
Lo peor de estar en un lugar, es dejar aviso de que se ha pasado por ahí. Desafiar a la fugacidad que supone la propia existencia tiene, en muchos casos, algo de inevitable, pero también de innecesario. Somos poco o casi nada, en el gran engranaje universal y muchos, muchísimos, son más necesarios que nosotros. Por eso, ¿qué necesidad hay de dejar constancia e impacto en la naturaleza de nuestro devenir? Ramón Verdugo recorre los entornos rurales descubriendo que, de alguna, manera, hemos estado en cada sitio.
El contenido completo de este reportaje, en Fotokobu.
Yo estuve ahí (Fotokobu)
Artículos relacionados
30 de noviembre de 2025
Un herbolario para personas curiosas
28 de noviembre de 2025
Fluid, un ‘dive bar’ en el que no hace falta bajar al sótano
28 de noviembre de 2025
El regalito del viernes: Volver a casa huele a Navidad
27 de noviembre de 2025
Así desata el Black Friday la tormenta química perfecta en nuestro cerebro
Misma categoría

Sobre nosotros
Yorokobu es una publicación hecha por personas de esas con sus brazos y piernas —por suerte para todos—, que se alimentan casi a diario.

