¿Te gusta La teoría del Big Bang aunque odias las risas enlatadas? No estás solo.
Las risas enlatadas quieren manipularte para que te rías aunque no quieras. Esto lo sabías. ¿Y sabías que pueden hacerte ver una escena inocente como una escena turbia? En La Teoría del Big Bang encontramos un ejemplo con Sheldon como protagonista.
RISAS, SÍ; RISAS, NO
Los defensores de las risas enlatadas alegan que resaltan los momentos cómicos y cubren los silencios para mantener la atención del espectador.
Los que aborrecen las risas enlatadas aducen que son artificiales e insultan a los espectadores: «¡El espectador sabe lo que es un chiste!» Hay quién se ha molestado en calcular cuántas carcajadas hay por frase en La teoría del Big Bang.
Los que escribimos y analizamos guiones sabemos que una sitcom diálogos rápidos y con apenas silencio no necesita risas enlatadas (30 Rock, Community, Raising Hope).
LAS RISAS TE MANIPULAN CONTRA TU VOLUNTAD
El resplandor se reconvierte en comedia negra, gracias a las risas, en el montaje El resplandor al estilo Seinfeld. Pero esto no es nuevo: muchos de nos hemos reído con películas de terror «serias». (Las spoofmovies —películas de parodias— han ayudado a desacreditar el género).
LAS RISAS PUEDEN ALTERAR TU PERCEPCIÓN DE LA INOCENCIA
Más difícil es utilizar las risas para hacer que la percepción de una escena pase de inocente a inquietante. Esto ocurre en el episodio El algoritmo de la amistad, de La Teoría del Big Bang.
En este episodio, Sheldon quiere comprar libros que le enseñen a tener amigos, y habla con una niña que lee.
El diálogo que mantienen los dos personajes es inocuo.
Sheldon es un niño grande: juega con trenes de madera y lee libros infantiles. Su acercamiento a la niña es inocente, pero las risas enlatadas —comunes, pero malévolas en contexto— dicen: “Sheldon habla como lo haría un pederasta”. Sabemos que Sheldon no haría daño a una mosca, pero ¿lo saben los vigilantes del centro comercial? Nos reímos porque pensamos que podría ser tomado por un monstruo. Somos algo malvados.
La llegada de Leonard remarca las risas: «No mires a las cámaras», dice empujando a Sheldon fuera del centro comercial. Una escena impensable en una sitcom de otra época.
En otro tiempo, las referencias a la violencia contra menores —incluso sutil— se daban en géneros «serios» de televisión (y desde luego en el cine y la literatura). La sitcom clásica era blanca; los problemas se reducían a malentendidos con la familia, la pareja o los amigos, pero se eludían temas turbios o escabrosos.
CUANDO LA COMEDIA ERA BLANCA
La escena de La teoría del Big Bang trae a la memoria El mayor y la menor (1942), film de argumento delirante: Ginger Rogers finge tener doce años para pagar medio billete de tren. Durante el trayecto conoce a un oficial del ejército que la invita a pasar la noche en el mismo coche-cama. La película superó la censura del Código Hays sin problemas. Y sin duda, los espectadores de entonces no encontraron nada turbio en la amabilidad del personaje interpretado por Ray Milland.
En la escena de La teoría del Big Bang, Sheldon representa la irrealidad, la comedia blanca. Leonard representa la mirada del espectador moderno, la realidad que irrumpe en la pantalla, y salva a Sheldon de ser malinterpretado. En medio, los espectadores que ríen porque han sido inducidos por las risas enlatadas. La irrupción de Leonard, paradójicamente la irrupción de la realidad, nos ayuda a seguir dentro de la comedia. No somos tan malos, y nos habría resultado difícil reírnos de Sheldon en la comisaría confundido con un delincuente sexual. Adoramos a Sheldon porque no es de este mundo.