La paradoja de Newcomb, el dilema filosófico que desafía nuestra percepción del libre albedrío

¿Eres realmente libre al decidir o alguien ya predijo lo que harás?
paradoja de newcomb

La paradoja de Newcomb nos enfrenta a una de las preguntas más incómodas sobre nuestra propia autonomía: ¿somos verdaderamente libres al tomar decisiones o nuestras elecciones son predecibles? Este dilema filosófico, formulado originalmente por William Newcomb, no es solo un juego mental para filósofos con demasiado tiempo libre, sino una ventana a cómo entendemos nuestra propia racionalidad y libertad de elección.

Si crees que tus decisiones son completamente tuyas, quizás la paradoja de Newcomb te haga replanteártelo. Y no, no es porque un ser superinteligente esté leyendo tu mente ahora mismo (al menos eso esperamos).

El experimento que hace cortocircuito a tu cerebro

Imagina esta situación: frente a ti hay dos cajas. Una transparente con 1.000 euros visibles (llamémosla caja B) y otra opaca cuyo contenido desconoces (caja A). Un ser superinteligente llamado Omega, con una capacidad de predicción prácticamente perfecta sobre el comportamiento humano, te plantea dos opciones:

  1. Quedarte solo con la caja opaca (A).
  2. Llevarte ambas cajas (A y B).

Pero hay un truco. Si Omega predice que elegirás solo la caja A, habrá colocado 1.000.000 euros dentro. Si predice que serás avaricioso y tomarás ambas cajas, entonces la caja A estará vacía. Omega nunca se equivoca en sus predicciones, según su historial de aciertos perfecto.

Entonces, ¿qué eliges?

Aquí es donde tu cerebro empieza a echar humo, porque hay dos razonamientos perfectamente válidos que conducen a conclusiones opuestas:

Razonamiento 1 (Principio de Dominancia): Cuando tomas tu decisión, el dinero ya está o no está en la caja A. Si está el millón, tomar ambas cajas te dará 1.001.000 euros. Si no está, al menos te llevas 1.000 euros. En cualquier caso, tomar ambas cajas siempre te da 1.000 euros más. Lógico, ¿no?

Razonamiento 2 (Maximización de Utilidad Esperada): Como Omega acierta siempre, si eliges solo la caja A, obtendrás 1.000.000 euros, mientras que si eliges ambas, obtendrás solo 1.000 euros. Por tanto, deberías elegir solo la caja A.

Esta confrontación entre dos principios racionales de toma de decisiones es lo que hace que la paradoja de Newcomb sea tan fascinante y controvertida.

¿Por qué nos resulta tan difícil resolverla?

La paradoja desafía nuestras intuiciones más básicas sobre causalidad y libre albedrío. Por un lado, parece obvio que nuestras decisiones no pueden afectar a algo que ya ha ocurrido (el contenido de la caja). Por otro lado, si aceptamos que Omega puede predecir nuestra elección, entonces nuestra decisión sí determina indirectamente el contenido de la caja.

Parte de la confusión surge porque la paradoja cuestiona la relación entre nuestras decisiones y sus consecuencias de una manera que no encaja con nuestra experiencia cotidiana.

paradoja de newcomb

Las escuelas enfrentadas: evidencialistas vs. causalistas

En el mundo académico, esta paradoja ha dividido a los filósofos en dos bandos principales. Por un lado, encontramos la teoría de decisión evidencial. Los evidencialistas argumentan que deberías elegir solo la caja A. Su razonamiento es estadístico: dado que Omega predice correctamente, la evidencia sugiere que al elegir solo la caja A, maximizas tu ganancia esperada. Para estos filósofos, la correlación entre tu elección y la predicción de Omega es suficiente para justificar la elección de una sola caja, incluso si no entienden completamente cómo funciona esta correlación. Es como si dijéramos: «No sé cómo lo sabe Omega, pero lo sabe. Así que me conviene actuar en consecuencia».

Por otro lado, está la teoría de decisión causal. Los causalistas insisten en que deberías tomar ambas cajas. Argumentan que tu decisión no puede causar retroactivamente el contenido de la caja A, que ya fue determinado antes de tu elección. Según esta perspectiva, no importa cuán bueno sea Omega en sus predicciones; cuando llegas a decidir, el dinero ya está o no está en la caja. Tu elección actual no puede cambiar el pasado. Por tanto, siempre es mejor llevarse los 1.000 euros adicionales.

Esta confrontación entre causalidad y evidencia es lo que mantiene viva la paradoja.

Posibles soluciones que complican aún más las cosas

Algunos filósofos proponen que la paradoja se resuelve si consideramos que Omega no es un predictor perfecto, sino que tiene una precisión alta pero no infalible. En este caso, la estrategia óptima dependerá de cómo de preciso sea Omega.

Sin embargo, esto parece esquivar la esencia del problema. La paradoja es interesante precisamente porque Omega es (casi) infalible, lo que crea la tensión entre diferentes teorías de racionalidad.

Simon Burgess, entre otros filósofos, sugiere que la paradoja se puede resolver considerando las diferentes etapas del proceso de toma de decisiones y la capacidad del jugador para comprometerse con una estrategia antes de que Omega haga su predicción.

Este enfoque reconoce que quizás deberíamos separar lo que es racional y decidir lo que es racional hacer. Tal vez lo racional sea comprometerse a tomar solo la caja A, pero una vez frente a las cajas, lo racional sería tomar ambas.

¿Y si Omega es una proyección de ti mismo?

Una interpretación fascinante es considerar que Omega es una especie de proyección de tu propio proceso de toma de decisiones. Bajo esta luz, la paradoja nos invita a reflexionar sobre cómo nos entendemos a nosotros mismos y nuestras propias decisiones.

¿Eres el tipo de persona que tomaría una sola caja o ambas? Tu respuesta a esta pregunta puede revelar más sobre tu filosofía personal de lo que imaginas.

Las implicaciones filosóficas más allá del juego

La paradoja de Newcomb no es solo un acertijo intrigante; tiene profundas implicaciones para cómo entendemos conceptos fundamentales. Por un lado, la capacidad de Omega para predecir nuestras decisiones plantea preguntas incómodas sobre el libre albedrío. Si nuestras elecciones son tan predecibles, ¿hasta qué punto son realmente libres? Esta tensión recuerda al antiguo debate sobre el determinismo: si todas nuestras acciones están determinadas por causas previas, ¿tenemos realmente libertad de elección? La paradoja de Newcomb pone este debate en un contexto concreto y desafiante.

Por otro lado, también cuestiona qué significa realmente ser racional. ¿Es la racionalidad simplemente maximizar el beneficio esperado? ¿O implica seguir principios lógicos incluso cuando estos parecen conducir a resultados subóptimos? Lo fascinante es que dos aproximaciones racionales perfectamente válidas conducen a conclusiones opuestas, lo que sugiere que quizás nuestra concepción de la racionalidad es más compleja de lo que pensamos.

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Inteligencia artificial y predicción del comportamiento

En la era de los algoritmos predictivos y la inteligencia artificial, la paradoja adquiere una nueva dimensión. Los sistemas de IA actuales están cada vez más cerca de predecir nuestro comportamiento con una precisión sorprendente.

Si Google o Amazon pueden predecir qué vas a comprar antes de que tú mismo lo sepas, ¿estamos ya viviendo en un mundo donde existen versiones parciales de Omega? Y si es así, ¿cómo deberíamos relacionarnos con estas entidades que parecen conocernos mejor que nosotros mismos?

¿Por qué seguimos fascinados con esta paradoja?

Décadas después de su formulación, esta paradoja sigue siendo objeto de intenso debate en los campos de la teoría de decisión, la filosofía y la ciencia cognitiva. El hecho de que aún no se haya alcanzado un consenso claro sobre la solución correcta subraya los profundos problemas filosóficos y lógicos que plantea sobre la naturaleza de la racionalidad, la causalidad y la toma de decisiones.

Quizás su atractivo radica precisamente en que nos obliga a cuestionar supuestos fundamentales sobre cómo tomamos decisiones. Nos muestra que incluso en situaciones aparentemente simples, diferentes marcos teóricos pueden llevarnos a conclusiones radicalmente distintas.

O tal vez nos fascina porque, en el fondo, refleja una ansiedad muy humana: la tensión entre creer que controlamos nuestro destino y temer que nuestras elecciones sean predecibles o estén determinadas por fuerzas que no comprendemos completamente.

¿Y tú qué elegirías?

Al final, la paradoja de Newcomb nos deja con una pregunta personal: ¿cogerías una caja o dos?

Tu respuesta puede depender de múltiples factores: tu formación filosófica, tu intuición sobre la causalidad, tu tolerancia a la incertidumbre o incluso tu tendencia natural hacia la prudencia o la audacia.

Lo interesante no es solo qué elegiríamos, sino por qué lo haríamos. Las justificaciones que damos revelan nuestras asunciones sobre la racionalidad, la causalidad y la naturaleza de la elección humana.

Como todo buen dilema filosófico, la paradoja de Newcomb funciona como un espejo: al intentar resolverla, acabamos revelando más sobre nosotros mismos que sobre la paradoja en sí.

Y esa, quizás, sea su mayor virtud: no ofrecernos respuestas definitivas, sino mejores preguntas sobre quiénes somos y cómo tomamos decisiones en un universo que, a veces, parece desafiar nuestra comprensión más básica de cómo funcionan las cosas.

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