
Lo peor de estar en un lugar, es dejar aviso de que se ha pasado por ahí. Desafiar a la fugacidad que supone la propia existencia tiene, en muchos casos, algo de inevitable, pero también de innecesario. Somos poco o casi nada, en el gran engranaje universal y muchos, muchísimos, son más necesarios que nosotros. Por eso, ¿qué necesidad hay de dejar constancia e impacto en la naturaleza de nuestro devenir? Ramón Verdugo recorre los entornos rurales descubriendo que, de alguna, manera, hemos estado en cada sitio.
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Yo estuve ahí (Fotokobu)
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