecado siempre de ser muy infantil, pero eso me ha dado mucho juego», confiesa. Esa mirada le permite ser insolente con lo establecido. «Hay que ser irresponsable para cuestionar lo que tienes alrededor», afirma con rotundidad.


Después de colaborar estrechamente con perfiles del mundo de la publicidad, Merche Alcalá ha entendido que el espacio físico puede ser el mensaje más potente de una marca. No se trata de crear relatos que se difuminan en una pantalla, sino de generar experiencias espaciales. «El local o el objeto puede ser una de las patas de un producto. Lo que hacemos es experimentar espacialmente: bajar la idea y ponerla para que el usuario interactúe con ella de forma analógica, sin digitalismos», explica. Es creatividad sin prejuicios, donde el diseño se convierte en un motor de valor y beneficio real para las marcas.
Insistencia
El camino de La Mesa #01 no ha sido fácil. Su creadora habla de un proceso drástico y, a menudo, solitario. Sin grandes estructuras detrás, su motor ha sido la insistencia. «Piqué a un par de puertas, y la segunda la abrí sin avisar. Cuando te pones tenaz con lo que quieres hacer, acabas consiguiéndolo».
Esa tenacidad es la que ha convertido un esfuerzo que le ha costado «lágrimas» en una «luna de miel» creativa. Hoy, la mesa está ahí para ser tocada, usada y desafiada. Es el resultado de alguien que cree que se puede hacer todo lo que se ocurre, siempre que uno tenga la valentía de probar, fallar y volver a jugar.


Al final, la obra de Merche Alcalá recuerda que la mejor creatividad no es la que más grita, sino la que mejor se sostiene. La Mesa #01 es solo el principio, una invitación a sentarse en un mueble que, por fin, está a la altura de las ideas que se sirven sobre él.






