Hace apenas dos semanas un pene revoloteaba por todos los medios especializados en el mundo de los videojuegos. La aventura de supervivencia en mundo abierto Conan Exiles estrenaba en Steam una versión de prueba. No se habló de la interesante aproximación al universo de Robert E. Howard. No se subrayó la libertad del jugador, la interesante dirección de arte ni del diseño de personajes. Se destacó el pene de Conan.
Y la verdad, nada que objetar, su atributo es lo más grande (metafórica y literalmente) que puede brindar este título a la industria de los videojuegos. ¿Una afirmación exagerada? Teniendo en cuenta la deriva de la industria, quizá no tanto.
Obviando los juegos eroge, los experimentos de nicho y los rudimentarios píxeles que podrían servir igual para representar una verga que para encajar en un Tetris, el primer miembro viril apareció en las consolas de la mano de GTA IV: The Lost and Damned (expansión de 2009). Su inclusión hizo que pasara a ser no recomendado a menores de 18 años y, aunque no hay datos oficiales, todo hace pensar que esto no ayudó a la hora de vender. Desde entonces su productora, Rockstar, no ha incluido más desnudos que los femeninos.
En GTA V, por ejemplo, se puede ir a un club de streaptease, requerir los servicios de una prostituta e incluso darle una paliza después de que haya terminado sus quehaceres. Pero penes no, hasta ahí podríamos llegar. La esquizofrenia censora llega a tal extremo que en su versión online no se permiten nombres de usuario como Butterfly porque contienen la palabra butt (culo en inglés).
Otro juego reciente, The Order: 1886 se atrevió a retratar un falo de forma fugaz en una cinemática. Fue censurado en varios países dando como resultado una escena vergonzante en la que un tipo practicaba sexo con los pantalones puestos.
David Cage, uno de los creadores más reputados de la industria, sufrió la censura en carne propia con su juego Fahrenheit, del cual varios desnudos parciales fueron eliminados. Fue en este contexto cuando pronunció un duro discurso en una conferencia sobre el futuro de los videojuegos.
Cage denunció que los ejecutivos estaban ahogando la creatividad en su trabajo, y lo hizo ante un público mayoritariamente compuesto por ejecutivos. Dijo que el emperador era, irónicamente, el único que estaba desnudo en esta industria. «Ahora tengo a alguien sobre mi hombro revisando lo que escribo, diciendo “no, eso no es posible, tienes que cambiar eso”», se quejaba el creador, advirtiendo de la necesidad de incluir desnudos y dirigirse a un público más adulto mientras lanzaba una última pregunta a su auditorio: «¿Por qué algo que está bien para el cine o la televisión no lo está para un videojuego?».
No es que las cosas cambiaran mucho después de su discurso. Su siguiente proyecto, Heavy Rain, incluía desnudos integrales, masculinos y femeninos, que fueron debidamente censurados antes de salir al mercado.
Es en este contexto en el que aparece Conan Exiles. Mostrando con alegría el pene de su protagonista, los chicos de Fulcon han puesto el idem sobre la mesa. Han plantado cara al statu quo y han decidido tirar para otro lado, sacrificando las ventas para reforzar el argumento de su juego.
Puede parecer una afirmación absurda, pero no se trata sólo de introducir un falo (perdonenme la imágen quizá excesivamente gráfica) en una historia, sino de las consecuencias que esta decisión puede tener. Conan Exiles arranca con un personaje que debe sobrevivir en el desierto sin armas, armaduras, ni ropa. ¿Aporta algo en este contexto que muestre sus vergüenzas? Podríamos afirmar que sí.
Lo interesante de este juego es que no contiene un desnudo fugaz. En la obra de Fulcon podemos modelar el tamaño del atributo en cuestión, y en un principio nuestro personaje correteará por el desierto como Dios, o en su caso los dioses, lo trajeron al mundo. Este hecho, además de generar una publicidad impagable, ha convertido a Conan Exiles en el objeto de las críticas de los gamers más puritanos.
En una entrevista abierta con los usuarios de Reddit, los chicos de Fulcon defendieron la inclusión de desnudos masculinos con el siguiente planteamiento: «Discutimos la desnudez desde un principio y decidimos que era algo por lo que queríamos apostar. La customización [del pene] fue una evolución natural de esta decisión, especialmente cuando tenemos la misma opción para los pechos. Ya sabes, igualdad y todo eso».
Igualdad y todo eso. Una demanda justa, un pensamiento razonable que no encuentra cabida en la industria de los videojuegos. Echando un vistazo a los juegos mainstream de las grandes plataformas vemos un desfile de senos turgentes, camisetas a reventar y tangas minúsculos. Hay mucha carne pero sin ser demasiada, sin ser natural, sin aportar nada al juego.
Las mujeres se hipersexualizan y se convierten en la caricatura puritana de una estrella porno. Los hombres lucen músculos pero bien tapados, perpetuando la imagen de macho alfa. Es una deformación extrema de lo que pasa en el mundo del cine. Esta situación se explica cuando echamos un vistazo al público de los videojuegos.
A pesar de que muchas encuestas pregonen la presencia de jugadores cada vez más adultos (la media está en 35 años) y de un público cada vez más femenino (un 48% según los últimos cálculos) estas se hacen computando los juegos de móvil que tiene un público mucho más heterogéneo. Ahí está Celia Villalobos para demostrarlo.
Sin embargo, el núcleo duro de los gamers, aquellos a los que apela Playstation con su eslogan «para vosotros, jugadores», sigue siendo eminentemente masculino y joven. Un público con las hormonas revolucionadas y la censura en su contra por temas de edad.
Otro dato a tener en cuenta es que Japón tiene un peso determinante en esta industria, tanto en su papel de desarrollador como en el de consumidor. La mentalidad nipona es mucho más conservadora que la americana y está a años luz de la europea. Nadie quiere arriesgarse a perder a los menores de 18 y a los japoneses, que suponen una parte enorme del público objetivo.
Conscientes de esta realidad, las productoras huyen del temido PEGI 18, así que censuran sin pudor, o con exceso del mismo, todo atisbo de carne que vean. Bueno, no todo: pueden verse cuerpos destrozados, mutilados y ensangrentados, pero mostrar uno sano, de una pieza y sin ropa está prohibido.
Las tetas valen, las tetas abundan, las tetas están por doquier. También hay tríos, orgías, prostitutas, violaciones, strippers… pero es enseñar un pene o, en menor medida, una vagina, y la gente se vuelve loca. Así que optan por meter mucho sexo pero sin que se vea el sexo. El resultado es tan eróticamente deprimente como una película del destape vista con la nocturnidad y alevosía propias de un asesinato al buen gusto.
La alergia a los penes en la industria de los videojuegos va más allá de lo meramente creativo, en ocasiones puede suponer el cierre de un proyecto. Eso fue lo que les pasó a los chicos de Lego en uno de los casos más curiosos del mundillo. «Una historia divertida: nos pidieron hacer un un detector de pitos para Lego Universe. Descubrimos que era del todo imposible, a cualquier escala». La desarrolladora de videojuegos Megan Fox realizó estas declaraciones en su Twitter hace unos años. Al final la historia no era tan divertida y fue uno de los motivos que precipitaron el cierre de su plataforma digital y un montón de despidos.
Lego Universe dejaba al usuario crear un mundo a medida. El problema es que si dejas a los usuarios que construyan lo que quieren van a montar penes y eso los productores no están dispuestos a asumirlo. «Los costes de moderación eran un problema serio en general, querían un MMO de construcción creativa con la promesa de ver cero penes», continuaba Fox en Twitter.
Lego tenía problemas porque no conseguía que sus usuarios gratuitos pasaran a ser de pago, y en este contexto la empresa decidió invertir mucho dinero en tener un equipo de cazadores de penes, que iban comprobando las creaciones de todos los usuarios. Según Fox, este era el más caro de los costes operacionales y dio margen a sus competidores (con el exitoso Minecraft a la cabeza) para que perfeccionaran su sistema de juego y mejoraran la experiencia de usuario, prestando menos atención a otros detalles menores.
El caso de Lego Universe no deja de ser una anécdota, pero puede acabar resultando paradójico, retratando de forma casi caricaturesca a una industria que prefiere hundirse antes de que un pene asome tímidamente por la esquina. Y esto pone de manifiesto que algo está mal en el mundo de los videojuegos.
El pene, después de todo, no es lo relevante en esta historia. Pero es la cabeza de lanza (nunca mejor dicho) de argumentos más maduros, de temas más difíciles, que la industria difícilmente abordará cuando tiene en mente arrasar entre un montón de adolescentes. Afortunadamente tenemos el falo de Conan para recordarnos que las cosas pueden ser de otra manera.
[…] Cómo el pene de Conan puede mejorar el mundo de los videojuegos […]
Curiosamente, todos los vídeos de jugones que he visto aparece un casto taparrabos y una venda no tan casta. ¿Han claudicado?
Cuando apareció Lara Croft, junto con la decisión de que debía ser mujer, el objeto era jugar con sus «curvas», nunca terminar de enseñar. El público sería varón y ese tipo de juegos en realidad nunca llegaba a enseñar nada…, hasta que cometieron el error de ser explícitos. Este género no es compatible con ser explícito, a mi juicio. Creo que va a ser un error.
[…] a los videojuegos para hablar de la importancia de los penes. Sí. En Yorokobu nos cuentan cómo el pene de Conan puede mejorar el mundo de los videojuegos. Y de paso hablan de […]
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Funcon no Fulcon y la polla no es de Conan en sí.
«David Cage, uno de los creadores más reputados de la industria,»
Mmmm… No. Ni de coña. En serio, pero que no, no, no, nivel gif de Michael Scott.
Por otro lado, todo lo que sea normalizar las sexualidades al mismo nivel que hemos normalizado matar cosas, estará bien.
Me gusta los penes mostrado como hombre macho