Para empezar el cuento de hoy hay que viajar hasta aquellos turbulentos años en los que Julio César repartía mamporros a diestro y siniestro por todo el mundo, acaparando países que anexionaba a su Imperio.  Uno de aquellos territorios invadidos fueron las Galias, cuyos habitantes de origen celta vestían unas curiosas prendas que horripilaron al gran Julio César.
Los pantalones nacieron siendo calzas, del latín vulgar calcea, y tan horrendos les parecían a los invasores romanos que acabaron prohibiendo su uso. Aquellas… prendas -no se atrevía el refinado emperador a llamarlas siquiera así- cubrían los muslos de manera más o menos holgada. Solo gentes tan bajas y rudimentarias como los salvajes galos serían capaces de llevar algo semejante como atuendo.
Pero cuando las tornas cambiaron y los invasores fueron expulsados, la prohibición cayó y las calzas volvieron a usarse. Su diseño variaba con los años y el paso del tiempo; sin embargo, el estigma de baja ralea con el que habían sido marcadas no desapareció y su uso se identificaba con campesinos y gentes de baja clase social. En nuestro idioma a las calzas se las conocía también con el nombre de bragas, calzones y greguescos  (o gregüescos).
[pullquote class=»right»]Los pantalones nacieron siendo calzas y tan horrendos les parecían a los invasores romanos que acabaron prohibiendo su uso[/pullquote]
Y así pasaron los siglos sin que los pantalones supieran que se llamaban de esa manera, hasta llegar al siglo XVIII, cuando la Comedia dell’Arte italiana conquistó los teatros. En aquellas comedias destacaba el personaje de un viejo mercader veneciano, avaro y libidinoso, que vestía unas largas calzas rojas. Vivía en el barrio de San Pantaleone o San Pantalón, en dialecto véneto, y de ahí tomó su nombre: Pantalone.
San Pantaleón, de quien los venecianos eran devotos, era el protector de la ciudad y su nombre procedía del griego (pantaleemon), que significaba «el que se compadece de todos». Pero otras versiones dicen que lo de Pantalone o Pantaleón del personaje podría venir del apodo con el que se conocía a los venecianos por todo el mundo, los pianta-leoni  (planta leones), por esa curiosa manía que tenían de erigir la figura del león de San Marcos, símbolo de Venecia, en todo territorio que conquistaban.
Mientras el viejo Pantalone hacía de las suyas en los teatros italianos, luciendo sin pudor sus calzas rojas, los franceses hacían su revolución y acababan con la nobleza, la realeza y sus refinados usos, implantando su liberté, égalité, fraternité a tutiplén. La moda del calzón corto hasta la rodilla que marcaba tendencia entre duques, condes y reyes cayó en picado y se impuso el uso de esas calzas largas a las que los franceses llamaron pantalon, como al personaje que las llevaba.
El prestigio de la moda francesa se encargó del resto y pantalon saltó a nuestro idioma como pantalón. Lo demás, sus estilos y sus modas, ya es otra historia.

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Yorokobu es una publicación hecha por personas de esas con sus brazos y piernas —por suerte para todos—, que se alimentan casi a diario.
Patrick Thomas

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