Existen tres elementos en la conciencia de cualquier mexicano que inevitablemente provocan en cualquiera de ellos regurgitaciones de sentimiento patrio: Uno es un águila, otro un nopal, y el tercero una serpiente. Esos fueron los tres entes vivos que, según la mitología prehispánica, debían hallar los nómadas mexicas para fundar su ciudad: México-Tenochtitlan.
Esas mismas tres formas, pasados los siglos, supieron cómo sobrevivir a colonialismos y actualizaciones históricas, y acabaron orgullosamente plasmadas en la actual bandera nacional. Sin embargo, existe una duda razonable que muchos mexicanos desconocen acerca de la existencia de esos elementos en la versión mitológica. Al menos, en cuanto a su disposición e importancia en la tricolor. ¿Realmente fue una serpiente el animal que atrapó el águila en mitad de la laguna donde se levantó la Ciudad de México?
Algunos historiadores opinan que nunca existió tal serpiente, que esta fue añadida al símbolo tras la llegada de los colonizadores españoles. Otros dicen que la serpiente sí procede de los textos, dibujos y esculturas de estos pueblos arcaicos americanos; Incluso están los que dicen que aquel reptil, en realidad, era otro pájaro que el águila atrapó sobre el cactáceo ubicado en aquel lago.
El doctor Patrick Johansson, investigador y profesor de lengua náhuatl en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), puede resolver algunas dudas acerca de esta vieja polémica:
«Todo depende del códice con el que se mire», zanja la cuestión el académico, «pero sí es cierto que lo importante en del escudo de México no es la serpiente. Lo realmente fundamental, en lo que coincidimos todos, es en el águila y el nopal. Es decir, el lugar central de esta historia no está reservado al águila que devora la serpiente, sino al tenochtli, el corazón-semilla de Copil, del cual nace la ciudad».
Johansson es radicalmente contrario a la idea de que la serpiente la trajesen los europeos. «Además de la tradición oral de la mitología sobre la fundación de México, existen representaciones en las que aparecen todos esos elementos. Así que podemos afirmar rotundamente que no fueron los colonizadores quienes la aportaron», explica. Algunos ejemplos iconográficos como los recopilados por el experto en Mesoamérica Alfredo López Austin presentan águilas devorando serpientes provenientes de culturas mesoamericanas más antiguas que los mexicas.
«La Leyenda se sostuvo en el tiempo de forma oral y en legua náhuatl», prosigue el doctor. Según ésta, fue Huitzilopochtli, diosa y líder de los nómadas nahual que buscaban un territorio donde asentarse, quien manifestó a su pueblo el imperativo de que marcharan en busca de esa tierra prometida. Fernando de Alvarado Tezozómoc, un historiador indígena que escribió el mito en castellano casi un siglo después de la conquista española, la plasmó de la siguiente manera:
Aquí se dice, se declara cómo llegaron, entraron los ancianos que se llaman, se nombran Teochichimeca.
Gente de Aztlan, Mexitin, gente de Chicomoztoc, que vinieron a buscar tierras, vinieron a merecer tierras aquí en el antiguo altepetl, la ciudad de Mexico Tenochtitlan, lugar de fama, lugar de ejemplo, donde está el tenochtli, en medio de las aguas, donde el águila se yergue, donde el águila grita, donde
el águila se extiende, donde el águila come, donde la serpiente se destroza, donde el pez nada, donde el agua verde y el agua amarilla se juntan, donde el agua hierve, allí su esfuerzo vino a ser conocido, en medio de los juncos, en medio de la cañas, en este lugar se reunieron, en este lugar se esperaron las diversas gentes de los cuatro rumbos. Allí llegaron, se establecieron los trece Teochichimeca ,miserablemente se establecieron cuando llegaron.
Según esta traducción, la escena del águila devorando a la serpiente no está descrita tal y como se dibuja actualmente en la bandera. Sin embargo, los distintos códices pictográficos que representaron el mitológico suceso varían en cuanto a esta disposición de los elementos. «He ahí la clave de por qué existe polémica respecto al asunto», afirma el profesor.
«Existen cuatro códices donde se puede analizar: el códice Aubin, el Durán en Mendocino y el Manuscrito Tovar. Cada uno está hecho en una época y cada uno hace una representación parecida, pero no idéntica», prosigue.
«Por ejemplo en el de Aubin y en el Durán sí que aparece la serpiente atrapada por el águila entre sus garras y su pico, sin embargo, ésta no está en el códice Mendocino. Y en el caso del Manuscrito Tovar lo que está siendo devorado por el águila no es un reptil, sino otro pájaro».
Según la explicación del experto «se admite generalmente que la serpiente, ofidio relacionado con la tierra y el agua, es un principio opuesto al águila solar y se ve por tanto desgarrada en el acto fundacional». «Sin embargo, si consideramos el valor que tiene el cascabel con la serpiente del mismo nombre, asociado a la fecundidad, al maíz, el hecho de que el águila la tuviera en el pico podría tener un sentido simbológico distinto».
En definitiva, según el maestro, «no es tan relevante si era serpiente o no para la historia de la fundación de México», aunque puede, para sorpresa de más de uno, que no lo fuera. «Todo depende de pequeñas interpretaciones en la traducción del mito, que no deja de ser una explicación bella, pero mitológica, de cómo se fundó la Ciudad de México», da por cerrado el asunto.
* (Imágenes de Códices originales cedidas por el doctor Johansson)