Las radiografรญas en la URSS servรญan para bailar Rock & Roll

radiografiฬas
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En la URSS, bailar con desenfreno ritmos como el jazz, boogie-woogie o rock&roll podรญa provocar roturas de caderas o de huesos. Si eso sucedรญa, ningรบn problema: con la radiografรญa de la rotura, se fabricaba un disco y a bailar de nuevo.

Durante la รฉpoca comunista, los ritmos occidentales, las canciones de mรบsicos populares que hubieran huido del paรญs o no fueran lo suficiente adictos al rรฉgimen, no eran bien vistos.

Distribuir o radiar esas mรบsicas no estaba permitida y ser sorprendido con ese tipo de material podรญa provocar ciertos problemas con las autoridades. Sin embargo, eso nunca fue un impedimento para los amantes de la mรบsica, que idearon todo tipo de subterfugios para hacerse con los discos de sus artistas favoritos.

Ademรกs de la introducciรณn de esos discos de contrabando, los aficionados del bloque comunista encontraron la forma de duplicar de manera rudimentaria pero eficaz las grabaciones extranjeras.

A falta de materiales semejantes a los de los discos de verdad, los aficionados del Este eligieron las radiografรญas como soportes para esas mรบsicas y, desde finales de los 40 hasta mediados de los aรฑos 60, dicho material permitiรณ que artistas como Little Richard, Duke Ellington, Elvis Presley o Bill Halley sonasen detrรกs del Telรณn de Acero.

Como las radiografรญas estaban hechas de materiales fรกcilmente inflamables, los hospitales tenรญan la costumbre de destruir pilas y pilas de ellas cada aรฑo. Por lo que se ve, no resultรณ muy complicado conseguir que algunos de esos cientos de radiografรญas usadas fueran a parar a manos de los fabricantes de esos discos en lugar de a un vertedero.

Para facilitar su colocaciรณn en los tocadiscos, las radiografรญas demasiado grandes eran recortadas a mano con tijeras, dรกndoles una forma circular. El agujero del centro se conseguรญa quemando el plรกstico con un cigarrillo. Despuรฉs se colocaba en la mรกquina de grabaciรณn y con una aguja mรกs profunda que la que se utilizaba para reproducirlos, se iba haciendo el surco.

Lo precario del proceso obligaba a que cada disco tuviera que ser generado a tiempo real. De esta forma, si se querรญan conseguir diez copias, la canciรณn se debรญa hacer sonar otras tantas veces para hacer que la aguja surcase otras diez radiografรญas.

A pesar de lo laborioso, los fabricantes de estos discos tenรญan una considerable capacidad de producciรณn, suficiente como para satisfacer la demanda de sus compradores, jรณvenes conocidos como stilyagi, que pagaban por los discos precios de un rublo o medio rublo por unidad.

Tambiรฉn existรญa una tabla de equivalencias que determinaba cuรกntos discos se podรญan conseguir a cambio de una botella de vodka u otros productos y, algunas piezas, las mรกs deseadas, como discos de Elvis Presley, podรญan llegar a costar el salario de un mes.

Las transacciones se hacรญan de manera clandestina en lugares apartados. Sin embargo, con el tiempo, hubo determinadas zonas de las ciudades en las que era pรบblico y notorio que se vendรญa este tipo de material, popularmente conocido como bones o ribs (ยซhuesosยป o ยซcostillasยป, aunque con su correspondiente palabra rusa, claro). A pesar de esta manga ancha por parte de las autoridades, los vendedores preferรญan mantener la cautela, y era justamente en las mangas de sus abrigos donde guardaban los discos para no levantar sospechas.

Segรบn el realizador Stephen Coates, responsable del documental X-Ray Audio: The Strange Story of Soviet Music on the Bone, los vendedores podรญan llegar a portar encima alrededor de 50 unidades de estos discos. Veinticinco en cada manga, doblados alrededor del brazo.

La oferta era muy variada y abarcaba gรฉneros como el jazz, el boogie-boggie, la mรบsica gitana o los primeros discos de rock and roll. El sonido, evidentemente, no era bueno pero sรญ lo suficiente como para poder escuchar la mรบsica y disfrutarla. Cuando el ruido de fondo era muy elevado, siempre se podรญan negociar rebajas o mejores condiciones en la compra.

En ocasiones, las autoridades no se mostraban tan comprensivas con esta situaciรณn y decidรญan actuar contra estos duplicadores de discos. En esos casos, ademรกs de confiscarles las grabaciones y los equipos para fabricarlas, los llevaban ante la justicia, que podรญa dictar penas que llegasen a los dos y tres aรฑos de prisiรณn. Segรบn esos tribunales, si ya era malo fomentar la escucha de esa mรบsica imperialista, sacar beneficios con su venta suponรญa ser poco menos que un cerdo explotador.

Con frecuencia, la propia policรญa o personas entregadas a la polรญtica del partido (que siempre hay gente muy dispuesta) ponรญan en circulaciรณn discos en radiografรญas en los que, tras unos segundos de mรบsica, se cortaba la canciรณn y comenzaba un mensaje amenazante que intentaba amedrentar o concienciar al oyente de que lo que estaba haciendo iba contra la moral del buen comunista.

A pesar de todos esos intentos mรกs o menos serios por acabar con ellos, el รฉxito de estos discos durarรญa hasta mediados de los aรฑos 60. La apariciรณn de las cintas de casete permitiรณ que la duplicaciรณn de las grabaciones de mรบsicos occidentales fuera mรกs sencilla y barata, que se pudiera hacer de manera semi industrial en grandes cantidades, que cupiera mucha mรกs mรบsica y que el sonido tuviera infinitamente mejor calidad que las radiografรญas.

Esta resistencia cultural no sรณlo se dio en el campo de la mรบsica. Los ciudadanos de los paรญses del Este tampoco tenรญan libre acceso a las pelรญculas occidentales. Tanto es asรญ que en la Rumanรญa de Ceaucescu se creรณ todo un mercado negro de duplicaciรณn y distribuciรณn de pelรญculas VHS con รฉxitos de Hollywood (principalmente cintas de Chuck Norris o Stallone), que eran dobladas al rumano de forma clandestina por una mujer, Irina Nistor, que ponรญa voz a todos los personajes.

El documental Chuck Norris contra el comunismo de la realizadora Ilinca Calugareanu, explica toda esa historia, pero resulta tan apasionante, que es mejor reservarla para otra ocasiรณn.

5 Comments ยฟQuรฉ opinas?

  1. La escena de Stalin en Berlin (de la superproducciรณn soviรฉtica ยซLa Batalla de Berlรญnยป) es de absoluta ciencia-ficciรณn: Stalin jamรกs dejรณ Moscรบ o su dacha de las afueras durante la guerra. Gracias por el artรญculo, muy interesanteโ€ฆ y gracias por el extraordinario vรญdeo de Cab Calloway, lo mejorcito del swing de los 30s-40s.

  2. [โ€ฆ] Vinyl [โ€ฆ]

  3. [โ€ฆ] conocer con exactitud cรณmo se origina, lo cierto es que en los cincuenta comenzรณ a popularizarse grabar sobre placas de rayos X los sencillos musicales, una canciรณn por cara. Luego, en el tocadiscos de casa, la juventud [โ€ฆ]

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