Cada noche, en las calles de Barcelona, cajeros, bancos, soportales y esquinas más o menos tranquilas sirven de refugio para cerca de mil personas. Arrels Fundació lleva desde 1987 acompañando a estas personas sin hogar en su camino hacia la autonomía. Tienen sede en el barrio barcelonés de El Raval y su último proyecto experimental es un piso de 80 metros cuadrados diseñado para que el proceso de salir de la calle y volver a tener un hogar sea lo menos traumático posible. Se llama Pis Zero, está en el casco antiguo de Barcelona y ha sido finalista en los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo de este año.
El proyecto es un trabajo coral diseñado por el estudio catalán Leve_projects en colaboración con Arrels Fundació y la Escuela de Diseño Elisava. El Pis Zero se ha ideado como un espacio flexible y adaptativo, amable y con la suficiente calidez e intimidad como para que avanzar en los primeros escalones hacia la recuperación sea una senda lo menos pedregosa posible.
La idea surgió hace tres años en las aulas de la Escuela de Diseño Elisava, en Barcelona, donde Eva Serrats, Adrianna Mas, Francesc Pla y Daniel Cid ejercían de docentes. Pis Zero nació como un ejercicio teórico, una idea abstracta sin mayor recorrido que el de la asignatura a la que pertenecía.
El tránsito hacia la realidad arrancó cuando Arrels Fundació recibió la cesión de un piso por parte del Ayuntamiento de Barcelona. La idea se trasladó al estudio (Leve_projects), donde se ha estado puliendo durante dos años hasta la semana pasada, cuando Pis Zero empezó a recibir a sus primeros visitantes. «De momento no tenemos feedback. Es muy pronto», explican Eva y Arianna a Yorokobu.
El vestíbulo, denominado Ágora, se ha concebido como un espacio de encuentro entre el voluntario y el habitante temporal que llega cuando empieza a anochecer. Un banco, una fuente, algo de comer y conversación. En el Ágora, proporcionan al visitante tres elementos de autonomía: un colchón, una manta y un candil portátil que ofrece la posibilidad de desplazarse por el piso sin dependencia de las luces generales.
Una sala diáfana sirve de dormitorio con espacio para nueve personas. Esta Sala Grande está formada por camastros de madera que se extienden por todo el espacio y que los propios visitantes eligen libremente como lugar donde desplegar su colchón. Del techo cuelgan unas persianas que sirven de mínimo elemento de intimidad y recogimiento.
Para aprovechar las horas en las que el piso está desocupado, los camastros se convierten por la mañana en mesas y asientos, transformando así el dormitorio en aula o espacio de reunión polivalente, destinado a la formación de voluntarios y a la realización de visitas de carácter docente.
Las diseñadoras reconocen que no fue fácil darle forma a una idea en donde, además de encontrar soluciones a un proyecto con un presupuesto muy ajustado, había que tener en cuenta aspectos psicológicos muy complejos. Los expertos de Arrels Fundació fueron claves. «En las reuniones previas al ejercicio se trabajó mucho la forma de acercarse a este colectivo», explica Eva.
La fórmula elegida fue un piso de baja exigencia. «Se trata de un lugar donde se suavizan las normas habituales de los servicios sociales (los perros no pueden entrar, prohibido fumar, obligatorio ducharse, por ejemplo). Arrels Fundació hace que esas normas no sean una barrera. Se trata de invertirlo todo: el ‘cumple las normas y te daré esto’ se cambia por ‘te doy esto primero y luego trabajamos juntos el acostumbrarnos a estas normas’».
El trabajo psicológico es esencial. Dentro del colectivo de las personas sin hogar hay un grupo que rechaza la ayuda, bien porque ya ha encontrado un espacio propio en la calle, bien por razones más profundas. «Son individuos que han ido cayendo en la escala social, perdiendo cosas paulatinamente. El hecho de que tú les ofrezcas algo, en vez de convertirse en una ilusión, les supone un rechazo porque está directamente asociado a la posibilidad de volverlo a perder», cuenta Eva. «No es fácil que den el paso para volver a tener un techo».
¿Y cómo se hace un interior de una casa de baja exigencia? ¿Cuáles son los elementos de interiorismo mínimos necesarios para cumplir el objetivo que se demanda? «Entre los aspectos vitales estaban la climatización, la renovación de aires y la iluminación», dice Adrianna. «El tema del aire era importante, porque muchas veces no vienen aseados y el piso tampoco está pensado para que se duchen (sólo hay una ducha y se usa en casos puntuales). Colocamos un tubo que cruza todo el piso y que, además de climatizar y hacer circular el aire, ofrece la iluminación general. El candil personal ofrece una iluminación más íntima».
Las obras duraron cinco meses —ningún cambio drástico en la estructura del piso— y en ellas colaboraron muchos voluntarios. «La lista de créditos es enorme. El piso es un inmenso collage de aportaciones, donde unos han pintado, otro nos han dado las maderas, la instalación eléctrica, las luces, el inodoro, etc.».
En cuanto a la organización interna, el sistema de camastros móviles permite que la transición de dormir en la calle a volver a una casa se haga de manera gradual. Por eso no hay nada parecido a un dormitorio. «Se ha intentado huir de lo típico: que se te asigne la cama número 8. Hemos creado un espacio sin pinta de dormitorio, donde cada persona recibe unos elementos mínimos de autonomía (colchón y candil) y compañía, y puede empezar a volver a sentir el calor de un hogar», explica Eva. «En este sentido, Arrels Fundació está alejada totalmente del tono caritativo. En cambio, han desarrollado un protocolo muy humano de cómo relacionarse con la gente de la calle, utilizando la conversación como herramienta principal para empezar a trabajar».
Pis Zero acaba de dar sus primeros pasos en El Raval de Barcelona y el objetivo es que la misma idea pueda reproducirse en otros lugares. De momento, el trabajo de Leve_projects ha pasado por el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) y se ha metido entre los finalistas de los premios FAD en la categoría de Ciudad y Paisaje.
«Sabíamos que, estando en esa categoría, no íbamos a ganar», reconoce Eva. «Pero nos presentamos así en términos de provocación. No buscábamos ser el mejor o el peor proyecto de interiorismo, sino más bien que se entendiera como proyecto de ciudad».
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